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‘Tierra de padrotes’, una crónica sobre la trata de mujeres en Tlaxcala, escrita por Evangelina Hernández

Son las dieciocho horas con cuarenta y cinco minutos del tercer sábado de julio. Un automóvil BMW gris, modelo reciente, de carrocería impecable, con placas del estado de Tlaxcala, circula sobre la avenida Insurgentes Centro, detiene su marcha durante unos segundos y continúa. Al dar vuelta a la derecha, en la esquina de Luis Donaldo Colosio y Jesús García, disminuye la velocidad al tiempo que las puertas traseras del auto se entreabren  y al frenar, descienden tres jovencitas. Los tacones negros son los primeros en tocar la acera, seguidos de unas botas atezadas, altas, y de unas zapatillas rojas. Por sus atuendos, parecen estar uniformadas o que compraron la ropa en el mismo lugar. Sus cuerpos quedan expuestos a través de la delgada y elástica tela que los cubre.

Cuando ellas salen del BMW, sobre la calle de Luis Donaldo Colosio, otras 27 mujeres ya están paradas sobre la banqueta. Con sus celulares en mano y bolsos colgados sobre las ramas de los árboles, en los que de vez en vez se recargan para descansar de los tacones de 12 centímetros, esperan a los clientes. Cada una en el espacio de banqueta que le fue asignado. No se dirigen la palabra. Se miran con desconfianza.

Las tres pasajeras del BMW se colocan en su pequeño espacio. Tampoco se hablan. Una de ellas, con leggings color beige y blusa strapless café extrae de su bolsa un lápiz labial rojo, se retoca y al igual que sus compañeras, aguarda. A las diecinueve horas un taxi con la cromática oficial de la Ciudad de México se estaciona frente a ellas, mueve medio cuerpo hacia la ventanilla del pasajero y se acercan de inmediato. No es un cliente en busca de sexoservicio, así lo indica el mutismo de las otras ocupantes de la banqueta.

El chofer les da instrucciones. Es como un supervisor de su trabajo. Entre pasajero y pasajero, las vigila, las observa. Les hace saber, de forma verbal y amenazante, que no están solas y que cualquiera de sus movimientos será reportado a su propietario, de ellas y del BMW.

De las diecinueve horas del sábado a las cinco de la mañana del domingo, la joven con leggings color beige y blusa strapless café atendió a veinte clientes. Cada vez que regresa a su espacio de la banqueta se pinta los labios, envía un mensaje de texto desde su celular y se reacomoda el pelo negro que apenas le roza los hombros.

Con el paso de las horas la actividad se incrementa en la zona. Vehículos de todas las marcas, modelos y colores desfilan por la orilla de la banqueta. Algunos conductores solo miran, algunos preguntan y hay quienes le abren la puerta a estas acompañantes que solo tienen permitido permanecer 30 minutos con cada cliente en los hoteles cercanos. Hoteles autorizados.

A pesar de que la madrugada se empieza a poner fría, los hombros de las jóvenes que van y vienen siguen descubiertos. Por ratos doblan ligeramente una pierna para descansar de los tacones, pero aunque están de pie en la orilla de la banqueta, tienen prohibido sentarse. Los taxistas, sus supervisores, no dejan de rondarlas. Los vecinos de la zona aseguran que están contratados para cuidarlas de algún cliente abusivo y evitar que alguna se escape.

Son casi las cinco de la mañana, el chofer del BMW se da vuelta sobre la avenida Insurgentes Centro y antes de llegar a la esquina frena la marcha del vehículo. La joven con los tacones negros, leggins azul claro y blusa azul rey aborda primero, seguida de su compañera de las botas negras, jeans ajustados y blusa roja. Arribarán a Tenancingo, Tlaxcala, adonde duermen, medio comen, medio descansan y son presas de sus padrotes. Allí llegaron engañadas por el amor o bajo amenazas de muerte. Ahora tienen miedo de todo, pero principalmente de sus padrotes.

Extracto de Tierra de padrotes, una escalofriante crónica de Evangelina Hernández, sobre la trata de mujeres que se realiza en Tlaxcala, sin que las autoridades hagan nada al respecto.

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Tierra de padrotes, de Evangelina Hernández, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

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Evangelina Hernández Duarte

Aquí una denuncia valiente, cruda y descarnada, del fenómeno que se ha convertido en la nueva forma de esclavitud del siglo XXI: la trata de mujeres.

‘Narcoamérica’: 55 mil kilómetros tras el rastro de la cocaína

El tráfico de drogas es un fenómeno que une a la región de manera trágica. Genera unos trescientos veinte mil millones de dólares  anuales —lo equivalente al 1.5% del Producto Interno Bruto  mundial—. Ese dinero alcanzaría para construir unos cien World  Trade Centers, para comprar cuatro estaciones espaciales, o para  cubrir todas las necesidades de infraestructura y servicios en América Latina, según la Comisión Económica para América Latina y
el Caribe (cepal).

