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«Estado de México. La monarquía de la barbarie»: Una radiografía a la realidad de millones de mexiquenses

La síntesis de la pasada elección en el Estado de México quedó plasmada en una imagen: decenas de cabezas de cerdo afuera de las casas de campaña del rival. Así se ejerce la política en una de las zonas más violentas del país, donde el Grupo Atlacomulco hizo alarde de recursos económicos y prácticas clientelares para perpetuarse en el poder. Y es aquí, en territorio mexiquense, donde los habitantes se han resignado a vivir en la inseguridad, a jugársela en traslados diarios de tres horas a sus centros de trabajo mientras sus funcionarios despachan desde las alturas en imponentes helicópteros.

Quien diga que la frontera interior en México es la que divide a la riqueza de la pobreza, no ha reparado en este lugar, donde la verdadera zanja separa a gobernantes y gobernados.

En este contexto, el periodista Humberto Padgett presenta en Estado de México. La monarquía de la barbarie (temas´de hoy.), una investigación que retrata las condiciones de desigualdad social, inseguridad, corrupción, narcotráfico y secuestro en la entidad. Su trabajo deja entender cómo los nexos con el crimen organizado han permitido a una clase política insensible y a sus huestes burocráticas, amasar fortunas y feudos de impunidad en un modelo que se extiende, lamentablemente, a todos los rincones del país.

Humberto Padgett León (Toluca, Estado de México,1975) estudió Periodismo en la FES Acatlán de la UNAM. Sus investigaciones se centran en el crimen organizado, la corrupción y los derechos humanos. Ha obtenido cinco veces el galardón del Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo (México); ha ganado los premios Internacional de Periodismo Rey de España (Agencia EFE); Ortega y Gasset (El País); Kurt Schork (Agencia Thomson Reuters); de la Federación Internacional de Periodistas; Iberoamericano de Periodismo Joven; Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez (FIL Guadalajara), y ha obtenido en tres ocasiones el Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter, entre otros. Es autor de ocho libros.

Para comprender las causas de la violencia en México

Un enfoque que ayuda a entender la situación en tres de los estados con mayor inseguridad en el país

La crisis de descomposición social que atraviesa el país parece haber acostumbrado a la sociedad, pero eso no resultaría igual si se conocieran los factores, internos y externos, económicos y políticos, que han contribuido a generalizar la violencia en gran parte del territorio nacional.

En La cara oculta de la inseguridad en México, publicado por editorial Paidós, el investigador británico John Gledhill analiza con detalle las causas de la violencia en Michoacán, Guerrero y Chiapas, tres de los estados emblemáticos en el mapa de la criminalidad en el país y donde quizá es más perceptible el efecto de la segurización, es decir, las medidas extraordinarias que adopta el Estado con la intención de garantizar la seguridad.

El tema resulta de primordial interés, si se toma en cuenta que ahora en México se debate la posible entrada en vigor de la Ley de Seguridad Interior que, entre otros aspectos, daría a las fuerzas militares mayores facultades para actuar en la vida civil.

“Este es un libro sobre lo que los estados les hacen a las personas cuando las definen como una amenaza para la seguridad del resto de la sociedad. Es también un libro acerca del por qué, con tanta frecuencia, los estados no solo no son capaces de resolver los problemas que las propias personas ven como amenazasa su segudridad, sino que de hecho los agravan”, explica el autor.

A la luz de ello, Gledhill analiza el fenómeno conocido como “la nueva guerra contra los pobres”, que pasa por una serie de medias económicas neoliberales, pero también por la complicidad de quienes gobiernan con aquellos actores sociales que sirven a intereses económicos y criminales para crear una violencia institucionalizada que deja en completa indefensión a los ciudadanos.  

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Un análisis sobre la violencia en Michoacán, Guerrero, Chiapas.

