Archivo de la etiqueta: haruki murakami

Haruki Murakami sabe que ha llegado la hora de subirse al tren; “Los años de peregrinación del chico sin color”

Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, le gustaba sentarse en las estaciones a ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de tren, pero en el fondo no ha dejado de ver pasar los trenes. Lleva una vida holgada, tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, algo se remueve en lo más profundo de su ser. Y revive, en particular, un episodio de su juventud: dieciséis años atrás, cuando iba a la universidad, el que había sido su grupo de amigos desde la adolescencia cortó, sin dar explicaciones, toda relación con él. Así empezó la peor época de su vida, hasta el punto de que acarició la idea del suicidio. ¿Ha acabado esa época? ¿Es posible que aquello le marcara más de lo que él cree? Tsukuru decide entonces ir en busca de cada uno de los miembros del grupo para averiguar la verdad. Con la pieza de Liszt titulada Los años de peregrinación como leit-motif, comenzará esa búsqueda, que le llevará a lugares tan dispares como la ciudad de Nagoya o Finlandia, o tan recónditos como algunos sentimientos. Decididamente, a Tsukuru le ha llegado la hora de subirse a un tren.

“Los años de peregrinación del chico sin color” es una entrañable novela escrita por Haruki Murakami que trata sobre la amistad, el amor y la soledad de aquellos que todavía no han encontrado su lugar en el mundo.

Lee a continuación un pequeño fragmento de sus páginas iniciales:

“1

Desde el mes de julio del segundo curso de carrera hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivió pensando en morir. Entretanto, cumplió veinte años, pero esa muesca en el tiempo no significó nada para él. Durante esos meses, la idea de acabar con su vida le parecía de lo más natural y legítima. Todavía ahora, mucho tiempo después, ignoraba la razón por la que no había dado ese último paso, a pesar de que, en aquel entonces, franquear el umbral que separaba la vida de la muerte le habría resultado más fácil que tragarse un huevo crudo.

Si Tsukuru no llegó a consumar el suicidio fue quizá porque su fijación con la muerte era tan pura e intensa que el modo en que podría suicidarse no se asociaba en su mente a una imagen concreta. En su caso, la concreción era más bien un aspecto secundario. De haber tenido a su alcance una puerta que condujese a la muerte, la habría abierto sin titubear, sin pensárselo dos veces, como una prolongación de su día a día, por así decirlo. Pero, por fortuna o por desgracia, no encontró a mano esa puerta.

Ahora, Tsukuru Tazaki se decía a menudo que tal vez hubiera sido mejor haber muerto entonces. Así, este mundo habría dejado de existir. La idea le seducía: este mundo no existiría y lo que él tenía por realidad ya no sería real. Del mismo modo que para este mundo él ya no existiría, el mundo tampoco existiría para él.

Y sin embargo, al mismo tiempo, no comprendía por qué, en aquella época, había estado tan cerca de la muerte. Y aunque hubiera habido una razón concreta, ¿cómo era posible que ese anhelo por morir hubiese adquirido tanta fuerza como para adueñarse de él y engullirlo? Engullirlo, sí, ésa era la palabra. Al igual que el personaje bíblico que sobrevivió en el vientre de una ballena gigante, Tsukuru cayó en las entrañas de la muerte y pasó aquellos días interminables en una oscura y turbia cavidad”.

Disfruta también su Book trailer:

146810_los-anos-de-peregrinacion-del-chico-sin-color_9788483837443

146810_los-anos-de-peregrinacion-del-chico-sin-color_9788483837443.jpg

Una entrañable novela sobre la amistad, el amor y la soledad de aquellos que todavía no han encontrado su lugar en el mundo.

“Escucha la canción” y “Pinball 1973”, las primeras novelas de Murakami ahora en español

“Muchas personas ­– y con ello me refiero, en la mayoría de los casos, a la sociedad japonesa – terminan primero sus estudios, después encuentra un empleo y, por último, tras un corto intervalo de tiempo, se casan. Esto era lo que yo también, en un principio, tenía la intención de hacer. Al menos era lo que, a grandes rasgos, pensaba que acabaría haciendo. Pero, en realidad, resultó que primero me casé, empecé luego a trabajar y entonces, por fin (como pude), acabé mis estudios. Es decir, que seguí un orden completamente inverso al habitual.

