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¿Quiénes son los ‘Ángeles de la muerte’ y por qué debemos temerles?

¿Qué hace que un hombre o una mujer que se ha comprometido por ética profesional a cuidar a personas vulnerables o enfermas se desvíe de modo dramático de esa exigencia moral y llegue a convertirse en el asesino de esas mismas personas? Ésta es la cuestión que se dilucida aquí, y la respuesta ciertamente no es sencilla.

Los psiquiatras han cuñado la etiqueta diagnóstica de “síndrome de Munchhausen por proximidad” para describir a los padres (típicamente la madre) que hieren o enferman a sus hijos a propósito porque tienen la necesidad inconsciente  de ser atendidos y considerados padres competentes y abnegados. El nombre procede de un barón alemán que contaba historias extraordinarias e inventadas a sus amistades. El nombre oficial actual es Trastorno facticio (fingido) por poderes.

Cuando los padres llevan al hospital a sus hijos, una y otra vez, están diciendo al mundo “qué dura es su vida y cuánto quieren a sus hijos que siempre están dispuestos a ayudarles”. No buscan incentivos externos, sólo satisfacer la necesidad patológica de ser valorados ante los demás. El mejor modo de demostrar que son padres sacrificados sería poner a las personas a las que más aman (sus hijos) en situación de riesgo -más o menos grave- para que, gracias a su entereza, reciban los cuidados que al final les devolverán la salud. Claro que, en determinados casos, la lesión o herida puede ser muy grave o tener complicaciones inesperadas, con el resultado de que esa ayuda llegue tarde o sea inefectiva, o que sean tantas las ocasiones en las que el niño enferma o sufre lesiones que finalmente no consigue sobrevivir.

Esta patología, sin embargo, sólo explicaría una parte de los llamados casos de los “ángeles de la muerte” -expresión que agrupa al personal sanitario o de prestación de cuidados que atiende a enfermos o personas vulnerables-, los casos en los que una enfermera, por ejemplo, busca esa sensación de reconocimiento y competencia haciendo enfermar a los niños a los que cuida para luego desvivirse en salvarles la vida o en cuidarlos de modo obsesivo. Podemos decir que aquí la madre ha sido sustituida por la enfermera. Ésta no quiere matar al niño al que atiende tan solícitamente, sólo ponerlo en peligro, herirlo, para al fin devolverle la salud… y de nuevo volver a empezar.

En efecto, la mayoría de los ángeles de la muerte no pretenden simular que salvan a alguien o no buscan cuidar con esmero al sujeto al que repetidamente enferman, sino que directamente persiguen matarlo. No, desde luego, nada más tener relación con él o ella, pero sí pasado un tiempo más o menos largo (semanas o meses, generalmente) como consecuencia de una determinada relación que el profesional ha establecido con su paciente, y cuyas claves para tomar la decisión de matarlo o dejarlo con vida no son siempre comprensibles. Lo único cierto es que son “sus pacientes”, y que éstos pueden vincularse con su psicología mórbida de múltiples formas: el asesino puede considerarlo molesto, ofensivo o demasiado débil como pare merecer seguir viviendo. En otras ocasiones, raras, hay motivos económicos, o bien ciertos deseos de venganza por algún agravio que el cuidador pensó que no debió de recibir de quien ahora es su víctima. Tampoco podemos descartar en algunos casos un sentimiento erótico profundo derivado del acto de matar.

Si quieres conocer casos específicos de estos “ángeles de la muerte”, no dejes de leer Perfiles criminales: un acercamiento a los asesinos en serie más famosos de la historia, de Vicente Garrido Genovés.

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Perfiles criminales: un acercamiento a los asesinos en serie más famosos de la historia, de Vicente Garrido Genovés, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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Los libros de Garrido, aparte de ser rigurosos, fascinan por su lenguaje divulgativo y por incluir siempre ejemplos reales.

El hijo de Sam, el asesino serial más sanguinario de Nueva York

Después de una adolescencia problemática, atormentada, en la que destacó por sus incontables incendios y ataques contra la propiedad, David Berkowitz llegó a la veintena sin alcanzar la paz. Al revés. No dudaba en disparar contra los perros del vecindario (su obsesión con los perros era obvia) y enviar cartas anónimas con amenazas.

En 1975, su comportamiento agresivo se agudizó. En noviembre decidió encerrarse en su habitación, tapando las ventanas para que no entrase la luz, para llevar una vida de ermitaño. Sólo salía para comprar comida. Metido en su apartamento, aislado, su mente empezó a llenarse de ira y agresividad. Pintaba en la pared mensajes crípticos que lo incitaban todavía más a la violencia, y su única distracción consistía en masturbarse y comer.

El 28 de julio de 1976 salió de caza con su revólver escondido dentro de una bolsa de plástico. Empezaba así una historia de terror en Nueva York, ciudad de la que Berkowitz iba a convertirse en su asesino más célebre.

Era la una de la madrugada, y las amigas Jody Valenti, estudiante de enfermería, y Donna Lauria, enfermera, charlaban dentro de un coche en el Bronx, Nueva York. Berkowitz las vio y aparcó su automóvil. Luego caminó hacia donde estaban las dos chicas y disparó cinco veces. Las ventanillas saltaron en pedazos. El cargador estaba ya vacío, pero él, fascinado, seguía apretando el gatillo de forma maquinal. Donna Lauria murió por un disparo en el cuello. Su amiga Jody logró sobrevivir. Una bala le atravesó el muslo. David confesaría más tarde que sentía verdadero amor por su primera víctima, que le esperaría en el cielo.