 

John Gledhill. Profesor emérito de Antropología Social en la Universidad de Manchester, es miembro de la Academia de Ciencias Sociales en Gran Bretaña y de la Academia Británica. Especialista en Antropología Política latinoamericana, desde los inicios de su carrera se ha mantenido en estrecho contacto con instituciones académicas mexicanas, donde ha realizado estancias de investigación con el apoyo del Conacyt. Otros libros publicados: La nueva guerra contra los pobres. La producción de inseguridad en Latinoamérica (2016); Cultura y desafío en Ostula: Cuatro siglos de autonomía indígena en la costa-sierra nahua de Michoacán (2004); El poder y sus disfraces: Perspectivas antropológicas de la política (2000); Casi nada: Capitalismo, Estado y los campesinos de Guaracha (1993).

Política e Internet: ¿enemigos a muerte o amigos con derecho?

Con la desconfianza popular hacia los poderes convencionales que se extiende y se hace más profunda y la estima popular del potencial poder para el pueblo de Internet alzándose hacia el cielo a través de los esfuerzos conjuntos del marketing de Silicon Valley y la poesía al estilo de Hillary Clinton recitada y transmitida a través de miles de despachos académicos, no sorprende que la propaganda progubernamental tenga más oportunidades de ser escuchada y absorbida si llega a sus objetivos a través de Internet. El más astuto de los autoritarios lo sabe muy bien; después de todo, los expertos informáticos están ahí para ser contratados, dispuestos a vender sus servicios al mejor postor. Hugo Chávez está en Twitter y supuestamente alardea de tener medio millón de amigos en Facebook; mientras que en China hay, por lo visto, un verdadero ejército de blogueros subvencionados por el Gobierno (bautizados como «el partido de los cincuenta céntimos», que es lo que cobran por cada entrada). Morozov recuerda a sus lectores que, como afirma Pat Kane en el Independent del 7 de enero de 2012, «para el joven operario sociotecnológico, el servicio patriótico puede ser una motivación tan grande como el anarquismo bohemio de Assange y sus amigos». Los hackers de la información también se unirían con entusiasmo y el mismo grado de buena voluntad y sinceridad a una nueva «Internacional de la transparencia» que a las Brigadas Rojas. Internet apoyaría ambas decisiones con idéntica ecuanimidad.

Se trata de una vieja, viejísima historia vuelta a contar: las hachas pueden usarse para talar madera o para cortar cabezas. La decisión no es de las hachas, sino de quienes las usan. Al hacha no le importa lo que elija quien la sostiene. Independientemente de lo afilada que esté, la tecnología en sí misma no «hará avanzar la democracia y los derechos humanos» para nosotros y en lugar de nosotros…

Vuelves a tener razón al negarte a depositar tus esperanzas para la inversión de la actual insensibilización del lenguaje político en las instituciones existentes en la política de los Estados-nación. Y ello por razones que hemos debatido siquiera someramente: la avanzada separación que tiene como objetivo el divorcio entre el poder (la capacidad de hacer cosas) y la política (la capacidad de decidir lo que hay que hacer), y la resultante incapacidad, absurda, degradante y manifiesta de la política de los Estados-nación para cumplir con su cometido. Pocas personas esperan la salvación desde las altas esferas; las promesas de los ministros se reciben, como mucho, con incredulidad salpicada de ironía. El montón de esperanzas frustradas crece día a día. Bajo la luz deslumbrante de las pantallas de televisión se reproduce el espectáculo de hombres y mujeres de estado que anuncian orgullosamente, en el telediario de la noche, los pasos decisivos que acaban de dar -sus medidas para restablecer el control sobre el curso de los acontecimientos y poner fin a otro problema angustioso- solo para esperar nerviosamente a que la Bolsa abra a la mañana siguiente para comprobar si esas medidas tienen la más ínfima oportunidad de aplicarse, y si es así, si esa aplicación tendrá algún efecto tangible.

Extracto de Ceguera moral, un libro de Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis.

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Ceguera moral, de Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Paidós.

