Zen del ciclista urbano: Meditaciones de Sandro Cohen-Primera Parte

Después de pasar horas sentado en una oficina o un coche, llega el momento en que es inminente el deseo de estirar las piernas y sentir la libertad de una bicicleta. Sandro Cohen compila 85 meditaciones en su nuevo libro, Zen del ciclista urbano. De este texto te presentamos 10 meditaciones para cualquier ciclista, experto o principiante, que se enorgullezca de subir todos los días a su bicicleta. Les dejamos las 5 primeras:

Meditación número 1:

1

Obedecer a la presión del reloj es ceder a la tentación de la muerte. La mejor defensa del ciclista es no querer ganarle a nadie. Que la vida de todos fluya, cada quien en su respectivo carril. Si el tiempo apremia, sal con 15 o 20 minutos de anticipación. Si es demasiado tarde para eso, considera que es mejor llegar tarde que no llegar.

Meditación número 3:

2

No veas al peatón como una molestia que debas esquivar cuando atraviesa la avenida. Trátalo con respeto porque el día de mañana estará detrás de un volante, y tú seguirás en el sillín de la bicicleta.

El lugar privilegiado de todo peatón es la acera. No la invadas a menos que te bajes de la bici y camines junto a los demás peatones. Un ciclista a toda velocidad sobre la acera no solo es un peligro para los de a pie —y para él mismo—, sino que también asusta, y este susto después se convertirá en ira y, posteriormente, en desprecio.

No seas tu peor enemigo: gánate al peatón. Es tu mejor aliado en la causa a favor de una ciudad más humana, menos máquina de combustión interna.

Meditación número 8:

3A todos nos gusta deslizarnos sin tener que aplicar los frenos; nos encanta doblar la esquina casi sin esfuerzo, pasar de un lado a otro de la bocacalle sin interrumpir el fluido mecanismo de corazón, pulmones, piernas y espíritu. Pero si algo obstruye tu visión —un edificio, un camión, un árbol, un anuncio, un autobús, un puesto de periódicos— y no puedes estar perfectamente seguro de que no venga nadie atravesando la bocacalle, sean peatones o vehículos automotores, no sigas. Punto. Debes frenar. Cuando estés seguro de que el camino está libre, procede. Si tú no puedes ver lo que viene, imagina lo peor, porque el que viene tampoco puede verte a ti. Todo esto puede afirmarse en cinco palabras: si no ves, no vayas.

Meditación número 16:

4Durante los crepúsculos matutino y vespertino hay que prender las luces. Nunca serán demasiadas. Algunos afirman que es preciso parecerse a un arbolito navideño cuando andamos de noche por las calles de la ciudad. ¡De acuerdo! No temas hacer el ridículo. Lo importante es que te vean, o cuando menos que no puedan ignorarte. Yo uso tres luces en mi casco: una, blanca, que ve de frente y que parpadea; otra en la parte de alta del casco, que parpadea en blanco y rojo, y otra roja, fija, en la parte posterior. Asimismo, traigo una potente luz roja parpadeante detrás de mi mochila, y otra, que también parpadea, debajo del sillín. Tal vez la más importante sea el faro de dos mil lúmenes que ilumina mi camino por delante. Con él veo perfectamente el estado de la superficie hasta a 30 metros de distancia, y lo más importante: los vehículos que salen de calles laterales me ven a mí, y me respetan. Es muy fácil perderle el respeto a un ciclista que apenas se ve. Pero si viene un árbol de Navidad rodante, puedes estar seguro de que se detendrá el conductor que desea incorporarse al flujo del tránsito, aunque sea para admirar el espectáculo.

Meditación número 18:

5Cualquier ejercicio físico requiere agilidad. De esta sencilla verdad no se aleja el ciclismo. Con excesiva frecuencia encontraremos obstáculos en nuestro camino: piedras, vidrios rotos, baches enormes y pequeños, grietas horizontales y verticales (estas, las que van en el mismo sentido que tú, son las más peligrosas, pues agarran o encarrilan la llanta delantera), basura de toda índole, cajas y bolsas de contenido misterioso y hasta rieles de tranvías y ferrocarriles extintos. Aprende a saltar estos obstáculos cuando es posible (rieles horizontales, pequeños baches y grietas), rodearlos cuando es necesario y detenerte si no hay de otra. Pero ojo: si rodeas el inconveniente, debes haber confirmado antes que no estás exponiéndote al peligro de chocar contra coches, ciclistas o peatones a tu izquierda y derecha. Todo esto requiere agilidad mental y física, la cual a su vez requiere práctica. Y, como bien dice el dicho, la práctica hace al maestro.

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