“Mistralia”, la novela de Eugenio Fuentes

“Algo esta muriendo en este instante”, pensó con una intensa claridad, pero no se lo dijo a Santi, porque se habría reído y, todo lo mas, lo habría interpretado como un reflujo de la melancolía que a ella le provocaba el otoño: las hojas secas derramándose sobre hojas secas, el tibio y dulzón olor a podredumbre o el aroma a regaliz de algunas setas venenosas, las charcas llenas de residuos donde solo bebían los mosquitos, los gritos lastimeros de los ciervos en celo, la sensación de aplastar semilleros de huevos y de larvas al caminar por el interior del bosque. Hasta las tinieblas supuraban una humedad que despertaba el deseo de encender hogueras, porque fuera del coche no se veía nada. Giro la cabeza hacia la ventanilla y miro hacia el cielo: no había luna y únicamente el chisporroteo de las estrellas ponía un temblor de movimiento en la fría y plateada noche, la primera de noviembre.

-¿Quieres un cigarrillo?-le ofreció Santi.

-Enciéndemelo, anda-le pidió mientras se colocaba los tirantes del sujetador.

-Vale.

A la luz de la llama distinguió su perfil. Era un chico guapo, fuerte, con mucho dinero bien empleado en el dentista, cinco años mas joven que ella, pero con buena educación sexual: sabia lo que les gustaba a las mujeres. Cierto que no se podía hablar de demasiados temas con él, porque era algo simplón, con un sentido del humor elemental y precario en cuanto se elevaba un poco el nivel de ironía, pero había comprobado que muchachos así resultaban los mejores amantes: flexibles como delfines, ingenuos y cariñosos como mascotas y sin capacidad de decepcionar, porque no se hacia demasiadas ilusiones con ellos y sabia todo lo que podían ofrecer.

-Toma

Dio una calada profunda y placentera. Después de hacer el amor sentía todo el cuerpo tan sensible que el paladar creía distinguir el sabor del humo de la nicotina. Se desperezo un poco, y se rebullo para acomodar su postura en el asiento tumbado. Así veía mas cielo, el enjambre de astros que giraban alrededor del gozne de la estrella polar. Por el este, una incipiente claridad iba apareciendo sobre el perfil de Sierra Ufana. Santi abrió un resquicio el cristal de la ventanilla para ventilar el humo y arrojar la ceniza y, de paso, deshacerse del preservativo. De afuera les llego entonces el potente, oscuro murmullo de las aspas: zuuuumm, zuuuumm, zuuuumm.

-¿Te ha gustado?- le pregunto cogiéndole la mano.

-Mucho- respondió ella

-A mi también

Apuraron los cigarrillos, cerraron los ojos y se quedaron adormecidos aprovechando los últimos coletazos del bienestar generado por el baile, por el alcohol, por la marihuana, por el sexo.”

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Sinopsis- Una mujer aparece muerta en uno de los modernos molinos de energía eólica que se han instalado recientemente en Breda. Se trata de Esther Duarte González, ingeniera de la empresa Mistralia que explota esa planta de energía. ¿Asesinato o suicidio?

Cuando el detective Ricardo Cupido recibe de la empresa el encargo de investigar lo ocurrido, no se imagina los muchos entresijos por donde lo conducirán sus pesquisas. El parque eólico ha sido y sigue siendo fuente de conflictos entre los vecinos porque, aunque todos aprovechan para vender sus terrenos para una ampliación, les irrita sobremanera que una pareja ecologista madrileña, Vidal y Sonia, se nieguen a vender, lo que echará al traste el negocio. Ni siquiera entre los ejecutivos de la empresa las cosas están claras. Cupido sabrá de la agitada vida sentimental de Esther y de las tensiones internas en el trabajo a través de Senda Burillo, una joven ingeniera destinada a sustituirla y por la que no puede evitar sentirse atraído.

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Eugenio Fuentes

Ricardo Cupido regresa con un nuevo caso en el que los intereses empresariales y las energías renovables avivarán los odios y las rencillas entre los vecinos de Breda.

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