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Gonzalo Celorio presentará ‘El metal y la escoria’ en la Ciudad de México

Buenas noticias para todos los seguidores de Gonzalo Celorio, ganador del Premio Mazatlán de Literatura 2015.

Y es que el próximo viernes 27 de marzo, en la librería Gandhi Mauricio Achar, Celorio presentará su más reciente novela, El metal y la escoria.

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El metal y la escoria da cuenta de la migración asturiana a México en la segunda mitad del siglo XIX en contraste con el posterior exilio español republicano; del tránsito de la pobreza del inmigrante a la consolidación de su fortuna, y de ahí, a la dilapidación que de ella hacen los herederos, abismados en el alcohol, el juego y la farándula; de las vicisitudes de una familia que pasa, de la paz porfiriana, a la Decena Trágica revolucionaria.

Migraciones de ida y vuelta —España, México, Estados Unidos, Cuba, Nicaragua—, miserias y bonanzas, usurpaciones, latrocinios, extradiciones arbitrarias, enamoramientos controvertidos, traiciones, venganzas, muertes inútiles que podrían pasar por heroicas, misiones diplomáticas ocultas, excéntricos afrancesamientos en medio del desierto… y en última instancia, la contradicción como único signo de coherencia.

Todo esto plantea una terrible paradoja: la recuperación de la memoria histórica —familiar y colectiva; reivindicatoria—, que inevitablemente acabará perdiéndose en la desmemoria individual de quien ha respondido al imperativo de averiguarla.

La cita para la presentación de esta novela es a las 19:00 horas.

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El metal y la escoria, de Gonzalo Celorio, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

Gonzalo Celorio, ganador del Premio Mazatlán de Literatura 2015

El escritor Gonzalo Celorio, editor, ensayista, narrador y crítico literario mexicano, fue elegido para recibir el Premio Mazatlán de Literatura 2015.

Gonzalo Celorio es editor, ensayista, narrador y crítico literario nacido en la ciudad de México el 25 de marzo de 1948. Ha sido director del Fondo de Cultura Económica y desde 1995 es el 4.º ocupante de la silla XXVI de la Academia Mexicana de la Lengua. Cursó la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, la maestría y el doctorado en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, de donde es profesor desde 1974.

Entre sus obras destacan Amor propio, 1991; Y retiemble en sus centros la tierra, 1999; Ensayo de contraconquista, 2001, Tres lindas cubanas, 2006, y Cánones subversivos. Ensayos de literatura hispanoamericana, 2009. Fue director general del Fondo de Cultura Económica de 2000 a 2002; de 1998 al 2000, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, y coordinador de Difusión Cultural de la misma institución de 1989 a 1998.

Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que se encuentran: Orden por la Cultura Nacional 1996, otorgada por el Ministerio de Cultura de Cuba; el Prix des Deux Océans 1998, y el Universidad Nacional en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura 2008, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Es miembro 2 de la Academia Cubana de la Lengua.

El metal y la escoria, su novela más reciente, es una narración deslumbrante que logra reconstruir con las armas de la literatura el itinerario de una familia que encarna como pocas la historia reciente de México.

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SINOPSIS: En 1874, Emeterio decide emigrar a México en busca de fortuna, y se despide de sus padres en una perdida aldea de Asturias. En México, su trayectoria le llevará de mozo de tienda, que duerme bajo el mostrador, a dueño de un emporio de establecimientos de bebidas alcohólicas. Pero sus esfuerzos exitosos en los negocios no se verán recompensados por la labor de sus hijos, que despilfarrarán la fortuna en una vida disipada con continuos viajes a Madrid, ni por sus hijas, condenadas a un papel secundario en una sociedad machista. Cuando uno de sus nietos, en la tercera generación, retome la iniciativa económica tendrá que enfrentarse con una amenaza inesperada y devastadora: la pérdida de la memoria.

El Premio Mazatlán de Literatura fue instituido a finales de 1964 por el Gobernador del Estado, Sr. Leopoldo Sánchez Celis, ante la iniciativa del Lic. Francisco Rodolfo Álvarez, Raúl Rico Mendiola y Antonio Haas para galardonar anualmente a la persona que hubiera producido, en los dominios de la Literatura Mexicana, la obra más sobresaliente en el año precedente y que se entregaría dentro de las festividades del carnaval de Mazatlán.

En esta primera edición, el reconocimiento correspondió a la obra del poeta José Gorostiza. El premio fue entregado en el marco de la velada de los Juegos Florales, verificada en el Teatro Zaragoza.

La entrega del premio literario fue interrumpida en 1972, cuando ni Carlos Fuentes ni el Gobernador ni el Mantenedor, asistieron a la magna ceremonia. La renuncia de Fuentes al premio, motivada por la actitud del gobierno estatal contra el movimiento estudiantil que vivía la UAS, convirtió la entrega en un asunto político, cerrándose así esta primera época.

Durante estos ocho años, se contó con el apoyo del INBA para la organización del evento. El galardón era, entonces, el más importante estímulo -por difusión y su monto- al que los escritores publicados en México podían obtener fuera de la capital del país.