Estaba casado, pero me desagradaba la idea de trabajar para un empresa, así que decidí abrir un negocio. Un establecimiento donde se pusieran discos de jazz y se sirvan cafés, bebidas y comidas. Me movía la idea, muy simple y en algún sentido optimista, de que, como me gustaba el jazz, me iría como anillo al dedo un trabajo donde pudiera escuchar música de la mañana a la noche. Pero un estudiante casado no tiene dinero, por supuesto. Así que, durante tres años, mi esposa y yo estuvimos trabajando para varios sitios a la vez y ahorrando tanto como pudimos. Y también fuimos pidiendo dinero prestado aquí y allá. Con la cantidad que conseguimos reunir abrimos un local en Kookubunji (una ciudad donde residen muchos  estudiantes), en la periferia al oeste de Tokio. Esto ocurría en 1974.

En aquellos tiempos, una persona joven no le costaba una suma de dinero tan exorbitante como ahora abrir un negocio. De modo que muchos de los que, como yo, “no querían trabajar para una empresa” abrían pequeños negocios. Cafeterías, restaurantes, bazares, librerías.  Sin ir más lejos, en los alrededores de nuestro local habías muchos establecimientos regidos por gente de mi generación. El recuerdo de la contracultura aún perduraba y abundaban los individuos que parecían recién salidos de las movilizaciones estudiantiles. En aquella época, todavía quedaban espacios libres, una especie de “resquicios”, en el conjunto de la sociedad.

Llevé al bar el viejo piano vertical que había tocado tiempo atrás en casa de mis padres, y los fines de semana ofrecía conciertos de música en vivo. En Kokubunji vivían muchos músicos de jazz jóvenes que, incluso por poco dinero, se prestaban de buena gana (creo) a tocar. Hoy en día muchos de ellos son músicos conocidos y a veces me los encuentro en los clubes de jazz que hay en diversos puntos de Tokio.

Por más que estuviera haciendo lo que me gustaba, debía un montón de dinero y, por lo tanto, ir devolviéndolo era mi mayor empeño. Había solicitado un préstamo al banco, también había pedido dinero prestado a mis amigos. En una ocasión en que no habíamos conseguido apañárnoslas de ninguna de las maneras para reunir la mensualidad que debíamos reembolsarle al banco, mi esposa y yo caminábamos de madrugada cabizbajos cuando nos encontramos el dinero que nos faltaba. No sé si debería llamarlo sincronía o señal de algo, pero era la cantidad exacta que necesitábamos en aquel momento. Era la suma de dinero que debíamos ingresar a la mañana siguiente, así que puede decirse que, realmente, nos salvamos de milagro. (A lo largo de mi vida me han ido sucediendo cosas misteriosas de este tipo). En principio, tendríamos que haberlo llevado a la policía, pero, en aquel momento, no estábamos en situación de quedar bien.

 

 

Así pues, consagré la década de mis veinte años, de la mañana a la noche, el  trabajo físico (hacer sándwiches, preparar cócteles, echar del local a borrachos malhablados.) y a la devolución del préstamo. Entretanto, decidieron reconstruir el edificio de Kokubunji donde se encontraba el local, de modo que tuvimos que dejarlo y trasladarnos a Sendagaya, al centro de la ciudad. Renovamos y ampliamos el bar, y ya pudimos poner un piano de cola, pero, con las reformas, volvieron a aumentar las deudas. Por lo visto, podía vivir tranquilo. Si pienso en aquella época, lo único que recuerdo es: “¡cuánto trabajo!”. Seguro que cuando uno se imaginaba la vida de un veinteañero normal es más divertida, pero yo apenas podía permitirme el lujo, ni en lo que se refería a tiempo ni en lo que se refería a dinero, de “disfrutar de mi juventud”. Sin embargo, incluso entonces, en cuanto disponía de un momento libre cogía un libro y leía. Por mas trabajo que tuviera, por más dura que fuese la vida, por mas agotado que estuviese, leer un libro, lo mismo que escuchar música, continuó  siendo, siempre, un gran placer. El único placer que nadie podía arrebatarme.

Cuando me acercaba al final de la veintena, la gestión del local de Sendagaya empezó a mostrar por fin síntomas de estabilidad. Aún tenía dudas, había altibajos en los ingresos según la temporada y todavía no podía confiarme, por supuesto, pero evidente que, si continuaba esforzándome como lo estaba haciendo, lograría salir adelante.