El fénix islamista: el Estado Islámico y el rediseño del Medio Oriente

Los éxitos del Estado Islámico imponen un momento de reflexión. Hay que admitir que ha fracasado el contraterrorismo para impedir el advenimiento del califato, y hay que hacer frente a nuestras responsabilidades. El mundo necesita un nuevo enfoque para poner coto a esta entidad política hostil, en particular ahora que desbarata sanguinariamente las fronteras de Medio Oriente. No se logrará establecer esta estrategia si nos negamos a reconocer el hecho obvio de que la génesis del califato está estrechamente vinculada a décadas de política de Occidente y a intervenciones de Occidente en Medio Oriente.

Si el EI logra formar una sola nación en Irak y Siria, la amenaza que representa trastocará de raíz el paisaje político de esos dos países. Por primera vez en la historia moderna, una organización armada habrá logrado el objetivo final del terrorismo: crear su propio Estado sobre las cenizas de países vigentes, no por medio de una revolución, como sucedió en Irán, sino mediante una guerra de conquista tradicional basada en tácticas terroristas. De lograrlo, el Estado Islámico instaurará un nuevo modelo de terrorismo.

¿Cómo hemos llegado a esto? La respuesta compleja habría que buscarla en la partición de Medio Oriente por las potencias coloniales después de la Primera Guerra Mundial. La respuesta simple sería la convergencia de la guerra preventiva en Irak con la guerra civil en Siria. Esto dio nacimiento a uno de los estrategas modernos de la yihad más brillante y enigmático, el finado Abu Musab al Zarqawi, un hombre que desafió abiertamente el liderazgo histórico de Al Qaeda y que, como veremos, prendió fuego otra vez al antiguo y sangriento conflicto entre sunitas y chiitas como táctica clave para el renacimiento del califato. Siria presentaba una oportunidad única, un trampolín, para quienes habían asimilado el mensaje de Al Zarqawi y ansiaban llevar a cabo su sueño, entre ellos Abu Bakr al Bagdadí, el nuevo califa.

Para entender cómo en el plazo de una década un grupo de yihadistas se transformó en una fuerza canalla capaz de desestabilizar regiones enteras poniendo al descubierto sus más profundas contradicciones políticas y sectarias, hay que retroceder hasta el momento del ascenso de Al Zarqawi y el estallido del conflicto sirio.

Extracto de El fénix islamista: el Estado Islámico y el rediseño del Medio Oriente, de Loretta Napoleoni.

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El fénix islamista: el Estado Islámico y el rediseño del Medio Oriente, de Loretta Napoleoni, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Paidós.

‘Curso urgente de política para gente decente’, un libro de Juan Carlos Monedero

Vivimos un tiempo en el que la gente decente anda perpleja, y los canallas, envalentonados. Aunque parezca mentira, hubo un tiempo, tampoco tan lejano, en el que la gente no se avenía a tratar a los demás como meras mercancías. Los tiempos cambian, la indecencia se convirtió en norma y la decencia fue volviéndose un valor escondido. La regla mató la excepción. La última vez que en nuestro mundo cristiano gente indecente se tiró por la ventana fue durante la crisis de 1929. Luego, como si hubieran desarrollado un gen perspicaz, ricos, tahúres, explotadores, defraudadores, asesinos, traficantes, mafiosos, gobernantes y conniventes jueces y fiscales, asistidos todos por lustrosos despachos de abogados, dejaron de hacerlo. Entonces empezaron a saltar las personas decentes. Hay una relación directamente proporcional entre la adaptación de os canallas y la desadaptación de los humildes. 

