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“ENTREVISTA” CON MURAKAMI

Una lectura que te permitirá  saber todo lo que has querido preguntarle al autor japonés más famoso del siglo XX

Haruki Murakami rompe el silencio y comparte con sus lectores en De qué hablo cuando hablo de escribir publicado en el sello Tusquets, qué significa para él escribir novelas, reflexiona sobre la literatura, sobre la imaginación, los premios literarios, su vida como lector y sobre la, en ocasiones controvertida, figura del escritor.

“Me gustaría transmitir esa sensación a mis lectores en la medida de mis posibilidades, abrir una ventana nueva en sus corazones y permitir así que entre el aire fresco. Ese es el pensamiento y el deseo que me guían todo el tiempo mientras escribo. “

De qué hablo cuando hablo de escribir de Haruki Murakami, es su obra más reciente traducida al español. Como si el lector abriera el diario del autor japonés, podrá conocer su paso por la universidad, la apertura de su negocio, su gusto por el béisbol, los Beatles, cómo y cuándo decidió convertirse en escritor y crear “el estilo Murakami”.

“Cuando alguien compra un libro que ronda los dos mil yenes, no esconde en ese hecho propósito alguno. Lo único que hay es (creo) una voluntad sincera de leerlo, una expectativa. Es un gesto que agradezco de corazón a todos mis lectores”.

Haruki Murakami  (Kioto, 1949) es uno de los pocos autores japoneses que han dado el salto de escritor de prestigio a autor con grandes ventas en todo el mundo. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri, el Franz Kafka o el Jerusalem Prize, y su nombre suena reiteradamente como candidato al Nobel de Literatura. En España, ha merecido la Orden de las Artes y las Letras, concedida por el Gobierno español, y el Premio Internacional Cataluña 2011. Tusquets Editores ha publicado doce de sus novelas —entre ellas la aclamada Tokio blues. Norwegian Wood y Los años de peregrinación del chico sin color—, las personalísimas obras De qué hablo cuando hablo de correr y Underground, así como cuatro volúmenes de relatos: Sauce ciego, mujer dormidaDespués del terremotoHombres sin mujeres y El elefante desaparece.

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Un delicioso paseo por la literatura y el universo de uno de los autores más leídos de nuestro tiempo.

Al filo de la infancia y al margen de la vida adulta yace un singular “Juego de Niños”: Guido Tamayo

Fernando padece una rara enfermedad que le provoca gigantismo, fuertes migrañas, lo avejenta prematuramente y limita la motricidad de sus piernas, por lo que vive confinado al apartamento de la familia con quien su madre lo dejó encargado para partir «en busca de mejores oportunidades». A pesar de su encierro, gozará del mundo exterior gracias a la narración diaria de las correrías de Lucho y Miguel, sus hermanos adoptivos, y descubrirá el deseo por medio de Isabel, la bella adolescente del servicio doméstico. Cuando la tragedia se cierne sobre los jóvenes (¿Accidente? ¿Crimen? ¿Suicidio?) se vuelve evidente que todos los claroscuros de la condición humana caben entre esas cuatro paredes.

En palabras de Juan Villoro, Guido Tamayo «retrata con cambiantes perspectivas al grupo disfuncional por excelencia: la familia», en éste su libro “Juego de Niños”.

Disfruta un pequeño extracto de su primer capítulo; Miguel:

“Miguel

Recuerdo que eras un niño envejecido, Fernando, un niño viejo. Tu cuerpo era enorme y en tus manos abiertas cabía con  holgura una cabeza humana. De hecho, a veces jugabas con nuestras cabezas, las cabezas de tus hermanos: las tomabas, las movías de una mano a otra como peloticas y te reías. Nosotros también reíamos hasta que nos sacudías muy fuerte sin darte cuenta y entonces nos quejábamos y acababa el juego. Tenías un tronco extenso que lucía más seguro cuando estabas sentado que cuando caminabas inclinado y oscilante como un simio. Tus piernas eran largas, frágiles y dobladas como serpentinas que se aferraban con vacilación al mundo. Eras un niño avejentado, tenías el pelo cano con apenas unos pocos años, la frente arrugada y el semblante serio y, sin embargo, a veces soltabas una risa delirante, abierta y fácil que te hacía parecer feliz. Y sí, lo eras de alguna extraña manera.