Una radiante tarde de abril de 1978 fui a ver un partido de beisbol al estadio Jingu-kyujo, que estaba cerca de mi casa, en Tokio. Era el primer encuentro de la temporada de la Central League de aquel año y jugaban los Yakult Swallows contra los Hiroshima Carp. Un partido diurno que empezaba a la una de la tarde. Yo soy seguidor de Swallows desde aquella época y, cuando daba un paseo, a menudo iba a para al campo de beisbol.

En aquellos tiempos, el Swallows era un equipo débil (su nombre, golondrina, ya lo indica),  eterno miembro de la clase B; el club era pobre y no tenía ningún jugador estrella que llamara la atención. Así que era lógico que no gozara de una gran popularidad. Por más partido de inicio de temporada que fuese, en las localidades del área de outfield casi no había nadie. Yo estaba solo, tumbado en el área de outfield , mirando el partido mientras me tomaba una cerveza. En aquella época, en las localidades del área de outfield del estadio Jingu-kyujo no había asientos de ningún tipo, sólo una pendiente cubierta de césped. El cielo estaba completamente despejado; la cerveza a presión, muy fría; en el césped verde del campo, la pelota blanca brillaba destacándose con nitidez. El bateador en  cabeza del Swallows era un tipo esbelto, un jugador desconocido, llegado de Estados Unidos, que se llamaba Dave Hilton. Fue el primero en el turno de los bateadores. El cuarto sería Charlie Manuel, quien más adelante adquiriría fama como entrenador de los Indians y los Phillies, pero que ya en aquella época era un bateador muy poderoso y viril, a quien los aficionados al beisbol japoneses llamaban “Diablo rojo”.

El lanzador inicial de Hiroshima creo que Sotokoba. El inicial de Yakult due Yasuda. En la segunda parte de la primera vuelta, cuando Sotokoba realizó el primer lanzamiento, Hilton bateó con un bonito golpe efectuado hacia el ala izquierda y logró avanzar hasta la segunda base. El sonido limpio del bate dándole a la pelota resonó por todo el estadio Jingu-kyujo, y se oyeron unos pocos y dispersos aplausos por los alrededores. En aquel instante, sin antecedente ni fundamento alguno, pensé de pronto: “Si. Quizá también yo pudiera convertirme en novelista.”

Todavía recuerdo con la claridad lo que sentí en aquel momento. Fue como si algo descendiera despacio, revoloteando, del cielo y yo pudiese cogerlo limpiamente con ambas manos. ¿Por qué razón fue a parar aquello por casualidad a las palmas de mis manos? No lo se. No lo sabia entonces y sigo sin saberlo ahora. Pero, fuera cual fuese la razón, aquello, en definitiva, ocurrió. Aquello, no sé muy bien cómo llamarlo, supuso una especie de revelación. Quizá la palabra que mejor lo defina sea “epifanía”. Y,  a raíz de aquello, mi vida cambió por completo. En el instante en que Dave Hilton dio, como prime bateador, aquel hermoso y certero golpe en el Jingu-kyujo.

Después del partido (recuerdo que ganó Yakult) cogí el tren, fui a Shinjuku y compré papel de escribir y una pluma estilográfica. En aquella época no se había generalizado el uso de los procesadores personales, así que no quedaba más remedio que ir escribiendo a mano una letra tras otra. Pero también encontré en ello una sensación fresca y novedosa. Recuerdo que mi corazón palpitaba de emoción. Porque ir trazando caracteres  con una estilográfica era algo que hacía  por primera vez en mucho tiempo.

Por la noche, ya tarde, después de trabajar en el local, me sentaba frente a la mesa dela cocina y escribía una novela. Porque aparte de aquellas horas que precedían al amanecer, apenas disponía de  tiempo libre. De este modo invertí alrededor de medio año en acabar Escucha la canción del viento. Cuando terminé el primer borrador, estaba acabando también la temporada de beisbol. Dicho sea de paso, aquel año, y contra todo pronóstico, los Yakult Swallows fueron campeones de liga y derrotaron a los Hankyu Braves, un equipo que contaba con los mejores lanzadores de las competición de Campeones de Japón. Aquella temporada de beisbol fue realmente emocionante y milagrosa.  

