La lucha por la ciberguerra

En octubre de 2009, cuando se abrieron las puertas del Cibermando de Estados Unidos, un servicio conjunto en el que participan las distintas armas, la marina había seguido los pasos de la fuerza aérea con la creación de su propia unidad para la ciberguerra. Todas estas nuevas organizaciones y los pronunciamientos grandilocuentes que las acompañaron hicieron que algunos tuvieran la impresión de que el ejército estadounidense apenas empezaba a interesarse en el tema y llegaba más bien tarde al juego. No es así. El Departamento de Defensa inventó Internet, y la posibilidad de usar la red en la guerra no se pasó por alto ni siquiera en sus primeros días. Ya en tiempos de la primera guerra del Golfo, los ciberguerreros estadounidenses propusieron un plan para acabar con el sistema de defensa antiaérea iraquí que empleaba ciberarmas. Poco después de esa confrontación, la fuerza aérea creó su Centro de Guerra Informática. En 1995, la Universidad de Defensa Nacional graduó a su primera promoción de oficiales adiestrados para liderar campañas de ciberguerra.

Algunos miembros del estamento militar de la década de 1990 no entendían plenamente las implicaciones de la ciberguerra y pensaban en ella en términos de “operaciones de información”, parte de la guerra psicológica, o como “operaciones de propaganda”, el uso de propaganda para influir en el desarrollo de las guerras. Otros, en particular aquellos que pertenecían a los servicios de inteligencia, veían en una Internet en permanente expansión una bonanza para el espionaje electrónico. Empezó a resultar bastante obvio que una vez que se había conseguido penetrar una red para recabar información, también era posible, con apenas pulsar unas cuantas teclas más, causar su colapso. A medida que los oficiales de inteligencia electrónica fueron siendo cada vez más y más conscientes de estas implicaciones, tuvieron que hacer frente a un dilema. El personal de inteligencia comprendió que si le decía a los “operadores” (las unidades de combate) que Internet posibilitaba un nuevo tipo de guerra, perderían parte del control del ciberespacio a manos de los “guerreros”. Por otro lado, los guerreros seguirían dependiendo de los “geeks” de inteligencia para hacer cualquier cosa en el ciberespacio. Además, las oportunidades que ofrecía el ciberespacio para causar daños significativos al enemigo con relativa facilidad eran demasiado buenas para pasarlas por alto sin más. Con lentitud, los guerreros comprendieron que los geeks habían encontrado un filón.

Extracto de Guerra en la red: los nuevos campos de batalla, de Richard A. Clarke y Robert K. Knake.

guerra en la red portada

Guerra en la red: los nuevos campos de batalla, de Richard A. Clarke y Robert K. Knake, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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