Eras un niño gigante, Fernando, parecías un niño tonto, pero no lo eras. Las canas te daban dignidad. Eras un niño añoso, un niño sabio. Conocías muchas cosas que nosotros desconocíamos. Por ejemplo: hacer crucigramas, ninguno de nosotros lograba acabar uno, ni uno solo; no teníamos esa paciencia que a ti te desbordaba. Por ejemplo: sabías un montón de palabras que sacabas del diccionario y que usabas las pocas veces que hablabas y que no siempre entendíamos. Más aún, había algo que solo tú sabías, ¿cómo fue tu muerte?

Mas no solo te admirábamos por esas cosas que sabías y que para nosotros eran tan solo enigmas, también te apreciábamos por tu silencio. Eras un ser callado y no porque tu forma de hablar fuera confusa, tu dicción enrevesada y eso te cohibiera, sino porque te resguardabas bien tras el silencio: era tu territorio, la zona en que más confiabas. En consecuencia, evitabas las palabras, las usabas únicamente para resolver tus crucigramas, para solicitar algo, para asentir o negar; de resto, tu mutismo era inviolable. Cuando caminabas producías un ruido tenue como si tus pies fueran de lana. Procurabas pasar desapercibido, pero el titubeo, el arrastre al andar, a veces te delataban. Al principio pensamos que nos espiabas con ese vagar imperceptible por el apartamento. Llegamos a desconfiar de ti, pero muy pronto supimos que tú no eras sino un ser sumido en el silencio; que no querías fisgonear nuestro comportamiento, sino que en ocasiones transitabas por el espacio del apartamento con la necesidad de poseer una geografía breve pero propia: un pasillo, un par de salones y unas cuantas habitaciones por mundo. La calle estaba vedada para ti”

Juego de niños

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Una obra singular sobre el rito de paso en que la infancia se extingue para convertirse en el incendio que definirá la vida adulta. Con cambiantes perspectivas, retrata al grupo disfuncional por excelencia: la familia.

Juan Villoro

Las obsesiones del horror mexicano contadas por Antonio Ortuño: “Agua corriente”

Estos cuentos cortos y ruidosos han sido descritos como eficaces relámpagos, como metáforas del violento horror mexicano, como críticas de la realidad política, pero sobre todo, como hazañas formales de un escritor que ya tiene un estilo inconfundible. En esta recopilación, el que sin duda es uno de los autores más corrosivos de la literatura mexicana presenta al lector un grupo de personajes contradictorios, siempre cambiantes, siempre en ebullición, que si algo tienen en común es su tendencia a rebelarse ante el nefasto destino que va a devorarlos, y la facilidad con que dan un paso en dirección del asombro y otro hacia la carcajada. El fracaso del machismo tal como lo entendemos y la ridícula altura de muchas aspiraciones colectivas son dos de los temas que recorremos con inmensa velocidad, precisión y sarcasmo en “Agua corriente”, de Antonio Ortuño.

En este nuevo libro de Ortuño podemos apreciar un diverso panorama de las obsesiones y cuestionamientos que el propio autor ha desplegado a lo largo de su obra.

Te compartimos los primeros párrafos de Ars Cadáver, uno de sus cuentos intermedios:

“Ars Cadáver

–Es una pieza notable– dice Ugo con vocecita arrogante de connoisseur–. Míralo: es un zapato que encontré en el metro Partenón. Pertenecía a una chica que se arrojó al paso de los vagones cuando supo que no había conseguido plaza en la Universidad. ¿Notas la mancha púrpura en la suela? No, por supuesto que no es sangre, la sangre estaría negra a estas alturas y apestaría. Es acrílico rojo para figurar sangre, es mi toque, ese toque que Éctor no agrega, porque él exhibe las cosas tal como las encuentra,  ¿verdad?

Éctor está cruzado de brazos y ofrece un gesto mínimo de fastidio. Es tan delgado como Ugo y resulta arduo diferenciarlos debajo de sus sombras de rímel y sus estrechos ropajes color cobre. Debería distinguirlos, Ugo es mi hermano y Éctor sólo su socio y hace pocos meses que vive en el Taller. Pero no suelo distinguir a los habitantes del Taller en más categoría que quién tiene senos y quién no.

