La filosofía de Andy Warhol, un libro para conocer a fondo a este genio del arte contemporáneo

En cierto momento de mi vida, a finales de los años cincuenta, empecé a sentir que hacía míos los problemas de la gente que conocía. Un amigo tenía una relación desesperada con una mujer casada; otro me había confiado que era homosexual; una mujer, a la que adoraba, manifestaba síntomas agudos de esquizofrenia. Jamás había sentido que tenía problemas porque nunca había definido específicamente ninguno, pero de pronto sentía que los problemas de mis amigos se propagaban en mí como bichos.

Decidí psicoanalizarme como lo hacía tanta gente que conocía. Sentí que debía definir alguno de mis problemas (si en realidad tenía alguno) en ves de compartir vicariamente los de mis amigos.

Siendo niño había tenido tres depresiones nerviosas. una por año. Una a los ocho años, otra a los nueve y otra aún a los diez. Los ataques (el baile de San Vito) empezaban siempre el primer día de las vacaciones de verano. No sé qué significado podía tener. Me pasaba todo el verano escuchando la radio y echado en la cama con mi muñeco Charlie McCarthy y mis muñecas recortables de papel no recortadas esparcidas por la cama y debajo de la almohada.

Mi padre se iba continuamente de viaje de negocios a las minas de carbón, de modo que no le vi mucho. Mi madre me leía lo mejor que podía con su fuerte acento checoslovaco, y yo siempre le decía: “Gracias, mamá”, cuando terminaba con Dick Tracy, aunque no hubiera entendido una palabra. Me daba un poco de chocolate Hershey Bar cuando yo terminaba una página de mi libro de colorear. 

Cuando pienso en mis tiempos de la escuela secundaria, lo único que realmente puedo recordar son las largas caminatas a la escuela por el gueto checo con las babushkas y los monos de trabajo colgados de las cuerdas, en McKeesport, Pennsylvania. Yo no era espectacularmente popular, pero tenía unos cuantos buenos amigos. No me sentía unido a nadie, aunque supongo que quería estarlo, porque, cuando veía que los chicos se contaban sus problemas, a mí me dejaban fuera. Nadie me hacía confidencias. Supongo que no era el tipo al que se le confía algo. Cada día cruzábamos un puente bajo el que se usaban preservativos. Siempre preguntaba a todo el mundo qué eran, y los demás se reían.

Extracto de Mi filosofía de A a B y de B a A, de Andy Warhol.

andy warhol portada

Mi filosofía de A a B y de B a A, de Andy Warhol, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

SINOPSIS: Andy Warhol, uno de los artistas que conmocionaron el arte contemporáneo a principios de los años sesenta y cuyos cuadros se encuentran hoy entre los más cotizados, vivió sumergido en su tiempo, una época que observó con la misma mirada indagadora y crítica con la que plasmó irónicamente sus mitos en telas y objetos. Con la ayuda de la A (Andy, se supone) y de B, que «es cualquiera que me ayude a matar el tiempo» y a quien A puede llamar por teléfono durante horas para chismorrear y hablarle del amor, el éxito, el dinero, la belleza, la muerte, la vejez, el trabajo, las fiestas, la gente famosa, la ciudad y de cómo quitarse el estrés con una aspiradora, Warhol le va revelando al lector, con la seriedad de quien sabe que lo más verdadero linda a veces con lo más risible, una visión personal, irreverente y ferozmente sincera del mundo actual, canallesco, desorbitado, y con frecuencia grotesco.

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