Archivo de la etiqueta: Porfirio Díaz

Al parecer, Porfirio Díaz no fue un presidente tan jodido como nos dijeron

Pocos dictadores en la historia de América Latina son tan conocidos como Porfirio Díaz. La historiografía (la escritura de la historia) sobre la época porfiriana siempre ha sido un tema de controversia, y uno que ha inspirado un sinfín de mitologías, no solo por las inevitables asociaciones políticas negativas con un régimen derrocado por una revolución, sino por el simple hecho -supremamente irónico, por cierto- de que es en esta época cuando se establece por primera vez en la historia de México la consolidación de una narrativa nacional coherente y la versión de una historia patria liberal que fue evolucionando con los textos clásicos de finales de siglo XIX: Vicente Riva Palacio, Justo Sierra, Emilio Rabasa, por mencionar solamente los textos más conocidos. La gran ironía consiste en que a la poderosa visión posrevolucionaria de la historia patria se han incorporado partes de la versión liberal decimonónica -sobre todo de la Insurgencia (personalizada, como siempre, en las figuras de Hidalgo y Morelos) y de la Reforma (en la figura de Juárez)- pero que excluyó tajantemente por tanto tiempo a su progenitor, Porfirio Díaz, y al régimen porfiriano que dio luz a la historia patria oficial en México, y también a los mismos cultos a Hidalgo, Morelos y, sobre todo, a Juárez, el culto más perdurable hoy en día. En ese sentido, tenemos que entender que la época que conocemos como el “porfiriato” (una etiqueta que se pondrá adelante en tela de juicio) es, al mismo tiempo, creadora y víctima de poderosas mitologías históricas.

También es muy cierto que las versiones más satanizadas se han ido desmoronando y revisando en los últimos treinta años. Compárense, por  ejemplo, los dos comentarios de Octavio Paz sobre el régimen de Díaz (uno de 1950, el otro de 1986), que sirven de epígrafe de este capítulo. Pero el compás del revisionismo historiográfico ha seguido distintos ritmos en sus distintos ámbitos -el historiográfico y el político-. Ahora en la historiografía profesional se puede afirmar que la renuencia a estudiar temas porfirianos murió hace tiempo. Como indicaron Mauricio Tenorio Trillo y Aurora Gómez Galvarriato en un análisis de la historiografía porfiriana, publicado en 2006, el porfiriato (etiqueta que no cuestionan) “ha dejado de ser un no tema”. Este cambio profundo en la historiografía profesional se refleja en la nueva versión de los libros de texto que ahora presentan una imagen más positiva de un porfiriato modernizador, una versión que por cierto ha influido mucho en la percepción de la nueva generación de jóvenes escolares mexicanos sobre esta época. En cambio, en la esfera pública y política, los cambios en la satanización de la figura de Díaz y su régimen han sido más lentos, y más difíciles de erradicar.

Extracto de Porfirio Díaz: entre el mito y la historia, de Paul Garner.

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Porfirio Díaz: entre el mito y la historia, de Paul Garner, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Crítica.

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Paul Garner

Porfirio Díaz es una de las figuras más controvertidas de la historia de México, tanto, que a cien años de su muerte en París, sus restos todavía reposan en el exilio.

‘Muertes históricas’, un revelador libro de Martín Luis Guzmán

El 5 de mayo por la mañana, la situación política y militar de Venustiano Carranza no tenía remedio.

Las olas del descontento en armas, de la rebelión, de la defección, habían venido propagándose desde las más remotas comarcas del país hasta el interior mismo de los salones presidenciales. Ya no era sólo Calles en Sonora, si Estrada en Zacatecas, ni Obregón en los estados del Sur, donde las tropas acogían al rebelde y se pronunciaban. Era Pablo González, que se mantenía en Texcoco rodeado de partidarios, como en acecho, y que no necesitaba sino extender la mano para adueñarse de la capital. Y entre tanto, Carranza, aparte de ignorar quiénes lo acompañaban todavía para sostenerlo, y quiénes para traicionarlo oportunamente, veía apartarse de su lado a militares y civiles que horas antes le protestaban adhesión; veía cómo defeccionaban hasta sus regimientos preferidos, y aquellos cuyos jefes y oficiales recibían paga y sobrepaga, y cuyos soldados rasos tenían haberes de sargentos.

¿Tan insensato de juzgaba su propósito de entregar la Presidencia a don Ignacio Bonillas, tan criminal su idea, que así lo abandonaban o negaban casi todos? Sola surgía esta pregunta en el espíritu de cuantos entonces penetraban a fondo lo que estaba ocurriendo; sola se le formulaba a él. Y como él sabía de historia, bien hubiera podido pronosticar para sí mismo, interrogándose y respondiéndose, cuán funesto habría de serle aquel error, y cómo habría bastado el más somero análisis para entender el vacío a que se asomaba poco a poco, 

Porque hay una hora, si se produce, que nunca falla en el derrumbamiento de los gobernantes mexicanos: la mala hora en que se proponen, con olvido de su origen, provocar una repulsa verdaderamente nacional, una negativa a la que después tratan de enfrentarse. Y esa hora la había sonado él queriendo improvisarse un sucesor, y luego la había acortado empeñándose en sacar de la nada, o casi de la nada, al hombre dispuesto a constituirse (de hecho o en apariencia) en heredero de una situación política que nadie, ni el propio Carranza, podía alegar arbitrariamente, ya que otros, con muy buenos títulos, también la consideraban suya.

Extracto de Muertes históricas: Febrero de 1913, de Martín Luis Guzmán.

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Muertes históricas: Febrero de 1913, de Martín Luis Guzmán, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Joaquín Mortiz.