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5 canciones para escuchar mientras lees ‘Espejismo’, de Hugh Howey

Espejismo es una novela de Hugh Howey que ha vendido más de 800 mil ejemplares en todo el mundo.

Cuenta una historia distópica sobre los últimos seres humanos que habitan la Tierra dentro de un silo subterráneo que, más bien, pareciera una prisión que ellos mismos han construido. Desde allí pueden ver una imagen pixelada del exterior: un mundo devastado y contaminado que heredaron de sus ancestros. Pero esta visión que ofrecen las cámaras del silo se va degradando poco a poco, cubierta por los vientos tóxicos que matarían en pocos minutos a cualquiera lo suficientemente loco como para atreverse a salir.

Sólo hay un modo de que los habitantes del silo disfruten de una imagen clara del exterior: que envíen a alguien a la limpieza, la pena capital para todo aquel que quebrante las leyes del silo. Todos los condenados amenazan con no limpiar las cámaras pero todos acaban empleando sus últimos minutos de vida en llevar a cabo esta tarea. ¿Qué les empuja a hacerlo? El sheriff Holston siempre se ha hecho esta pregunta. Ahora está a punto de conocer la respuesta.

espejismo portada

Si no has leído Espejismo o estás a punto de hacerlo, te recomendamos que acompañes tu lectura con estas 5 canciones que harán más terrorífica aún esa experiencia.

1. El tema principal del videojuego Quake, de Nine Inch Nails

2. El tema principal de la película Elysium, de Ryan Amon

3. Street Spirit, de Radiohead

4. Sing for Absolution, de Muse

5. Into the galaxy, de Midnight Juggernauts

Espejismo, de Hugh Howey, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Destino.

‘Espejismo’, de Hugh Howey

Los niños jugaban mientras Holston se dirigía hacia su muerte. Los oía chillar como sólo chillan los niños cuando se sienten felices. Mientras sus voces atronaban frenéticas más arriba, él se tomaba su tiempo para ascender dando vueltas y vueltas por la escalera de caracol, con zancadas metódicas y trabajosas de las viejas botas que resonaban contra el metal.

Los peldaños, igual que las botas de su padre, exhibían muestras de desgaste. De la capa de pintura no quedaban más que fragmentos débilmente adheridos, sobre todo en las esquinas y partes interiores, donde nadie pisaba jamás. Los movimientos en otros tramos de la escalera levantaban pequeñas y temblorosas nubes de polvo. Holston podía sentir las vibraciones en la barandilla, desgastada hasta sacar el brillo del metal. Esto era algo que nunca dejaba de asombrarlo: que siglos de manos desnudas y pies arrastrados por el suelo pudieran desgastar el acero macizo. Una molécula cada vez, suponía. Cada vida podía llevarse una capa entera en el tiempo que tardaba el silo en llevarse esa vida.

Cada peldaño estaba ligeramente combado por generaciones de pasos, con el borde curvado como en una mueca triste. En el centro no quedaba casi ni rastro de los pequeños diamantes utilizados en su día para que la superficie no fuese tan resbaladiza. Su ausencia sólo se podía inferir por los restos originales que había a ambos lados, las pequeñas protuberancias piramidales que sobresalían de la superficie plana del acero, con sus bordes arrugados y sus manchas de pintura.

Holston levantó una de sus viejas botas sobre un viejo peldaño, se dio impulso y volvió a repetir el movimiento. Se ensimismó en la obra de los años incontables, la ablación de moléculas y vidas, capas y capas transformadas en fino polvo. Y pensó, no por primera vez, que ni la vida ni la escalera habían sido concebidas para una existencia como aquella. Los estrechos confines de aquella espiral alargada que atravesaba el silo subterráneo como un popote en un vaso no habían sido construidos para soportar un uso tan abusivo. Al igual que su cilíndrico hogar, se diría que la habían construido con otros objetivos, para fines olvidados mucho tiempo atrás. Lo que ahora servía de morada a millares de personas que se movían arriba y abajo por su estructura en repetitivos ciclos cotidianos, a Holston le parecía apropiado sólo para usarse en caso de emergencia, y por unas pocas decenas de seres humanos, a lo mucho.

Extracto de Espejismo, de Hugh Howey.

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Espejismo, de Hugh Howey, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Destino.