Vivimos en una bifurcación de la historia. Asentado cada pie en un trozo de hielo que se separa, no sabemos a cuál saltar. Podemos hacer ensoñaciones, pero no hay ningún indicio que nos diga si no será una gran mentira. Escucho a un compañero, quejoso, decir que él debía haber nacido en la Grecia clásica. Es fácil soñar hacia un pasado hermoseado. Le hubiera tocado, seguro, ser esclavo. Podemos soñar también hacia delante: pronto todo se solventará. ¿Y si no se resuelve? La duda, el shock, el río revuelto que sirve a los pescadores sin escrúpulos. El siglo XX estuvo marcado por la política y amenazado por la economía. Cuando los trabajadores empezaron a asociarse, todo cambió. De ese juntarse vendría la Unión Soviética, el Estado social, la guerra fría, el derecho al trabajo y la píldora anticonceptiva que permitiría que las mujeres se incorporaran a la fábrica. Cayó después la unión soviética, perdida la carrera tecnológica, y el dinero decidió que ya no necesitaba tener miedo. Hemos inaugurado el siglo de la economía, apenas amenazado por la política. 

Regresó la economía y se exilió la política, reducida a meras cuestiones técnicas para transformar los votos en gobiernos. Algunos dijeron que el Estado había muerto. Pero no era verdad. Sólo había cambiado de manos. El jefe de Estado saluda el día de Nochebuena y el Gobierno del Reino de España uno de los anuncios más caros del año -el de Nochevieja o el de Año Nuevo- a pedir a los ciudadanos que jueguen a la lotería. 

Alguno se llevará el dinero de todos. Pensar en términos individuales es la forma más suicida de pensar la política. Por pura estadística, las mayorías serán el combustible de los fogones de las minorías. Sin política somos un ave migrando solitaria sin la referencia de los demás. La política es autoayuda colectiva. El nosotros de nuestro yo. El lenguaje que nos permite hablarnos a nosotros mismos pero que nació para ser diálogo. Eso que primero fue un gesto, una mirada, una mano agitada («ayúdame») y que luego fue una palabra que resumía el gesto, la mirada que imploraba, la mano agitada que reclamaba («¡ayúdame»!). La diferencia entre la autoayuda individual y la colectiva es que la primera presume una claudicación cobarde ante la vida. La valentía es un gran abridor de caminos. 

Cuando menos lo esperamos, tomamos decisiones que nos cambian la vida. «No sabía qué ponerse y decidió ponerse feliz». Feliz afuera. ¿Dónde si no? Donde estaban los otros. Una mano, sobre otra mano, sobre otra mano. Tanto que parecía imposible de pronto se hace luminoso y sencillo. El tallo de una margarita y la energía  que ordena el mundo; un niño que apenas sabe andar, riéndose, y un anciano que toma las armas porque la dignidad está en peligro; un trozo de hielo marchándose entre los dedos y mil horas de estudio consagradas a entender un asunto complicado; unos ojos que reflejan todas las razas y todas las razas reflejadas en unos ojos; unos zapatos agujereados pero alegres y la voluntad de todo un pueblo de decidir por sí mismo.

La democracia -decía Harry Emerson Fosdick- se basa en la convicción de que en la gente común hay posibilidades fuera de lo común. La gente común, la que hace que funcionen los autobuses, el metro, los desagües y Disneylandia, la que abre los puestos de los mercados, los almacenes, los teatros y los bares, la que obra el milagro de que salga agua cuando abrimos la llave, la que permite que llegue un pedido de la tienda y la que cuenta a los niños dónde están el Ebro y el Orinoco. La que lee el mundo con gafas de peatón y siempre intuye «hasta aquí hemos llegado». La Política, con mayúsculas, es ese lugar donde los ciudadanos marcan ese «hasta aquí». La política, con minúsculas, es la gestión cotidiana de esos grandes momentos.

Extracto de Curso urgente de política para gente decente, de Juan Carlos Monedero.

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Curso urgente de política para gente decente, de Juan Carlos Monedero, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Paidós.

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Juan Carlos Monedero es considerado uno de los más brillantes científicos sociales europeos.

50 cosas que hay que saber sobre…, una colección que no puede faltar en tu biblioteca

Tener una cultura general sobre los temas y acontecimientos más notables de la historia del mundo es, hoy en día, un asunto de suma importancia. La sociedad en que vivimos está cada vez más conectada, y lo mismo pasa con las numerosas disciplinas que organizan el conocimiento.

