‘Hombres sin mujeres’, el nuevo libro de Haruki Murakami

Hasta entonces, Kafuku se había subido a un coche conducido por una mujer en varias ocasiones y, a su modo de ver, la manera de conducir de las mujeres podía clasificarse básicamente en dos tipos: o un poco demasiado brusca o un poco demasiado prudente. Por suerte, esta última era mucho más frecuente que la primera. En términos generales, ellas conducen con mayor prudencia y cuidado que los hombres. Desde luego, uno no tiene derecho a quejarse de que alguien conduzca con prudencia y cuidado. Sin embargo, a veces esa forma de conducir puede exasperar a los demás conductores.

Por otro lado, da la sensación de que muchas de las conductoras que pertenecen al “bando brusco” se creen que “ellas conducen bien”. Se burlan de las conductoras excesivamente prudentes y se enorgullecen de no ser como ellas. Pero, cuando realizan un cambio de carril temerario, no parecen darse cuenta de que algunos de las conductores que las rodean sueltan suspiros o improperios mientras se ven obligados a utilizar el freno más de lo habitual.

También hay, por supuesto, quien no pertenece a ninguno de los dos bandos. Son mujeres que conducen con total “normalidad”, ni con demasiada brusquedad, ni con demasiada prudencia. Entre ellas, las hay bastante hábiles conduciendo. Sin embargo, incluso en esos casos, por una u otra razón Kafuku siempre notaba en ellas cierta tensión. No podría explicar de qué se trata en concreto, pero cuando va sentado al lado de la conductora percibe una “falta de fluidez” que le impide sentirse a gusto. La garganta se le reseca o se pone a hablar de cosas triviales e innecesarias para romper el silencio.

Obviamente, entre los hombres también hay quienes conducen bien y quienes no. Pero, por lo general, no le transmiten tensión. No es que vayan relajados. Seguramente también están tensos. No obstante, parecen saber cómo separar de modo natural -tal vez inconscientemente- dicha tensión de su talante. A la vez que prestan atención a la conducción, charlan y obran con un nivel de absoluta normalidad. En resumen: una cosa es la tensión y otra el talante. Kafuku desconoce dónde radica esa diferencia.

Pensar separadamente en los hombres y las mujeres no es algo que suela hacer a diario. Apenas nota diferencias en las competencias en función del sexo. Su profesión lo obliga a trabajar con el mismo número de mujeres que de hombres y, de hecho, se siente más cómodo al trabajar con ellas. Por lo general, están atentas a los detalles y saben escuchar. Pero, en lo que concierne a conducir, cuando se sube en un coche pilotado por una mujer, en ningún momento deja de ser consciente de que es una de ellas la que lleva el volante. Esa opinión, sin embargo, nunca se la ha expresado a nadie. No le parece un tema apropiado para hablar con los demás.

Extracto de Hombres sin mujeres, de Haruki Murakami.

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Hombres sin mujeres, de Haruki Murakami, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

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Un libros para aquellos que han amado, o al menos lo intentaron.

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