Pinball 1973 la escribí al año siguiente como continuación de Escucha la canción del viento. También esta novela la escribí mientras llevaba el bar, sentado ante la mesa de la cocina a altas horas de la noche. A estas obras yo las llamo, con afecto y cierto pudor “las novelas de la mesa de la cocina”. Poco después de escribir Pinball 1973 tomé la decisión de vender el local, me convertí en novelista a tiempo completo empecé a escribir una autentica novela  larga: La caza  del carnero salvaje. Creo que ésta es la obra que marca el verdadero inicio de mi carrera como novelista.

Pero, al mismo tiempo, las dos “novelas de la mesa de la cocina” son también  obras decisivas, difícilmente reemplazables, dentro de mi carrera como novelista. Son como las viejas amistades del pasado. Quizás  ya no podemos y charlemos, pero jamás olvido su existencia. Porque en aquellos tiempos fueron algo inestimable, insustituible para mi. Me alentaron, reconfortaron mi corazón.

Aun recuerdo claramente el tacto de aquello que bajó revoloteando y se posó  sobre las palmas de mis manos una radiante tarde de primavera de hace mas de treinta años en el estadio Jingu-kyujo: y en esas mismas palmas aún permanece igualmente el recuerdo de la tibieza de la paloma herida que recogí cerca de la escuela primaria de Sendagaya, también un día de primavera poco después de mediodía. Y cuando pienso en el sentido de “escribir una novela”, siempre aflora el recuerdo de aquellas sensaciones. Porque el significado que tiene para mi este recuerdo es creer en algo que debe de existir dentro de ti y soñar con la posibilidad de cultivarlo. Seguir conservando estas sensaciones todavía ahora es algo maravilloso.

                                                                                                                       Junio de 2014″

portada_escucha-la-cancion-del-viento-y-pinball-1973_haruki-murakami_201509182033

portada_escucha-la-cancion-del-viento-y-pinball-1973_haruki-murakami_201509182033.jpg

El germen del universo literario de Murakami.

‘Hombres sin mujeres’, el nuevo libro de Haruki Murakami

Hasta entonces, Kafuku se había subido a un coche conducido por una mujer en varias ocasiones y, a su modo de ver, la manera de conducir de las mujeres podía clasificarse básicamente en dos tipos: o un poco demasiado brusca o un poco demasiado prudente. Por suerte, esta última era mucho más frecuente que la primera. En términos generales, ellas conducen con mayor prudencia y cuidado que los hombres. Desde luego, uno no tiene derecho a quejarse de que alguien conduzca con prudencia y cuidado. Sin embargo, a veces esa forma de conducir puede exasperar a los demás conductores.

Por otro lado, da la sensación de que muchas de las conductoras que pertenecen al “bando brusco” se creen que “ellas conducen bien”. Se burlan de las conductoras excesivamente prudentes y se enorgullecen de no ser como ellas. Pero, cuando realizan un cambio de carril temerario, no parecen darse cuenta de que algunos de las conductores que las rodean sueltan suspiros o improperios mientras se ven obligados a utilizar el freno más de lo habitual.

También hay, por supuesto, quien no pertenece a ninguno de los dos bandos. Son mujeres que conducen con total “normalidad”, ni con demasiada brusquedad, ni con demasiada prudencia. Entre ellas, las hay bastante hábiles conduciendo. Sin embargo, incluso en esos casos, por una u otra razón Kafuku siempre notaba en ellas cierta tensión. No podría explicar de qué se trata en concreto, pero cuando va sentado al lado de la conductora percibe una “falta de fluidez” que le impide sentirse a gusto. La garganta se le reseca o se pone a hablar de cosas triviales e innecesarias para romper el silencio.

Obviamente, entre los hombres también hay quienes conducen bien y quienes no. Pero, por lo general, no le transmiten tensión. No es que vayan relajados. Seguramente también están tensos. No obstante, parecen saber cómo separar de modo natural -tal vez inconscientemente- dicha tensión de su talante. A la vez que prestan atención a la conducción, charlan y obran con un nivel de absoluta normalidad. En resumen: una cosa es la tensión y otra el talante. Kafuku desconoce dónde radica esa diferencia.

Pensar separadamente en los hombres y las mujeres no es algo que suela hacer a diario. Apenas nota diferencias en las competencias en función del sexo. Su profesión lo obliga a trabajar con el mismo número de mujeres que de hombres y, de hecho, se siente más cómodo al trabajar con ellas. Por lo general, están atentas a los detalles y saben escuchar. Pero, en lo que concierne a conducir, cuando se sube en un coche pilotado por una mujer, en ningún momento deja de ser consciente de que es una de ellas la que lleva el volante. Esa opinión, sin embargo, nunca se la ha expresado a nadie. No le parece un tema apropiado para hablar con los demás.

