Mejor educados: el arte de educar con sentido común

No se educa mejor cuando se ponen más reglas. Por este camino se acaba penalizando cualquier manifestación de espontaneidad. El excesivo reglamentarismo en la familia (dejo a un lado las familias numerosas, porque no tienen las mismas necesidades disciplinarias que una familia de tres o cuatro miembros) puede indicar una cierta frialdad en el trato y una cierta desconfianza en la capacidad de iniciativa de los hijos. Además, los padres que quieren someter toda la convivencia familiar a un régimen normativo, acaban descubriendo su incapacidad para hacerlo cumplir. 

Es mucho más útil establecer cinco reglas claras y estables que treinta reglas que deben ser modificadas continuamente. Cuanto más cambiéis las normas, más estaréis poniendo de manifiesto la relatividad de sus convicciones morales.

Los padres que establecen criterios de conducta claros y coherentes suelen ser también más cálidos. Pero, como ya he sugerido, para poner normas claras se deben tener convicciones claras. Los hijos de padres muy permisivos no son, en absoluto, menos agresivos que los demás, lo cual, por cierto, suele dejar a estos padres completamente desconcertados. Los padres permisivos a menudo ceden rápidamente ante las protestas de sus hijos porque no soportan verlos llorar o quejarse y les conceden lo que piden simplemente para hacerlos callar. El cariño paterno no está reñido con el rigor. Nada nos impide ser al mismo tiempo cariñosos y estrictos. 

Extracto de Mejor educados: el arte de educar con sentido común, de Gregorio Luri.

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Mejor educados: el arte de educar con sentido común, de Gregorio Luri, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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