Por otra parte, la información es una herramienta poderosa que nos permite actuar y pensar de forma histórica y consciente. Por ello, y para simplificar la casi imposible tarea de leer los miles y miles de libros que contienen el total de los saberes descubiertos o elaborados por el hombre, el sello Ariel ha publicado la serie de libros 50 cosas que hay que saber sobre…, los cuales contienen, de forma resumida, los conocimientos básicos de algunas de las disciplinas o ciencias más importantes de la actualidad.

Arte, Matemáticas, Tierra, Universo, Psicología, Política, Guerra, Management, Historia del Mundo, Religión y Literatura, son algunos de los temas que podrás encontrar en esta colección.

50 cosas que hay que saber sobre Arte

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50 cosas que hay que saber sobre Matemáticas

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50 cosas que hay que saber sobre la Tierra

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50 cosas que hay que saber sobre el Universo

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50 cosas que hay que saber sobre Psicología

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50 cosas que hay que saber sobre Política

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50 cosas que hay que saber sobre la Guerra

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50 cosas que hay que saber sobre Management

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50 cosas que hay que saber sobre la Historia del Mundo

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50 cosas que hay que saber sobre Religión

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50 cosas que hay que saber sobre Literatura

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La colección 50 cosas que hay que saber sobre… está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

¿En qué momento se jodió México?

En 1969, Mario Vargas Llosa publicó Conversación en La Catedral e hizo la célebre pregunta: «¿En qué momento se jodió Perú?». Yo nací ese mismo año, cuando la Revolución mexicana cumplía cincuenta y nueva años y el llamado «milagro mexicano» agonizaba sin remedio; sus estertores anunciaban el inicio de la crisis que terminaron por hundir al país en la desesperanza y la frustración. ¿En qué momento se jodió México, si cuando yo nací ya estaba jodido?

Crecí mirando a mis papás ejercer su derecho al voto, a pesar de que, por entonces, valía poco o nada? Acudían religiosamente a las urnas, más como un acto de fe que como un ejercicio cívico; los dados siempre estaban cargados, así que no había lugar para milagros. ¿Para qué votamos?, se preguntaba gran parte de la sociedad cuando sólo había lugar para el mismo resultado: carro completo.

Me inculcaron el amor a una patria imaginaria que estaba por encima de lo que el sistema político había construido: una vergonzosa simulación de república. En esa patria imaginaria, la noche del Grito era una entrañable reunión familiar, ajena por completo a la retórica patriotera o a los gritos de coyuntura como «¡Viva el Tercer Mundo!», de Echeverría; la bandera tenía un significado profundo a pesar de haber sido expropiada para estampar sus colores en el logotipo del partido oficial, el cual había dejado que la patria se desmoronara en sus manos. Podía sentirme orgulloso de que la familia guardara un pasado revolucionario que no tenía relación con la Revolución que había desvirtuado el propio sistema.

Yo tenía 12 años de edad cuando vio llorar al presidente López Portillo en cadena nacional, y enjugar sus lágrimas con el decreto de nacionalización de la banca; quince, cuando escuché a Miguel de la Madrid declarar ante los medios, en septiembre de 1985, con una ciudad devastada por escenografía, que estábamos preparados para «atender la situación» y no necesitábamos ayuda del exterior. ¿Renovación moral de la sociedad? Tan sólo una ironía.

A los 25, también desperté de una larga fantasía: la moneda mexicana no se llamaba peso, sino UDI. Rebasaba ya los treinta cuando sacamos al PRI de los Pinos sólo para construir una realidad alternativa, el paraíso de la inconsciencia, llamado Foxilandia. Hoy tengo cuarenta años y el país navega a la deriva, sin orden ni concierto.

¿En qué momento se jodió México?

Extracto de El México que nos duele: Crónica de un país sin rumbo, de Alejandro Rosas y Ricardo Cayuela Gally.

El México que nos duele portada

El México que nos duele: Crónica de un país sin rumbo, de Alejandro Rosas y Ricardo Cayuela Gally está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Booket.