Extracto de Hombres sin mujeres, de Haruki Murakami.

hombres sin mujeres portada

Hombres sin mujeres, de Haruki Murakami, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

portada_hombres-sin-mujeres_haruki-murakami_201502202026.jpg

Un libros para aquellos que han amado, o al menos lo intentaron.

Lista la preventa de “Hombres sin Mujeres” de Haruki Murakami

Haruki Murakami ofrece a los lectores siete relatos en torno a la soledad que precede o sigue a la relación amorosa: hombre que han perdido a una mujer, o cuya relación ha estado marcada por el desencuentro, asisten inermes al regreso de los fantasmas del pasado, son incapaces de establecer una comunicación plena con la pareja, o ven extrañamente interrumpida su historia de amor. Otros experimentan atormentados amores no correspondidos o incluso, como en el relato protagonizado por una metamorfosis kafkiana, desconocen todavía los mecanismos del afecto y del sexo. Sin embargo, las verdaderas protagonistas de estos relatos– llenos de guiños a los Beatles, el jazz, Kafka, las mil y una noches o, en el caso del título, Hemingway– son ellas, las mujeres, que, misteriosas, irrumpen en la vida de los hombres para desaparecer, dejando una huella imborrable en la vida de aquellos que las han amado, o de los que, al menos intentaron amarlas.”

harukimurakami_hombresinmujeres

Esta es la sinopsis del nuevo libro que Haruki Murakami publicó, “Hombres sin Mujeres” y que se lanza en librerías alrededor del mundo el 3 de marzo.

Aunque aún falta una semana para que puedan adquirir el libro, ya pueden comprar la preventa en El Sótano, El Péndulo, Liverpool, Sanborns y además Librerías Gandhi lanzó una versión con instrucciones para hacer un corazón de origami.

murakamipreventa

‘Después del terremoto’: 6 impactantes relatos de Haruki Murakami inspirados en hechos reales

Komura trabajaba de comercial en un prestigioso establecimiento de Akihabara especializado en equipos de sonido. Vendía productos de alta gama y, a su sueldo, le sumaba una comisión por venta realizada. Su clientela la componían, en su mayor parte, médicos, empresarios acaudalados y provincianos ricos. Ya hacía casi ocho años que trabajaba allí y sus ingresos nunca habían sido bajos, ni siquiera al principio. Era una época de gran prosperidad económica, el precio del suelo subía y Japón entero rebosaba dinero. Parecía que todo el mundo tuviera la cartera repleta de billetes de diez mil yenes y unas ganas irrefrenables de gastárselos. Los artículos más caros eran lo que primero se vendían.

Alto, esbelto, siempre bien vestido, muy sociable, Komura había salido, de soltero, con muchas mujeres. Sin embargo, tras casarse a los veintiséis años, sus ansias de búsqueda de emoción sexual habían desaparecido como por ensalmo, de un modo extraño. Durante los cinco años que llevaba de matrimonio no se había acostado con ninguna otra mujer. Y no es que le hubieran faltado oportunidades. Sólo que había perdido el interés en los romances pasajeros. Prefería volver temprano a casa, cenar tranquilamente con su esposa, charlar un rato en el sofá y, luego, irse a la cama y hacer el amor. Esto era cuanto deseaba.

Cuando Komura se casó, todos sus amigos y compañeros de trabajo -en mayor o menor grado, aunque sin excepción- habían sacudido la cabeza incrédulos. Frente a los rasgos clásicos y agraciados de Komura, su esposa mostraba unas facciones vulgares. Y no se trataba solo de su fisonomía. Tampoco su carácter mostraba ningún atractivo en particular. Era taciturna, con un aire siempre malhumorado. Corta de talla, los brazos gruesos, la expresión obtusa.

Sin embargo, Komura -aunque ni él mismo pudiese explicarse la razón-, cuando se encontraba bajo el mismo techo que ella, sentía cómo sus tensiones desaparecían. Dormía apaciblemente por las noches. Ya no lo turbaban sueños extraños. Sus erecciones eran duras; sus relaciones sexuales, de una intimidad plena. Habían dejado de inquietarle la muerte, las enfermedades venéreas, la inconmensurabilidad del universo.

