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Una locura gramatical que miente, una locura de verdad de Juan José Millás: “La mujer loca”

Julia trabaja en una pescadería y de noche estudia gramática porque está enamorada de su jefe, que en realidad es filólogo. En sus ratos libres, la joven ayuda en el cuidado de una enferma terminal, Emérita, en cuya casa coincide con Millás, que está haciendo un reportaje sobre la eutanasia. Durante sus visitas, el escritor se siente atraído por la idea de novelar la vida de Julia, aunque para lograrlo deberá enfrentarse a su bloqueo creativo con la ayuda de una psicoterapeuta.

La realidad trastoca los planes del escritor cuando Emérita revela un secreto que ha guardado celosamente toda su vida. Lo que había comenzado como una crónica periodística se convierte entonces en una suerte de novela en la que él se verá involucrado como personaje.

El mejor Juan José Millás regresa a la novela con “La mujer loca”, una historia en la que el lector habrá de decidir qué es verdadero y qué es falso, una investigación sobre los límites de la realidad y la ficción en una obra que condensa la esencia del maestro de la extrañeza: humor inteligente, diálogos excepcionales y una escritura provocativa. Un ejercicio de honestidad con el que afronta sus cuitas como autor desde la verosimilitud de la pura ficción.

Una novela que miente, una novela de verdad.

Disfruta a continuación un pequeño extracto de su primer capítulo:

“1

Pobrema, por ejemplo, jamás había sido escrita ni pronunciada, no estaba en ningún libro ni en ningún periódico, no formaba parte de ninguna canción, de ningún verso, ni de manual alguno de instrucciones. Nadie la añadiría a la lista de la compra. Pobrema estaba excluida del mundo de las palabras, que no toleraban su presencia. Si se acercaba a un libro le cerraban el paso antes de que cruzara la cubierta; si a un diálogo, era rechazada por los que participaban en él; si a un taller de etiquetas o rótulos, terminaba en el cubo de la basura, junto a los desperdicios de la jornada. Inhábil para pertenecer a nada o a nadie, se ocultaba durante el día y por la noche salía a respirar, pegándose, como los insectos nocturnos, a las ventanas en las que había luz. Si descubría a alguien escribiendo o hablando al otro lado, intentaba llamar discretamente su atención con la esperanza de que solicitara sus servicios. Lejos de eso, la gente corría las cortinas o bajaba las persianas como quien vuelve la vista frente a un espectáculo desagradable.

Todo esto se lo contó la palabra Pobrema a Julia una noche que se coló en su habitación y revoloteó como un insecto alrededor de la lámpara antes de posarse con mil cautelas en el borde de la mesa. La chica dice que levantó los ojos del libro de gramática que tenía delante y preguntó a Pobrema qué hacía allí.

-Yo, nada –dijo Pobrema–. ¿Y tú?

-Yo estudio Lengua –confesó la chica.

-Entonces sabrás decirme por qué , siendo una palabra, no me aceptan en ninguna frase.

Julia dice que tomó un diccionario que había sobre la mesa, junto al libro de texto, y lo abrió para buscarla, pero no dio con ella”

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Una novela que miente, una novela de verdad.

La complejidad y diversión de “Un padre extranjero”: Eduardo Berti

Dos padres y la relación silenciosa, casi ausente, con sus respectivos hijos: varones y únicos. Dos familias que intentan comprender el misterio del padre extranjero. Inmigrantes que deciden reinventarse lejos de la tierra natal, donde deben aprender otra lengua. Escritores que leen la obra de otros y, a partir de ella, buscan desentrañar algún misterio de sus propias vidas. Secretos guardados bajo llave y difíciles de compartir.

La ficción y el relato autorreferencial son los pilares de esta historia que se bifurca, de esta novela que parece combinar resultado final con making of y que reinventa —en clave ingeniosamente literaria— la tradición de la «novela del padre».

