Archivo de la etiqueta: novela histórica

Detrás de cada ventana un misterio y de cada puerta un secreto

“La casa de los secretos”, de María de Lourdes Victoria en el sello Planeta, es una hermosa historia ambientada en el México durante la intervención francesa y la Revolución. De forma minuciosa, la autora aborda ambos momentos históricos logrando una novela llena de pasión, ambición y misterios, que nos sumerge en las tradiciones y costumbres tanto culinarias como religiosas de Oaxaca. Así como también en leyendas y creencias populares.

Es el año de 1838, Gabino es un niño de 8 años que es feliz tocando la flauta y tomando agua de horchata. Su madre, una mujer tejedora no sólo de historias, un día lo entrega a Doña Catalina, esposa legítima de Don José, padre de Gabino. Ahí crece lleno de amor a lado de su medio hermano y se forja como militar. Gabino es un personaje que crece y perdura hasta muchas décadas después, formando parte también de la historia donde Patricia, quien vive en la época de la Revolución en una antigua casona, emprenderá un doloroso viaje al pasado debido a lo que va descubriendo en voz de la anciana Cienne.

María de Lourdes Victoria (Veracruz, México). Radica en Estados Unidos. Es escritora de novelas, cuentos y literatura infantil, tanto en inglés como en español. Sus cuentos han sido publicados en prestigiosas revistas literarias, como Nimrod y Quercus Review. Otros libros publicados: Su primera novela, “Los hijos del mar”, fue finalista del Premio Mariposa en la Feria Internacional de Libros Latinos en 2006. “Más allá de la justicia”, su segunda novela, fue finalista del Premio Planeta 2010 y recibió Mención Honorífica en la categoría de Mejor Novela en Español en los International Latino Book Awards en 2012.

CASA DE LOS SECRETOS PAL BLOG

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Dos vidas unidas por un secreto.

“La romana indómita”, La lucha entre padre e hija va más allá de intereses políticos.

El futuro del Imperio romano. La romana indómita” de la autora  Anacristina Rossi es la historia de un tirano a quien el poder trastorna de tal modo que destruye lo que más ama.

En tiempos de internet pensar en una orden tan autoritaria que impida a las personas escribir sobre algo o alguien se antoja imposible; sin embargo, en el año 27 antes de Cristo, la vida transcurría de otra manera y, a partir de la Batalla de Accio, el Augusto prohibió que se escribiera sobre su imperio y acabó con los historiadores que había en Roma.

La romana indómita, publicada en el sello Planeta, va más allá de la historia de esa transformación dictatorial que afecta no solo al Imperio sino a sus dependientes, entre ellos a Julia, la hija de Augusto, ya que pese al amor que se profesan no pueden evitar confrontarse por sus ideas y acciones políticas.

“Soñaba con Julia, no con la mujer adulta, voluntariosa y terca que insitía en enseñarle cómo gobernar; no con la hija arrogante que pretendía tener los mismos derechos que él. Soñaba con una Julia invariable que estaba detrás de ésas y que él había amado desde que nació. Hasta que obtuvo la respuesta: porque en algún momento Julia cambió”

De ahí que esta novela histórica, La romana indómita, sea resultado de una enorme labor realizada por la autora  Anacristina Rossi, para investigar exhaustivamente la Roma de los últimos años antes de Cristo y los primeros después de él, cuando el gran imperio y todos los territorios que lo conformaban estaban bajo la orden de un solo hombre, con un poder tan inmenso que se transformó en un tirano: Julio César Octaviano, recién designado Augusto.

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El futuro del Imperio romano. La romana indómita es la historia de un tirano a quien el poder trastorna de tal modo que destruye lo que más ama

“Cuauhtémoc: La defensa del Quinto Sol” de Pedro Ángel Palou

Cuauhtémoc fue el último emperador Azteca, fue aquel que vio el ocaso y fin del imperio de Tenochtitlan. Incapaz de dimensionar el terror que viviría su gente al no rendirse, los llevó a una última batalla tratando de conseguir lo imposible.

El libro de Pedro Ángel Palou titulado “Cuauhtémoc:  La defensa del Quinto Sol” narra la historia de Ocuilin, un sirviente cercano al emperador azteca que se encargó de registrar los convulsos días desde la perspectiva de los derrotados.

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Aquí un extracto:

“Año 1 Caña

¿Que cómo sé yo todo esto? Sepan todos lo que vean este documento que yo me llamo Ocuilin, sepan que soy un enano huasteco. Bufón, paje, criado. Llámenme como quiera en un idioma que no es el mío, y que me pesa como me pesan su Dios y su rey y mis días en este lugar que ustedes llaman Nueva España . Con esta declaración hago mi testamento. Y estoy esperando la muerte de la que ninguno se puede escapar, la cual a nadie abandona. Mi cuerpo lo dono a la tierra, que pues de ella salió; ya que es tierra, es lodo. Y deseo que tan sólo sea envuelto en una manta para que así sea enterrado.