–En cambio– refuta Éctor, y me doy cuenta que lo hace como un nuevo movimiento en el ajedrez de una discusión que antecede mi llegada–, esta calzaleta la encontré en un lugar no especificadoe. No sé a quién pertenece ni me interesa si fue usada por un pie femenino o uno infantil. Es un objeto en sí mismo, un orbe cerrado al que sólo podemos espiar por la ranura de un compartimento.

–¿Decidiste ponerla en el compartimento?–inquiere Ugo, trabados los dientes y alarmada la voz.

–¿Un lugar no especificado? –digo yo, que soy un poco lento de reacciones.

–No especificado. Jamás diré dónde encontré la calzaleta, porque la estaría cargando de anécdota y despojándola de su individualidad en cuanto a objeto. Y sí, la meteré en el compartimento y tendrán que verla por medio de un telescopio.

–¿Telescopio? ¿Cómo puedes…?

Alguien abre la puerta de madera con violencia, y su cuerpo esquelético anuncia que es Hana, actriz consumada, y su ropa color cobre agrega que es administradora del Taller y novia de Éctor.

–Éctor va a meter la calzaleta al compartimento. Y además va a usar el telescopio –denuncia Ugo en cuanto la ve, con premeditado acento bélico.

Pero a Hana le estremece los hombros un ligero temblor y curva una de sus manos hacia el rostro con ademán desolado.

–Vengan al congelador, vengan, por favor vengan. Húrsula está muerta.”

Agua corriente

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En Agua corriente podemos apreciar un diverso panorama de las obsesiones y cuestionamientos que Ortuño ha desplegado a lo largo de su obra.

Confrontación con el pasado y tragedia en cada paso dentro de los “Zapatos italianos” de Henning Mankell

Fredrik Welin, médico retirado, vive solo y alejado del mundo en una isla junto a la costa sueca; pero su reclusión voluntaria se ve perturbada un día por la llegada de un antiguo amor al que abandonó en el pasado. Se trata de Harriet, quien, gravemente enferma, ha venido a pedirle que cumpla una antigua promesa de juventud: llevarla a una laguna del norte del país. Con su presencia, Harriet saca a Fredrik de la apatía en que éste vive sumido y es el detonante para que él se decida a saldar viejas cuentas con su pasado. Entre otras, el terrible secreto que lo alejó de la profesión y por el que decidió huir del mundo, o el conocimiento de Louise, la hija que Harriet tuvo de él y cuya existencia le había ocultado. Los vínculos que se establecen entre padre e hija mientras cuidan de Harriet durante su lento y doloroso final ayudarán a Fredrik, al tiempo que expía su propia culpa, a recuperar la capacidad de vivir sin esconderse de la realidad.

“Zapatos italianos”, de Henning Mankell, es un emocionante relato de un hombre sacudido por la tragedia al que le ha llegado el momento de afrontar su propio pasado.

Disfruta sus primeros párrafos:

“Primera parte: El hielo

Siempre me siento más solo cuando hace frío.

El frío del exterior me hace pensar en el de mi propio cuerpo. Me veo atacado desde dos frentes. Pero yo no dejo de oponer resistencia contra el frío y contra la soledad. De ahí que, cada mañana, salga a cavar un agujero en el hielo. Si alguien me observase desde la helada bahía con unos prismáticos, creería que estoy loco y que lo que hago es preparar mi propia muerte. ¿Un hombre desnudo en el gélido frío invernal, con un hacha en la mano cavando un agujero en el hielo?

En realidad, tal vez sea eso lo que espero, que un día haya alguien ahí fuera, una negra sombra que se recorte contra la inmensa blancura que me rodea, que me mire y se pregunte si llegará a tiempo de intervenir antes de que sea demasiado tarde. Pero no necesito que nadie me salve, puesto que no tengo intención de suicidarme.

Hace años, cuando la gran catástrofe, la desesperación y la ira se apoderaban de mí con tal violencia que, en alguna ocasión, sopesé la posibilidad de acabar con mi vida. Pero jamás lo intenté. La cobardía ha sido siempre para mí una fiel compañera. Entonces, como ahora, pensaba que la vida consiste en no cejar. La vida es una frágil rama que se mece sobre un abismo. Y seguiré colgado de ella tanto tiempo como yo mismo resista. Después me precipitaré al fondo, como todos, y no sé qué me espera. ¿Habrá algo sobre lo que caer o no existirá nada más que una oscuridad fría y dura precipitándose hacia mí?”