Su esposa, por el contrario, aborrecía la agobiante vida urbana de Tokio y quería regresar a Yamagata. Añoraba a sus padres y a sus dos hermanas mayores, y cuando el sentimiento de nostalgia se recrudecía, regresaba sola a su pueblo. Propietaria de un hotel tradicional japonés, su familia gozaba de gran desahogo económico y, como el padre idolatraba a su hija menor, le costeaba gustoso las escapadas. Para Komura no era una novedad volver del trabajo y encontrarse con que su mujer había desaparecido tras dejar una nota sobre la mesa de la cocina en la que anunciaba que había ido a visitar a sus padres y que volvería unos días después. Ante esto, Komura jamás había expresado una sola queja. Se había limitado a esperar en silencio el regreso de su esposa. Y una semana o diez días más tarde, ella siempre volvía, ya de mejor humor.

Sin embargo, esta vez, cinco días después del terremoto, Komura leía en la carta que ella había dejado al irse: “No volveré nunca más”.

Extracto de Después del terremoto, de Haruki Murakami.

Después del terremoto portada

Después del terremoto, de Haruki Murakami, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

146604_despues-del-terremoto_9788483834497.jpg

Un brillante fresco sobre la compasión, el coraje y la naturaleza del sufrimiento humano.

Pregúntale lo que quieras a Haruki Murakami

Los lectores de Haruki Murakami sabemos que al autor japonés no le encanta aparecer en público, y que lleva una vida más bien alejada de los medios de comunicación (a excepción, claro, de cuando promociona alguno de sus libros, tarea que ejecuta con ejemplar disciplina).

Sin embargo, algo pasó en el interior del escritor de Tokio Blues y Underground, que su editorial en Japón, Shincosha Publishing, acaba de anunciar el lanzamiento de un sitio web en el que los lectores podrán escribirle a Murakami para que luego él, personalmente, les conteste.

haruki murakami foto 1

Este sitio web llevará por título Murakami-san no Tokoro (cuya traducción podría ser El lugar del señor Murakami).

Y aunque no se ha hecho pública la dirección exacta desde la cual podrá accederse a él, representantes de Shincosha han dicho que las preguntas podrás ingresarse desde el 15 y hasta el 31 de enero de este año. Así que a esperar la dirección del sitio.

Al respecto, Murakami sólo ha dicho: “Después de tanto tiempo, me gustaría intercambiar emails con los lectores”.

Tú ¿qué le preguntarías a Haruki Murakami?

El libro más reciente que Murakami publicó en México es Underground, una obra de no ficción que recoge los testimonios de los sobrevivientes de un ataque con gas sarín que se produjo en el metro de Tokio en marzo de 1995, el cual cobró doce vidas.

underground_9786074216325.jpg

«Un libro muy necesario sobre los ataques terroristas. Una obra excelente.»
Kenzaburo Oé, Premio Nobel de Literatura 1994

 

Fuente: La Jornada.

Nuestros libros más vendidos del 2014

Se acabó 2014. Un año más donde miles de lectores nos acompañaron con sus piensos y esfuerzos. Un año en el que descubrimos sus gustos y odios. Un año en el que nos damos cuenta que los mexicanos creemos en los libros.

Con el fin de año, varias librerías publican los libros que más se vendieron durante el año, y nos llena de satisfacción encontrar que hay varios títulos de nuestra editorial que fueron los preferidos de los lectores. Aquí les dejamos los libros más vendidos del 2014 de nuestra editorial en dos de las librerías más grandes de México.

1- Cien años de soledad (Diana)- Gabriel García Márquez

El 2014 fue el año de Gabo. En el primer semestre el mundo de la literatura se vió ensombrecido con la partida del escritor colombiano de nuestro mundo, pero también fue el momento en el que nos dimos cuenta que Gabo nunca dejaría nuestros corazones. Su libro “Cien años de soledad” apareció como uno de los más vendidos en las dos librerías que reportan en la lista, un dato que nos llena de alegría.

cien años de soledad portada nueva

2- La fiesta de la insignificancia (Tusquets)- Milan Kundera

Después de catorce años sin publicar un libro, “La fiesta de la insignificancia” marcó el regreso del escritor Milan Kundera, un libro que condensa buena parte de la filosofía con que el escritor de origen checo ve la vida según la ha plasmado en sus novelas, cuentos y ensayos.

