‘Te daba por muerto’, la conmovedora historia de un hombre y su perro

El invierno de 1998, a finales del siglo XX, en una pequeña ciudad universitaria junto al río Conneticut, en el exterior de una casa lo suficientemente cercana a las vías del ferrocarril como para que hubiera que estar poniendo derechos los cuadros de las paredes constantemente (aunque nadie se hubiera molestado en hacerlo jamás), Paul Gustavson, habiendo bebido un poco de más, se quitó el guante de la mano derecha, lo sujetó bajo la axila del brazo izquierdo y buscó las llaves de casa en el bolsillo del pantalón.

Estaba cayendo una fuerte nevada, lo que significaba que las quitanieves estarían dando la murga toda la noche, limpiando las calles. Eran los primeros días de marzo. Paul tendría que darle a la pala por la mañana, un favor que le hacía a la propietaria, que vivía en el piso de arriba y que no le había subido la renta desde hacía años en parte gracias a este tipo de gestos amables. El ansias de su vecino ya habría acabado de despejar su propio camino de entrada, habría esparcido sal, habría puesto arena y probablemente lo habría secado con un secador de pelo antes de que Paul saltara de la cama. A Paul no le importaba quitar la nieve con la pala, aunque cuando vivía en Minneapolis, siendo un muchacho, ya había retirado suficiente como para que le valiera para toda la vida. Tenía que estar en el aeropuerto a mediodía para coger un vuelo a Twin Cities, un vuelo que no habría sido necesario si hubiera estado a lo que había que estar. Algunos días eran mejores que otros. 

-Estoy en casa -dijo Paul, entrando y cerrando rápidamente la puerta para que no se colara el frío. 

-Te daba por muerto -dijo Stella. Era un ejemplar mestizo, medio pastor alemán, medio labrador amarillo, pero en el aspecto dominaba la última raza. Afortunadamente, también había adquirido la personalidad de la vertiente familiar del labrador, tomando de los alemanes sólo cierta elegancia congénita y un fuerte sentido de la protección, aunque al haber sido el ejemplar omega de su camada eso sólo significaba que con frecuencia se ponía pesada.

-¿Otra vez? Que no estoy muerto.

-Alegría infinita -dijo secamente. Stella no tenía sentido de la permanencia y, por tanto, daba por sentado que Paul se moría cada vez que lo perdía de vista, o cuando no lo oía o no lo olía-. ¿Cómo ha ido la noche?

-Fui al Bay State a escuchar un poco de música y unos blues -dijo Paul. La cabeza le dio vueltas cuando se inclinó para rascarle a Stella tras las orejas, haciendo soñar su collar.

-¿Te das cuenta de que sólo eres ligeramente menos rutinario que un gato?

– No hace falta que insultes. ¿Quieres dar una vuelta o qué?

-¿Una vuelta? Sí. Estaría bien ir a dar una vuelta. ¿Hace frío ahí fuera? Si hace malo no quiero salir.

-No existe el mal tiempo le dijo Paul-. Sólo la ropa mala.

Extracto de Te daba por muerto: una historia de amor, de Pete Nelson.

te daba por muerto portada

Te daba por muerto: una historia de amor, de Pete Nelson, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Booket.

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