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El emocionante relato de un hombre sacudido por la tragedia al que le ha llegado el momento de afrontar su propio pasado.

La gastronomía mortal de la ‘Honorable Sociedad’: “La Mafia se sienta a la mesa”, de Jacques Kermoal y Martine Bartolomei

Pocos saben que los «padrinos» de la Mafia preparan los menús de sus ágapes con el mismo esmero que sus crímenes. Ya desde sus comienzos, la Honorable Sociedad se ha reunido en torno a los manteles para festejar aniversarios o éxitos, urdir estrategias o poner fin a los días de algún miembro de la Familia. En “La Mafia se sienta a la mesa”, escrito por Jacques Kermoal y Martine Bartolomei, se describen las comidas que ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa, como la organizada para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsella en 1860 o la que celebraba la «toma» del Bronx por Maranzano. Así, entre bocado y bocado, los nombres de Mussolini, Roosevelt, Churchill y Sinatra se mezclan con los de Don Vito, Calogero Vizzini o Lucky Luciano en este suculento libro que, para satisfacción de los gourmets, ofrece los menús, las recetas y los vinos de los festines mafiosos más relevantes.

“La Mafia se sienta a la mesa”, de Jacques Kermoal y Martine Bartolomei, un libro que deleita por igual a gourmets y amantes de la historia de la ‘Honorable Sociedad’.

Aquí te compartimos algunos de sus párrafos iniciales:

“Garibaldi, los tíos y el banquete de Messina (1860)

A principios de la primavera de 1860, Palermo estaba en ebullición. La tempestad nacionalista se desencadenaba de norte a sur y envolvía en los pliegues de la bandera verde-blanca-roja, con el escudo de la Casa de Saboya, al Piamonte, Lombardía, Venecia e Italia central, incluidas la Toscana y Emilia. En los salones de la capital siciliana, donde los bailes y las recepciones se habían reanudado como cada año con la vuelta del buen tiempo, sólo se hablaba de cómo ese mercenario barbudo que había pasado de comerciar con animales a participar en la revuelta romana contra el Papa en 1848 acababa de poner su espada al servicio de Víctor Manuel, antiguo rey del Piamonte y nuevo rey de Italia. Estos vientos de cambio recibían el nombre de Risorgimento, es decir, resurrección, y su demiurgo era Giuseppe Garibaldi. En Palermo eran conscientes de que al líder de la causa nacionalista se le había metido entre ceja y ceja desembarcar en la costa de Sicilia, y de que el Borbón que reinaba en el reino de Nápoles y de las Dos Sicilias no tardaría en hacer sus maletas y abandonar la corte napolitana para volver a la España de sus ancestros. Por otra parte, el tal Francisco era un rey fantasma. Hacía mucho tiempo, casi cinco años por lo menos, que sus recaudadores de impuestos y sus funcionarios eran encontrados degollados en los fosos de los bastiones de la Casbah o en las encrucijadas, con los cuerpos decapitados apoyados contra los pedestales de los crucifijos seculares.

Sólo algunos príncipes, duques o barones encanecidos, envejecidos al servicio de los Borbones, seguían atreviéndose a declararse partidarios de ese pequeño bufón español, por temor a perder los desmedidos privilegios que el Tratado de Viena de 1738 les había concedido. Sin embargo, para la mayoría de la gente lo único que de sicilianos tenían esos príncipes envejecidos y esos carcamales eran sus blasones y los palacios donde, algunas veces al año, daban suntuosas fiestas. Los príncipes Lampedusa y Alliata, el duque Paterno di Carcari, los barones Tasca, La Motta y Cammerata sabían perfectamente que ese año se quemarían en sus fiestas las últimas salvas de esos felices tiempos en que la pequeña burguesía venía a besarles las botas en lugar de dirigir, en calidad de generales, un ejército de desarrapados que gritaban <<¡Viva Italia!>>”

Disponible en librerías y tiendas en línea a mediados de septiembre de 2016.