unademagiaporfavor-LIBRO-La-fiesta-de-la-insignificancia-Milan-Kundera-portada

3- Tokio Blues (Tusquets)- Haruki Murakami

El apasionante escritor japonés Haruki Murakami escribió una historia sobre Toru Watanabe, un ejecutivo de 37 años que escucha una vieja canción de los Beatles que le hace retroceder a su juventud, al turbulento Tokio de los años sesenta.Un libro lleno de melancolía y realidades.

tokio blues libro

 

Via Aristegui Noticias 

‘UNDERGROUND DE HARUKI MURAKAMI’

El alcance de las secuelas fue muy variable en función de las personas. Algunas no padecieron ninguna en absoluto; otras, por desgracia, murieron. Otros muchos sufrieron el síndrome de estrés postraumático a pesar de que físicamente salieron ilesos. Es probable que debido a la forma de actuar que domina hoy en el periodismo sólo se reflejaran los casos más graves, más visibles, en detrimento de todos los demás.

En mi caso, sin embargo, el hecho de haber estado en la escena del crimen o haber resultado afectado de algún modo por el sarín, ya era bastante importante. Reuní tantos datos como pude sin discernir si se trataba de un paciente grave o no. De las historias que recogí incluí todas las que me fueron autorizadas. Entre ellas, obviamente, también estaban las de los heridos leves que pudieron retomar pronto su vida normal. Cada uno de ellos tenía su forma peculiar de pensar, sus miedos; cada uno extrajo conclusiones personales sobre lo ocurrido. Quien lea este libro comprenderá que no es un asunto menor que se pueda pasar por alto, al margen de lo graves o no que fueran sus heridas. El 20 de marzo fue un día excepcional gravedad para todos los que se vieron envueltos en el atentado. Tenía la impresión de que al abrir el abanico a una gama más amplia de víctimas, sin guiarme únicamente por su gravedad, podría indagar de nuevo en lo ocurrido y cuestionar la imagen general, y hasta cierto punto oficial, que se había creado del atentado. Me gustaría, por tanto, que tras la lectura de este libro se reconsiderara lo sucedido.

(…)

Me gustaría que durante la lectura de este libro prestasen atención a las historias de la gente. Antes de eso quisiera que imaginaran lo siguiente: es 20 de marzo de 1995. Lunes. Una mañana agradable y despejada de principios de primavera. El viento aún es fresco y la gente sale a la calle con abrigo. Ayer fue domingo. Mañana se celebra el equinoccio de la primavera, es decir, es un día laborable en mitad de un puente. A mucha gente le hubiera gustado tomárselo libre, pero por desgracia sus circunstancias se lo han impedido. Así que usted se ha despertado a la misma hora de siempre, se ha lavado la cara, ha desayunado, se ha vestido y se dirige a la estación del metro. Se sube a un tren lleno, como de costumbre; se dirige a su puesto de trabajo. Una mañana como muchas otras. Nada especial. Uno de estos días imposibles de diferenciar en el transcurso de una vida, calcado a muchos otros, hasta que cinco hombres clavan la punta afilada de sus paraguas en unos paquetes de plástico que contienen un líquido extraño…

Extracto de Underground de Haruki Murakami

Underground

 

SINOPSIS Motivado por darle un rostro, vida e historias a las personas afectadas por los ataques de la organización terrorista Aum Shinrikyo al metro de Tokyo. Este libro entrelaza entrevistas de las víctimas del atentado para darles una voz que tenía mucho que decir sobre lo que pasó esa mañana del 20 de marzo y las consecuencias que tuvieron en sus vidas.

Te regalamos un póster de tu autor favorito en la FIL de Guadalajara

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara se acerca, Grupo Planeta tiene algunas sorpresas. Ésta por ejemplo. Cada día regalaremos dos carteles con retratos de tus autores favoritos. Búscalos en los stands de Planeta, Paidós, Tusquets y Planeta Infantil.

29NOV

30NOV

1DIC

2DIC

3DIC

4DIC

5DIC

6DIC

7DIC

Las ilustraciones corrieron a cargo de la joven artista Fernanda Galván.

Envuélvete en Murakami

Tusquets México ha preparado una envoltura especial para los libros que te hacen falta de Haruki Murakimi. No siempre es fácil encontrar una manera rápida y sencilla de transportar dos o tres libros. Esta alternativa no solo es divertida sino que también es una pequeño homenaje a la literatura japonesa.

Esta envoltura la encuentran a la venta ya en librerías con dos paquetes de 3 libros a escoger.