Memorias de un francotirador en Stalingrado

Todo el mundo recuerda su infancia. Algunos rememoran aquellos días con amargura, otros con sentimiento y orgullo: “¡Ah, que infancia la mia!”. Sin embargo, nunca he tenido ocasión de oír a nadie tratando de definir cuándo empieza o acaba la juventud. Por lo que a mí respecta, lo ignoro. ¿Por qué? Probablemente porque damos nuestros primeros pasos  en el territorio de la infancia sin percatarnos y sin que de ellos quede rastro en la memoria, y porque el paso de la infancia a la juventud se produce de forma espontánea y pueril, sin una visión reflexiva sobre el mundo. No por nada hablamos de “niños mayores”. Se hace difícil decir a qué edad comenzamos a llamarlos así. En ocasiones, incluso, nos encontramos con “niños” que pasan de los veinte años, aunque difícilmente se puede presumir de ese tipo de infancia.

En mi recuerdo, el final de la infancia está marcado por las palabras de mi abuelo Andréi, que un día me llevó con él a cazar y, tras ponerme un arco y unas flechas de factura casera en las manos, me dijo:

-Dispara apuntando con firmeza y mira a los ojos de tu presa. Ya no eres un chiquillo.

A los niños les gusta jugar a ser mayores, pero aquello no era un juego. En los bosques habitan animales salvajes de verdad, bestias hábiles e inteligentes, no como las de las fantasías. Pongamos que queremos echarle un vistazo a una cabra (para ver qué clase de orejas, de cuernos o de ojos tiene); para ello, hay que camuflarse de tal modo que el animal nos mire como si fuéramos un arbusto o una brizna de heno. Hay que permanecer inmóviles, sin respirar ni pestañear. Si lo que queremos es acercarnos a la madriguera de un conejo, tendremos que reptar en la dirección del viento, para que bajo nuestro peso no cruja ni una sola hebra de hierba.

Debemos ser uno con el suelo, pegarnos a él como una hoja de arce y avanzar en silencio. Al conejo hay que cazarlo de un flechazo certero. Debemos arrastrarnos lo más cerca posible; de lo contrario, podemos errar el disparo. 

Extracto de Diario de un francotirador en Stalingrado, de Vasili Záitsev.

memorias de un francotirador en stalingrado portada

Diario de un francotirador en Stalingrado, de Vasili Záitsev, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Crítica.

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