PORTADA La mafia se sienta a la mesa

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Un libro que deleita por igual a gourmets y amantes de la historia de la “Honorable Sociedad”.

La atracción hacia lo extraño de Ricard Solé en “La lógica de los monstruos”

¿Hay alternativas a la naturaleza tal como la conocemos?

 

Se diría que la mente humana carece de límites a la hora de imaginar monstruos y formas de vida que se apartan de la norma: seres fabulosos como sirenas, cíclopes y toda clase de alienígenas pueblan las historias de ficción.

La naturaleza tampoco se queda corta a la hora de desafiar las fronteras de lo posible: hay animales que parecen plantas, organismos que se coordinan para crear superindividuos o calamares gigantescos que pululan en el fondo de los océanos; este libro explora la atracción que los seres humanos sentimos por lo extraño al tiempo que analiza por qué la evolución prefiere ciertas formas, pautas y estructuras y no otras.

En un fascinante recorrido que nos lleva por las sendas de la cosmología, la neurolingüística, la antropología cultural o la inteligencia artificial, Ricard Solé nos invita a pensar en “La lógica de los monstruos” no sólo por qué <<todo>> -la mente, el lenguaje, la configuración molecular de la vida, la ley de la gravitación, los múltiples universos cuánticos o la creatividad artística- es como es, sino también si otros mundos y formas de vida podrían (o podrán alguna vez) haberse dado.

Te compartimos un pequeño fragmento de sus páginas introductorias, el cual lleva por título ‘Lo esperable, lo inesperado’:

“Introducción; Lo esperable, lo inesperado

¿Cuántas piernas tendría un extraterrestre? ¿Cuántos ojos? Si pudiéramos viajar a un planeta distinto del nuestro, ¿encontraríamos vida en él?, ¿sería ésta totalmente incomprensible, basada en una lógica imposible de descifrar?, ¿existirían organismos o, en su lugar, una sopa de moléculas indiferenciada? ¿Habría enfermedades contagiosas?, ¿sería posible la inmortalidad?, ¿descubriríamos formas de vida dotadas de conciencia? La lista de preguntas que podríamos plantearnos es casi inacabable. El arte, el cine y la literatura han expandido el horizonte de nuestro mundo real y lo han enriquecido con su creación de criaturas únicas con cabezas extra, cuerpo de humano y cola de pez, un solo ojo o múltiples brazos.

Los monstruos, en definitiva, nos han acompañado a lo largo de nuestra historia evolutiva y constituyen una parte esencial del legado cultural de todas las civilizaciones. San Jorge matando al dragón, Ulises enfrentándose al cíclope o un extraterrestre con boca retráctil encerrado con siete tripulantes humanos en una nave espacial de la que nadie puede escapar. Y no olvidemos a los monstruos de feria, que definen a su vez otra dimensión de lo imaginario: la mujer barbuda, el gigante, el hombre con piel de lagarto o las siamesas unidas entre sí se encuentran cerca de una delgada línea que separa el mundo real del universo literario: de algún modo existen como productos posibles de la imaginación, aunque a la vez nos desconcierte su aparente imposibilidad”

Disponible a partir del 16 de septiembre en http://corta.me/logicamonstruos y en librerías.

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Una sugerente invitación a repensar la naturaleza desde la diferencia.

El alma humana al desnudo en “La hierba roja”: Boris Vian

El ingeniero Wolf y su ayudante, el mecánico Lazuli, construyen una máquina del tiempo gracias a la que Wolf pretende, mediante el retorno a su infancia, conjurar todos los errores y todas las obsesiones que le habían acosado entonces. Sólo exorcizando aquellas sombras estará, cree él, en condiciones de recuperar la facultad de gozar de los fugaces instantes de felicidad que le brinda la vida. Pero todos sabemos que los inquisidores no aceptan semejantes audacias y quién sabe si Wolf conseguirá sobreponerse a ellos. Esta es tal vez la novela más intimista y menos burlesca de Vian, y muchas de las situaciones remiten sin duda a su vida personal. No obstante, a la ternura que inspira esta historia, a la vez dolorosa y patética, Vian no puede dejar de añadir, como siempre en toda su obra, la desbordante fantasía y la lúcida insolencia que otorga a personajes e historias esa mágica y contagiosa vitalidad que atrapa de principio a fin a sus lectores de ayer y de hoy, más que incondicionales adictos. Sigue leyendo El alma humana al desnudo en “La hierba roja”: Boris Vian

