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4 Bookets con hombres protagónicos

Con la guía de cuatro hombres que nos llevarán a cuatro historias que te atrapan desde la primera línea; conduciéndote por escenarios llenos de intriga, romance, frustración y ansiedad. Aquí 4 BOOKETS con hombres protagónicos.

1. ‘El juego del ángel’ de Carlos Ruiz Zafón

Barcelona, años 20. Un joven escritor recibe la oferta de un misterioso editor para escribir un libro como no ha existido nunca, a cambio de una fortuna, o más. Lleno de aventura, intriga, romance, este libro nos embruja en un relato excepcional.

2. ‘Riña de gatos’ de Eduardo Mendoza

Anthony Whitelands llega a Madrid en la primavera de 1936 y en su llegada deberá de autenticar un cuadro desconocido cuyo valor económico puede resultar determinante para favorecer un cambio político en la historia de España.

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3. ‘iBoy’ de Kevin Brooks

Tom Harvey es un chico ordinario de 16 años. Hasta que una colisión le cambia la vida para siempre.  Ahora es distinto. Ahora es iBoy. Tom tiene piezas de un iPhone en su cerebro y ve más de lo que cualquier ser humano podría imaginar. Conectado siempre a la red, Tom no puede eliminar el día que sucedió ni las consecuencias que le han traído.

4. ‘El Perfume’ de Patrick Süskind

Jean Baptiste Grenouille tiene un prodigioso sentido del olfato, convirtiéndose en el mejor elaborador de perfumes. Pero Grenouille es repulsivo y grotesco ante los ojos de las mujeres. Como venganza, elabora un perfume que subyuga la voluntad de quien lo huele, para obtener esta esencia necesita los fluidos corporales de jévenes vírgenes, esto lo lleva a convertirse en un obsesivo y cruel asesino.

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“El perfume” de Patrick Süskind

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En el siglo XVIII vivió en Francia uno de los hombres más geniales y abominables de una época en que no escasearon los hombres abominables y geniales. Aquí relataremos su historia. Se llamaba Jean- Baptiste Grenouille y si su nombre, a diferencia del de otros monstruos geniales como De Sade, Saint- Just, Fouché, Napoleón, etcétera, ha caído en el olvido, no se debe en modo alguno a que Grenouille fuera a la zaga de estos hombres célebres y tenebrosos en altanería, desprecio por sus semejantes, inmoralidad, en una palabra, impiedad, sino a que su genio y su única ambición se limitaban a un terreno que no deja huellas en la historia: al efímero mundo de los olores.

En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre; las curtidurías,  a las lejías cáusticas; los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo; el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, sí, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.

Y, como es natural, el hedor alcanzaba sus máximas proporciones en París, porque París era la mayor ciudad de Francia. Y dentro de París había un lugar donde el hedor se convertía en infernal, entre la Rue aux Fers y la Rue de la Ferronnerie, o sea, el Cimetière des Innocents. Durante ochocientos años se había llevado allí a los muertos del hospital Hôtel-Dieu y de las parroquias vecinas; durante ochocientos año, carretas con docenas de cadáveres habían vaciado su carga día tras día en largas fosas y durante ochocientos años se habían ido acumulando los huesos en osarios y sepulturas. Hasta que llegó un día, en vísperas de la Revolución francesa, cuando algunas fosas rebosantes de cadáveres se hundieron y el olor pútrido del atestado cementerio incitó a los habitantes no sólo a protestar, sino a organizar verdaderos tumultos, en que fue por fin cerrado y abandonado después de amontonar los millones de esqueletos y calaveras en las catacumbas de Montmartre. Una vez hecho esto, en el lugar del antiguo cementerio se erigió un mercado de víveres.

Fue aquí, en el lugar más maloliente de todo el reino, donde nació el 17 de julio de 1738 Jean-Baptiste Grenouille. Era uno de los días más calurosos del año. El calor se abatía como plomo derretido sobre el cementerio y se extendía hacia las calles adyacentes como un vaho putrefacto que olía a una mezcla de melones podridos y cuerno quemado. Cuando se iniciaron los dolores de parto, la madre de Grenouille se encontraba en un puesto de pescado de la Rue aux Fers escamando albures que había destripado previamente. Los pescados, seguramente sacados del Sena aquella misma mañana, apestaban ya hasta el punto de superar el hedor de los cadáveres. Sin embargo, la madre de Grenouille no percibía el olor a pescado podrido o a cadáver porque su sentido del olfato estaba totalmente embotado y además le dolía todo el cuerpo y el dolor disminuía su sensibilidad a cualquier percepción sensorial externa. Sólo quería que los dolores cesaran, acabar lo más rápidamente posible con el repugnante parto. Era el quinto. Todos los había tenido en el puesto de pescado y las cinco criaturas habían nacido muertas o medio muertas, porque su carne sanguinolienta se distinguía apenas de las tripas de pescado que cubrían el suelo y no sobrevivían mucho rato entre ellas y por la noche todo era recogido con una pala y llevado en carretera al cementerio o al río. Lo mismo ocurría hoy y la madre de Grenouille, que aún era una mujer joven, de unos veinticinco año, muy bonita y que todavía conservaba casi todos los dientes y algo de cabello en la cabeza y, aparte de la gota y la sífilis y una tisis incipiente, no padecía ninguna enfermedad grave, que aún esperaba vivir mucho tiempo, quizás cinco o diez años más y tal vez incluso casarse y tener hijos de verdad como la esposa respetable de un artesano viudo, por ejemplo… la madre de Grenouille deseaba que todo pasara cuanto antes. Y cuando empezaron los dolores de parto se acurrucó bajo el mostrador y parió allí, como hiciera ya cinco veces, y cortó con el cuchillo el cordón umbilical del recién nacido. En aquel momento, sin embargo, a causa del calor y el hedor, que ella no percibía como tales, sino como algo insoportable y enervante- como un campo de lirios o un reducido aposento demasiado lleno de narcisos-, cayó desvanecida debajo de la mesa y fue rodando hasta el centro del arroyo, donde quedó inmóvil, con el cuchillo en la mano.

Extracto de “El Perfume“, un libro escrito por Patrick Süskind.

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Uno de los grandes fenómenos editoriales a escala mundial llevado al cine.

Los 10 libros favoritos de los mexicanos, según Facebook

Hace varias semanas, Facebook hizo una dinámica entre sus usuarios para determinar cuáles eran sus libros favoritos. 130 mil personas participaron en esta encuesta y, con base en sus respuestas, la compañía de Mark Zuckerberg hizo una lista de los 10 libros favoritos de varios países, incluido México.

Así pues, aquí te compartimos la lista de los 10 libros favoritos de los mexicanos, según Facebook.

1. Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

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2. El principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

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3. Harry Potter, de J. K. Rowling.

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4. El perfume, de Patrick Süskind.

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5. Aura, de Carlos Fuentes.

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6. El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez.

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7. Rayuela, de Julio Cortázar.

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8. El diario de Ana Frank, de Ana Frank.

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9. La tregua, de Mario Benedetti.

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10. Eso, de Stephen King.

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¿Qué opinas de esta lista? ¿Crees que debería estar algún otro título?