Transatlántico, de Colum McCann

La casita estaba a orillas de un lago. Ella oía el viento y la lluvia azotar la superficie infinita del agua, sacudir los árboles y abrirse paso entre la hierba.

Empezó a levantarse muy temprano, antes incluso que los niños. Era una casa que valía la pena escuchar. Ruidos extraños en el tejado. Al principio imaginó ratas correteando sobre las tejas de la pizarra, pero no tardó en descubrir que eran las gaviotas, que sobrevolaban la casa y dejaban caer ostras sobre el tejado para romper las conchas y abrirlas. Pasaba por las mañanas, sobre todo, y algún que otro anochecer.

Primero dejaban escapar un sonido metálico, luego las conchas rebotaban mudas antes de tintinear tejado abajo hasta caer rodando en la hierba crecida manchada de cal.

Cuando la concha caía de punta se abría enseguida, pero si caía de lado no había manera de que se rompiera: se quedaba allí tirada, artefacto por explotar.

Las gaviotas se abalanzaban acrobáticas sobre las conchas rotas. Con el problema del hambre temporalmente resuelto, volvían a alejarse hacia el agua batiendo las alas, escuadrones de azul y gris.

Y al poco las habitaciones iban desperazándose, ventanas y armarios y puertas que se abrían, y el viento que llegaba del lago y empezaba a rondar por la casa.

Extracto de Transatlántico, de Colum McCann.

Transatlántico

Transatlántico, de Colum McCann, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Seix Barral.

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