Complejidad, pasión, asesinatos en serie; un relato detectivesco de Sue Grafton: “X de rayos X”

Una mujer adinerada contrata a la investigadora privada Kinsey Millhone para que actúe de intermediaria y haga llegar a otra persona, casualmente un preso recién puesto en libertad, cierta cantidad de dinero. Sin embargo, cuando ya ha cumplido el encargo, e incluso ya ha cobrado por él, Kinsey empieza a descubrir que, tal vez, nada es lo que parecía. No bien empieza a investigar más sobre la misteriosa mujer, debe atender otro asunto: la viuda de Pete Wolinsky, el detective protagonista de “W de whisky,” le pide ayuda con cierto papeleo burocrático; entre los documentos, Kinsey encuentra un listado de números aparentemente incomprensibles, y de inmediato querrá lanzarse a descifrarlos. Todo ello, además del robo de un cuadro perpetrado décadas atrás, acabará poniéndola en el punto de mira de alguien peligroso. Alguien siniestro. Alguien letal, que no deja rastro de sus crímenes. En su nuevo caso, Kinsey Millhone juega a múltiples bandas, ignorando hasta qué punto está metiéndose ingenuamente en la boca del lobo.

“X de rayos X” (Tusquets), escrita por la popular Sue Grafton, se revela como una novela de detectives, la cual narra con maestría un caso complejo y apasionante en torno a un asesino en serie.

Aquí te dejamos un extracto de su primer capítulo:

“1

Mi vida profesional se encontraba en el mismo estado, cosa que siempre es preocupante cuando tu sustento económico depende únicamente de ti. Trabajar por cuenta propia tiene sus pros y sus contras. La parte buena es la libertad. Puedes ir a trabajar cuando te plazca, volver a casa cuando te apetezca y vestir como se te antoje. Si aún te quedan facturas por pagar, puedes aceptar un nuevo trabajo o rechazarlo. Tú decides. La parte mala es la incertidumbre: unas veces estás hasta el cuello de trabajo, mientras que otras no te llega ni un encargo, situación que no todo el mundo es capaz de sobrellevar.

Me llamo Kinsey Millhone. Soy investigadora privada y propietaria de la agencia Investigaciones Millhone. Soy mujer, tengo treinta y ocho años, me he divorciado dos veces y no tengo hijos. Y así pienso seguir mediante el uso escrupuloso de las píldoras anticonceptivas. Pese a la escasez de nuevos clientes tenía una porrada de dinero en el banco, por lo que podía permitirme estar de brazos cruzados hasta que volvieran a encargarme algún caso. Mi cuenta corriente había engordado gracias a la cantidad inesperada de dinero que me cayó del cielo hacía unos seis meses. Invertí casi todo el dinero en fondos, y metí lo que sobraba en un depósito que consideraba <<intocable>>. Al enterarse de mi golpe de suerte, mis amigos pensaron que estaba loca de atar. <<Olvídate del trabajo. ¿Por qué no viajas y disfrutas de la vida?>>

No me tomé en serio la pregunta. A mi edad, la jubilación está más que descartada, e incluso un periodo de inactividad temporal me habría sacado de quicio. Es cierto, podría haber cubierto mis gastos durante meses y aún me quedaría dinero suficiente para hacer un lujoso viaje al extranjero, de no ser por los siguientes impedimentos:

  1. Soy una tacaña de mucho cuidado.
  2. No tengo pasaporte, porque nunca lo he necesitado. Aunque fui a México hace varios años, en aquella época para cruzar la frontera bastaba con mostrar algún documento que acreditara la nacionalidad estadounidense”

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Un caso complejo y apasionante en torno a un asesino en serie.

La complejidad y diversión de “Un padre extranjero”: Eduardo Berti

Dos padres y la relación silenciosa, casi ausente, con sus respectivos hijos: varones y únicos. Dos familias que intentan comprender el misterio del padre extranjero. Inmigrantes que deciden reinventarse lejos de la tierra natal, donde deben aprender otra lengua. Escritores que leen la obra de otros y, a partir de ella, buscan desentrañar algún misterio de sus propias vidas. Secretos guardados bajo llave y difíciles de compartir.