Nada es casual ni arbitrario en “Un padre extranjero”, de Eduardo Berti: la trama —emotiva, divertida, compleja— muestra una combinación perfecta de detalles; la escritura se desliza con una exquisitez que el lector agradece.

Te compartimos un pequeño fragmento de su primer capítulo ‘Cementerio Club, 1’:

“Horas antes del entierro de mi madre, la tarde en que la velaban, mi padre mandó a que dejasen sin abrir el ataúd, cuando lo usual habría sido que se exhibiera el cadáver, y sin pedir permiso a nadie enchufó un reproductor de música en un rincón e hizo sonar en la sala, a un volumen considerable, pero más bien respetuoso, una triste música compuesta por Gustav Mahler, música que siguió escuchando como en una especie de gimnasia autoflageladora durante los primeros meses de viudez, en los cuales se consagró a beber más de la cuenta y a batir récords de insomnio que ni siquiera los sedantes más aguerridos podían paliar.

En el entierro, por la tarde, después del velorio matutino, mi padre no quiso saber nada con que abriera la boca un sacerdote presente y sonriente en el cementerio, a pesar de que la «oferta» incluía su corto sermón junto con los servicios del sepulturero y otras inercias de rigor. Todo aquello sucedía en un cementerio privado de las afueras de Buenos Aires: una especie de campo de golf con tumbas; una especie de jardín con árboles muy vistosos y lápidas poco menos que invisibles en el suelo. Vaya ironía: en los últimos doce años mi madre había trabajado vendiendo tumbas (»parcelas», según la jerga que le hacían repetir) de este mismo cementerio”

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Nada es casual ni arbitrario en Un padre extranjero, de Eduardo Berti: la trama —emotiva, divertida, compleja— muestra una combinación perfecta de detalles. La escritura se desliza con una exquisitez que el lector agradece.

¿Quién es Mai Jia?

Todo lo que he hecho en mi vida ha estado dirigido a cumplir mi gran pasión, escribir. Durante 16 años, mientras llevaba una vida nómada viviendo en seis ciudades, he ido acumulando información y sabiduría para poder reflejarla en mis libros. Ese era mi objetivo.

Mai Jia

Jiang Benhu (蒋本浒) – Nació en 1964 es un pequeño pueblo de montaña, cerca de la costa meridional de China. En 1981 se alistó en el ejército y cursó estudios de radiocomunicaciones en la Academia de Ingenieros, así como de escritura creativa en la Academia de Bellas Artes del Ejército Popular de Liberación.

Empezó a escribir novelas en 1986 y siguió haciéndolo de manera relativamente anónima durante 16 años, mientras llevaba una vida itinerante y bastante curiosa, desplazándose entre seis ciudades. Pasaba el tiempo estudiando matemáticas, creando sus propios códigos y desarrollando un juego de mesa matemático, todo ello llevado por las historias que escribía. Vivió en el Tíbet durante tres años, y en ese tiempo leyó solamente un libro.

En 2002 publicó su primera novela, El don, luego de once años de trabajo en ella. Tuvo un éxito inmediato (vendiendo 15 millones de libros en China), y le valió los premios literarios más importantes de China (Premio Nacional, Premio Mao Dun, Premio Sichuan, Premio Chengdu City Goleen, Novela del año por la Asociación China de Ficción).

En El don, narra la vida de Rong Jinzhen, un chico fuera de lo común tanto física como mentalmente, educado por un extranjero en la China de los años veinte. El protagonista vive una infancia solitaria, sumergido en su propio mundo. Rong puede ver lo que los demás no ven y llega a convertirse en un genio de las matemáticas. “Los personajes absolutamente normales no funcionan en literatura. Mi protagonista padece una deformación física que se diluye con su genialidad. Tal vez ese sea su atractivo”.

Mai Jia también es considerado un maestro del cine de espías, ya que todos sus libros han sido adaptados a la gran pantalla, convirtiéndose en grandes éxitos de taquilla.

El periódico El País publicó un perfil, para leerlo completo da click aquí.