Berkowitz tardó otros tres meses en sentir el ansia de matar, cuando de nuevo volvió a “oír las voces demoníacas” que, según él, le impelían a hacerlo.

Si quieres leer la historia completa de El hijo de Sam, el asesino serial más famoso de Nueva York, entonces no te puedes perder Perfiles criminales: un acercamiento a los asesinos en serie más famosos de la historia, de Vicente Garrido Genovés.

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Perfiles criminales: un acercamiento a los asesinos en serie más famosos de la historia, de Vicente Garrido Genovés, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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Los libros de Garrido, aparte de ser rigurosos, fascinan por su lenguaje divulgativo y por incluir siempre ejemplos reales.

Si conoces a alguien con estas características, podría ser un maldito asesino en serie

La psicopatía representa un cuadro clínico clasificado como un trastorno de personalidad, que incluye un conjunto de rasgos de naturaleza interpersonal, afectiva, conductual (estilo de vida) y antisocial. En el ámbito interpersonal, los psicópatas se caracterizan por poseer encanto superficial, narcisismo o grandioso sentido de la autoestima, mentir de manera patológica y emplear con maestría la manipulación y el engaño. Por lo que respecta a la faceta afectiva, destaca la falta de sentimientos de culpa, la ausencia de empatía y las emociones superficiales, junto con la incapacidad de responsabilizarse de los actos cometidos. En la faceta de la conducta o del estilo de vida predomina la irresponsabilidad en el cumplimiento de las obligaciones, la búsqueda de excitación, la impulsividad, la falta de metas realistas y un ánimo de vivir a costa de los demás (vida parásita). Finalmente, en la faceta antisocial, los psicópatas muestran una notable falta de autocontrol, problemas precoces de conducta, delincuencia juvenil, una amplia versatilidad delictiva y el quebrantamiento frecuente de las condiciones de la libertad vigilada o condicional.

Los psicópatas que presentan un historial criminal ya desde jóvenes son los más activos, los que cometen delitos más graves, los más versátiles. De entre los delincuentes conocidos por la policía y la justicia, éstos son los que tienen mayor riesgo de reincidencia, los que peor funcionan en los programas de tratamiento. Muchas veces su comportamiento desafiante aparece incluso mientras cumplen pena de prisión, al generar numerosos conflictos con los otros presos y con los funcionarios. Estos psicópatas identificados como tales son muy impulsivos, abusan generalmente del alcohol y de las drogas, y prolongan su carrera delictiva más allá de los cuarenta años. Dejan de delinquir al ser demasiado viejos para el crimen, o cuando las drogas les dejan hechos polvo, o bien, si tienen suerte, porque algún familiar o institución les permiten algún retiro donde la violencia ya no les aporta gran cosa.

Los psicópatas “integrados” son otra cosa. Estos individuos tienen un mejor control de los impulsos, planifican más, y cuando al fin deciden delinquir tienen muy claro que merece la pena correr los riesgos con tal de lograr sus propósitos. Puede ser dinero, propiedades, librarse de alguien incómodo, vengarse de un agravio… Nadie espera esa violencia porque no tienen antecedentes penales (o al menos estos no son por delitos graves), trabajan y muchas veces tienen una familia. Sin embargo, el núcleo de personalidad de ambos es el mismo: falta de empatía, emociones superficiales, profundo egocentrismo, acentuaso narcisismo… Las diferencias radican en que el psicópata criminal (no integrado) ha ejercido el delito desde joven, probablemente porque sus ansias hedonistas, su deseo de gratificación inmediata y su impulsividad y deseo de vivir situaciones límites le llevaron muy pronto a quebrantar las leyes y a explotar a los demás. Los psicópatas integrados manipulan mejor, tienen menos necesidad de vivir al filo de la navaja y han tenido el suficiente autocontrol como para llegar a adultos respetando las leyes.

Si quieres saber más sobre psicópatas y asesinos seriales, y te gustaría detectarlos en tu vida diaria, tienes que leer Perfiles criminales, de Vicente Garrido.

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Perfiles criminales, de Vicente Garrido, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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Los libros de Garrido, aparte de ser rigurosos, fascinan por su lenguaje divulgativo y por incluir siempre ejemplos reales.

¿Qué se esconde en la mente de un asesino?

Psicópatas y asesinos en serie

La psicopatía representa un cuadro clínico clasificado como un trastorno de personalidad, que incluye un conjunto de rasgos de naturaleza interpersonal, afectiva, conductual (estilo de vida) y antisocial. En el ámbito interpersonal, los psicópatas se caracterizan por poseer encanto superficial, narcisismo o grandioso sentido de la autoestima, mentir de manera patológica y emplear con maestría la manipulación y el engaño. Por lo que respecta a la faceta afectiva, destaca la falta se sentimientos de culpa, la ausencia de empatía y las emociones superficiales, junto con la incapacidad de responsabilizarse de los actos cometidos. En la faceta de la conducta o del estilo de vida predomina la irresponsabilidad en el cumplimiento de las obligaciones, la búsqueda de excitación, la impulsividad, la falta de metas realistas y un ánimo de vivir a costa de los demás (vida parásita). Finalmente, en la faceta antisocial, los psicópatas muestran una notable falta de autocontrol, problemas precoces de conducta, delincuencia juvenil, una amplia versatilidad delictiva y el quebrantamiento frecuente de las condicions de la libertad vigilada o condicional.

Si quieres saber más sobre los rasgos de personalidad de asesinos y delincuentes, necesitas leer Perfiles criminales: Un recorrido por el lado oscuro del ser humano, de Vicente Garrido.

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Perfiles criminales ya está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel de Paidós.