La ficción y el relato autorreferencial son los pilares de esta historia que se bifurca, de esta novela que parece combinar resultado final con making of y que reinventa —en clave ingeniosamente literaria— la tradición de la «novela del padre».

Nada es casual ni arbitrario en “Un padre extranjero”, de Eduardo Berti: la trama —emotiva, divertida, compleja— muestra una combinación perfecta de detalles; la escritura se desliza con una exquisitez que el lector agradece.

Te compartimos un pequeño fragmento de su primer capítulo ‘Cementerio Club, 1’:

“Horas antes del entierro de mi madre, la tarde en que la velaban, mi padre mandó a que dejasen sin abrir el ataúd, cuando lo usual habría sido que se exhibiera el cadáver, y sin pedir permiso a nadie enchufó un reproductor de música en un rincón e hizo sonar en la sala, a un volumen considerable, pero más bien respetuoso, una triste música compuesta por Gustav Mahler, música que siguió escuchando como en una especie de gimnasia autoflageladora durante los primeros meses de viudez, en los cuales se consagró a beber más de la cuenta y a batir récords de insomnio que ni siquiera los sedantes más aguerridos podían paliar.

En el entierro, por la tarde, después del velorio matutino, mi padre no quiso saber nada con que abriera la boca un sacerdote presente y sonriente en el cementerio, a pesar de que la «oferta» incluía su corto sermón junto con los servicios del sepulturero y otras inercias de rigor. Todo aquello sucedía en un cementerio privado de las afueras de Buenos Aires: una especie de campo de golf con tumbas; una especie de jardín con árboles muy vistosos y lápidas poco menos que invisibles en el suelo. Vaya ironía: en los últimos doce años mi madre había trabajado vendiendo tumbas (»parcelas», según la jerga que le hacían repetir) de este mismo cementerio”

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Nada es casual ni arbitrario en Un padre extranjero, de Eduardo Berti: la trama —emotiva, divertida, compleja— muestra una combinación perfecta de detalles. La escritura se desliza con una exquisitez que el lector agradece.

Monterrey, una historia fundacional como jamás se había contado

Poesía y relato se funden para recrear el origen de una de las ciudades más importantes y representativas de México

Comprender la historia de Monterrey es entender las razones que han llevado a sus habitantes a ser etiquetados como hombres y mujeres de espíritu indomable, que no se arredran ni ante las condiciones naturales -orográficas y climatológicas extremas-, ni ante los retos que les impone ser considerados luchadores incansables, siempre a la vanguardia, siempre productivos, siempre aportando riqueza al país.

En esta obra, Felipe Montes se concentra en el hoy famoso “Barrio Antiguo”, gracias a su sorprendente remodelación y a su paseo turístico que deja atónitos a propios y extraños, pero que antes era conocido como Barrio de Catedral, cuna y origen de la que quizá es la ciudad mexicana más industriosa o, por lo menos, la más emblemática.

“Barrio de Catedral”, publicada por Tusquets Editores, es una novela redactada de manera sorprendente, en una mezcla de poema-relato o relato-poema, que en cinco capítulos abarca desde la fundación de Monterrey, por Diego de Montemayor, hasta una etapa cercana afectada por una devastación de origen natural.

El escenario de todas las acciones es justamente el Barrio de Catedral, protagonista del pasado indígena, de la llegada de las famosas 40 familias fundadoras y de la expansión de una ciudad que sorprende por la majestuosidad de la cadena montañosa que la rodea y que recuerda que, pese a los avances propios de la modernidad, el espíritu de lucha y supervivencia de los regiomontanos permanece inalterable.

De ahí la importancia de preservar el corazón fundacional de La Sultana del Norte, porque su famoso Barrio de Catedral es la piedra angular en la que se sostiene la esencia de su sociedad y, si este fuera afectado, dañado, demolido, cambiaría para siempre la vida de los regiomontanos, y la de los propios mexicanos; ya que -cual moderno Coliseo Romano-, si este cae, terminará la humanidad como hasta ahora es conocida.

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Barrio de Catedral nos muestra a un autor capaz de mezclar relato y poesía a fin de  mejor preguntarse por los seres que habitan esa gran urbe.