Antonio Haas impulsó la reposición del Mazatlán de Literatura con el apoyo de Raúl Rico González. Desde 1984 sólo se contó con el apoyo del Gobierno del Estado para su entrega, y en 1996 la Universidad Autónoma de Sinaloa se sumó al evento. Aunque el Premio Mazatlán de Literatura ya no constituye uno de los galardones de mayor estímulo a nivel nacional, por su tradición y el renombre de los premiados sigue siendo uno de los más importantes en el país.

En 1994, por iniciativa del gobierno municipal en acuerdo con la agrupación civil Amigos del Teatro Angela Peralta decidieron que el Mazatlán de Literatura fuera separado de los eventos populares del carnaval, con la idea de que el máximo premio literario del puerto merecía un evento más adecuado a su carácter y nivel cultural.

Para 1995, ante el embate de la crítica de diversos sectores por la ocurrencia de las autoridades públicas y civiles, optaron por rectificar que el Premio Mazatlán de Literatura volvería a realizarse dentro de las fiestas del Carnaval.

A partir de 1996, por iniciativa de Raúl Rico González, se realiza la Velada de las Artes dentro de las festividades del Carnaval y durante esta ceremonia se entrega el Premio Mazatlán de Literatura.

Gonzalo Celorio revela el origen ‘El metal y la escoria’, su novela más reciente

El metal y la escoria es la más reciente novela de Gonzalo Celorio, autor de títulos tan emblemáticos como Y retiemble en sus centros la tierra, Amor propio y Tres lindas cubanas, todos publicados bajo el sello Tusquets.

El metal y la escoria es una biografía, autobiografía, relación histórica, crónica, homenaje, saga familiar, reflexión metaliteraria y novela que da cuenta de la migración asturiana a México en la segunda mitad del siglo XIX, en contraste con el posterior exilio español republicano; del tránsito de la pobreza del inmigrante a la consolidación de su fortuna, y de ahí, a la dilapidación que de ella hacen los herederos, abismados en el alcohol, el juego y la farándula; de las vicisitudes de una familia que pasa, de la paz porfiriana, a la Decena Trágica revolucionaria.

Pero bueno, quién mejor que su autor para contarnos todo sobre su más reciente libro, incluyendo los elementos autobiográficos que dieron pie a su escritura.

El metal y la escoria está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

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Gonzalo Celorio

Una dura y entrañable novela sobre la migración asturiana a México

‘El metal y la escoria’, la nueva novela de Gonzalo Celorio

La mujer de gruesas carnes, olorosas a pesebre y a morcilla, le dio la bendición sin llantos ni palabras: sólo con el ademán de aquellas manos curtidas por el bálago y el carbón, las almaradas y la piedra pómez, tan diestras para ordeñar vacas como para bordar sábanas y servilletas. Del padre tampoco recibió palabra alguna; sólo una caricia enérgica en la nuca. 

Emeterio vio por última vez aquellos bultos negros contra el sol del amanecer. De saber que así habría de recordarlos siempre -parados en medio del patio terregoso de La Texa, recortados por la luz rasante a sus espaldas-, hubiera vuelto la cabeza para clavarse en la memoria el semblante, la expresión, la piel de aquellos rostros que el sol le impedía ver con precisión y que el tiempo iría cubriendo de neblina, pero el miedo de arrepentirse y quedar convertido en estatua de sal le mantuvo la mirada adelante, fija en el punto en el que pensó que se encontraba el porvenir.

Sus padres se quedaron inmóviles en el patio, entre el revoloteo de las gallinas y el ladrido de los perros, hasta que Emeterio se perdió, cuesta abajo, entre los vericuetos del caserío. Un poco más de tiempo todavía, hasta que se hicieron a la idea de que ese agujero de sus carnes no se taparía con suspiros deshilvanados, sino haciendo todo lo que su hijo hacía: sacar el agua del pozo, recoger la leña del castañedo, cargar el burro con el saco de maíz para llevarlo a la tahona, afilar la guadaña y segar la mala hierba del huerto, cuidar a las gallinas de la constante amenaza de los raposos, triturar la paja para alimentar a las vacas y al pollino, sacar el estiércol del establo y volcarlo en el prado, custodiar la ya hipotecada pomarada por las noches con la escopeta cargada con cartuchos de sal para espantar a los ladrones de manzanas.

En el puente de piedra, por el que se cruza el enjuto río Bedón para llegar a la plazoleta del poblado, Emeterio se topó con la niña Crisanta, a quien se le había adherido el polvo de la pendiente a las mejillas recién lavadas. Llevaba la herrada al hombro para sacar agua del pozo. Él no supo qué decirle; ella, tampoco: lo miró de frente, como nunca lo había visto, pues antes de esa mañana sólo había recibido las miradas penetrantes de Emeterio que se le clavaban en la nuca durante la misa de los domingos. Ella puso el cubo de madera en el suelo. Él la tomó de la mano. A ella, en un parpadeo, se le quedó una lágrima temblando en las pestañas.  Él estuvo a punto de enjugarla y decirle una mentira, pero ella se la secó con el dorso de la mano. Alzada de puntitas, estrenando pantorrillas de mujer, le dio un beso furtivo que le tapó la boca. Y se alejó corriendo, con el rostro encendido y las sienes palpitantes, rumbo a su casa, para estar ahí de regreso antes de que sus padres se percataran de su desmañanada ausencia.

Extracto de El metal y la escoria, de Gonzalo Celorio.

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El metal y la escoria, de Gonzalo Celorio, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.