Quiso la suerte que se me asignara cuidar al joven Cuauhtémoc desde su entrada al Calmécac. Lo acompañé hasta su muerte camino a esa tierra que ustedes llaman Hibueras. Lo presencié todo , lo observé todo, lo escuché todo. ¿Eso les basta para confiar en mí y seguir leyendo? O tal vez tenga que decirles que ahora sigo mi oficio en las manos de quien fuese su mujer, Tecuichpo, bautizada por los españoles como Isabel de Moctezuma, y casada por segundas y terceras y cuartas nupcias con un teul, como le llamamos nosotros a los de Castilla. No lo sé ni me importa. No escribo esto, como tantos otros, para obtener falsas dádivas de la Corona o de capitán alguno. Lo hago para que quede memoria, recuerdo. Para disipar también una que otra mentira. No se me juzgue entonces si digo silla, porque uso la palabra castilla y no ictpalli para que se me entienda. Escribo en castilla, no en náhuatl, aunque use palabras de mi lengua allí donde no sé que escribir ya. Y me obligo a mi mismo a traducirme e interpretarme y otra vez como enloquecido. Soy fiel a mi memoria. Eso es lo que vale.”

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La sangre al río: la pugna ignorada entre Maclovio Herrera y Francisco Villa

– Mi general, le vengo a informar que voy a matar a Francisco Villa.

Un ligero sobresalto en la mirada del presidente Álvaro Obregón delata su sorpresa. Después de intercambiar con él palabras insustanciales acerca del clima y la economía en Torreón, desde donde viajó a la Ciudad de México, Jesús Herrera se ha dejado de rodeos. Las puertas de Palacio Nacional se abrieron para él gracias a la cercanía que sus hermanos, los difuntos generales Luis y Maclovio Herrera, tuvieron con Obregón. El presidente mantiene una expresión serena sólo traicionada por la pérdida de la sonrisa, por su silencio y por el tamborileo de sus dedos sobre unos documentos que descansan en el escritorio.

– No le vengo a pedir permiso, general- continúa Jesús, sin dejarse intimidar por el silencio y la actitud inquisitiva del presidente-; le vengo a avisar. Esa fiera se ha ensañado con mi familia. De los hombres sólo quedo yo, y ya ha intentado matarme. Hace apenas unos días me mandó dos asesinos a Torreón. Gracias a Dios, un pariente lejano que andaba en Canutillo por negocios se dio cuenta de los movimientos y me previno. La policía agarró a los matones cuando entraban armados en mis oficinas; llevaban mi nombre anotado. Mi general, usted conoce a Villa tan bien como yo: no va a parar hasta verme muerto y es muy capaz de seguirse con las mujeres y los niños; acuérdese de que prometió acabar con todos nosotros. No voy a quedarme con los brazos cruzados. Tengo que hacer todo lo que esté en mis manos por impedir más tragedias en mi familia; de otro modo, no sería digno llamarme hijo de mis padres.

– Bueno, don Jesús -rompe su silencio el presidente-, ¿vino desde Torreón para decirme esto? ¿Por qué?

– Mire, general -continúa Herrera, recargando los antebrazos sobre el escritorio después de pasar su sombrero a la silla de junto-: yo ya tengo todo planeado y me falta poco para acabar de conseguir a la gente que se va a encargar, pero necesito pedirle un favor en memoria de mis hermanos, que en paz descansen. 

– Usted sabe que a los generales y a su señor padre siempre les guardé un particular aprecio -responde Obregón, mostrando una cautela inusual en su abierto carácter norteño.

-Como le digo, tengo todo preparado .prosigue Herrera-, pero necesito asegurarme de que mi gente pueda actuar con libertad. Acuartéleme la tropa en Parral, o si se puede, mándela fuera de la ciudad. También le quiero pedir inmunidad. No soy el único que tiene interés en este asunto; hay muchos que participamos. Todos somos hombres comunes y corrientes. Somos gente pacífica, pero no hay uno entre nosotros con quien no tenga Villa cuentas pendientes: al que no ha tratado de asesinar, le ha matado familiares o lo ha despojado. Todos vivimos bajo amenaza; en esto hay mucho de defensa propia; no sería justo que saliéramos perjudicados por protegernos. 

-Mire, don Jesús -expresa por fin Obregón-, a este país lo que le urge es pacificarse. El gobierno no quiere participar en más actos de violencia.

Con el estómago hecho nudo, Jesús se esfuerza por evitar que la decepción se le note en la cara.

Extracto de La sangre al río: La pugna ignorada entre Maclovio Herrera y Francisco Villa, de Raúl Herrera Márquez.

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La sangre al río: La pugna ignorada entre Maclovio Herrera y Francisco Villa, de Raúl Herrera Márquez, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.