El narcotráfico moviliza gobiernos y mutila o pervierte las vidas de millones de personas, pero la mayor parte de su daño ocurre por debajo de la atención mediática. Viviendo en México y en España, poco nos enterábamos de cómo llega la cocaína a los consumidores.

Desde nuestra cómoda posición citadina, ignorábamos qué ha pasado en Colombia después de la época de Pablo Escobar y nada sabíamos de los métodos que utilizan las organizaciones criminales  para llevar la droga a Europa y a fronteras más lejanas. Tampoco conocíamos qué pasó en Uruguay para que se pudiera legalizar la marihuana. Apenas y considerábamos que mientras un kilo de cocaína en Australia puede venderse hasta en 200 mil dólares, en Bolivia, la hoja de coca —materia prima del estupefaciente— cuesta unos centavos y es necesario mascarla todos los días para poder funcionar en un altiplano donde se respira una fracción del oxígeno que hay a nivel del mar. Miramos nuestros países como nuestros ombligos sin ver que éste es un fenómeno transnacional provocado por la corrupción, la pobreza, la fragilidad de las instituciones, la impunidad, las violaciones a los derechos humanos y los caciquismos.

La violencia ligada al tráfico de drogas se ha convertido en el lenguaje de América desde que el ex presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, declaró la guerra a los narcóticos. Su gobierno criminalizó la cocaína y el resto de los países obedeció. En 1971, cuando empezó esta operación transnacional, la tasa de homicidios en el continente era de ocho por cada 100 mil habitantes.

Hoy es de 14. Actualmente, 16 de los 25 países más peligrosos del  mundo están en América Latina. Tan solo en la última década, los  índices de violencia aumentaron en toda la región, producto de los cambios en el mundo criminal. Entre 2000 y 2010, murieron más de un millón de personas por homicidio. Según el Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014 de la onu, en Latinoamérica las tasas de asesinatos aumentaron un 12%, mientras que en otras regiones del mundo disminuyeron hasta la mitad. Entre las listas trágicas siempre aparecían los nombres de Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras y Venezuela con más de 30 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Les seguían de cerca otros como México, Brasil, Bolivia, Panamá, Ecuador, Paraguay y la República Dominicana.
Poco a poco fuimos descubriendo un fenómeno que se basa en el libre mercado y en la dispersión de la ignorancia. Los que forman parte de la cadena no se conocen entre sí. No saben que son un engranaje. Decidimos centrarnos en esas piezas, más allá de los grandes capos al estilo Joaquín «el Chapo» Guzmán, y hablar más bien de gente como Reinaldo Cruz que se hizo narco por un golpe de ¿buena? suerte, o de cómo el último rey negro de Bolivia, legítimo descendiente de un linaje real senegalés, cada mañana sale a cultivar hoja de coca. Preferimos hacer el relato del narco mexicano que quiere hacer una película después de que una avioneta de su propiedad se desplomara con 100 kilos de la droga. Elegimos narrar la historia de la boliviana que se comió 80 gramos de cocaína, lo equivalente a tragarse 10 ciruelas, y los llevó en su estómago a Santiago de Chile.

Extracto de Narcoamérica, un libro escrito por el colectivo Dromómanos.

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Narcoamérica, un libro escrito por el  colectivo Dromómanos, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

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Dromómanos

De los Andes a Manhattan, 55 mil kilómetros tras el rastro de la cocaína

Booktrailer de ‘Narcoamérica’, 55 mil kilómetros tras el rastro de la cocaína

En diciembre de 2011, tres periodistas en un auto usado emprendieron un viaje de 55 mil kilómetros por Latinoamérica.

A pocos meses de iniciada la travesía, decidieron enfocarse en reportear el tráfico de drogas, quizás el único fenómeno que cohesiona a toda la región.

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NARCOAMÉRICA es la crónica de un recorrido que nos confronta con lo ineludible. La fuerza del crimen organizado evidencia las fallas del Estado. Aquí se devela la historia ilícita de dieciocho países, de cuyos rincones más inhóspitos fueron obtenidos los testimonios de quienes eligieron vivir fuera de la ley.

Sus reportajes, hechos en el camino, y que conforman la materia prima de este libro, son historias que muestran el lado no turístico del continente, los dramas humanos resultado de la corrupción del poder por el dinero ilegal. Son historias que rebautizan este territorio: bienvenidos a Narcoamérica.

Revisa el booktrailer de este libro que te revelará una situación que está más cerca de lo que crees.

Narcoamérica, un libro escrito por el colectivo Dromómanos, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

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Dromómanos

De los Andes a Manhattan, 55 mil kilómetros tras el rastro de la cocaína