Fragmento: ‘Las carreras de escorpio’, de Maggie Stiefvater

Hoy es primero de noviembre, y alguien va a morir.

Incluso bajo el sol más cegador, el gélido mar otoñal se tiñe de azules, negros y marrones: todos los colores de la noche. Contemplo las cambiantes cenefas que el trote de innumerables casos forma en la arena.

Sacan a correr a los caballos a la playa, convertida en un sendero que separa las oscuras aguas de los acantilados calcáreos. Siempre entraña peligro, pero nunca tanto como hoy, el día de la carrera.

En esta época del año, la playa me embarga y su brisa es lo único que respiran mis pulmones. Siento las mejillas en carne viva por la arena que arrastra el viento, y los muslos me escuecen por el roce de la silla de montar. Gobernar un caballo de novecientos kilos me deja los brazos doloridos. Se me ha olvidado cómo es vivir sin frío, dormir una noche sin interrupción y cómo suena mi nombre cuando no se grita a todo pulmón de extremo a extremo de la playa.

Me siento tan, tan vivo…

Al iniciar el descenso hacia los acantilados con mi padre, uno de los comisarios de la carrera me detiene. Me dice:

– Sean Kendrick, tienes diez años y no lo sabes todavía, pero hay maneras mucho más interesantes de morir que en esta playa.

Mi padre vuelve sobre sus pasos y agarra del brazo al comisario como si este fuera un caballo inquieto. Intercambian algunas palabras sobre las restricciones de edad. Mi padre gana.

-Si tu hijo muere -insiste el comisario-, tú serás el único culpable.

Mi padre no le contesta: se limita a apartar a su semental «uisce» de allí.

En nuestro trayecto hacia el agua, recibimos empujones de animales y hombres. me deslizo bajo un caballo que, encabritado, obliga a su jinete a tirar del ramal. Sin un rasguño, me encuentro a orillas del mar, completamente rodeado de caballos marinos:  son los «capaill uisce». El color de su pelaje es tan variado como el de las piedrecitas de la playa: rojizo, dorado, blanco, marfileño, gris y azul. Los hombres les colocan unas bridas enjaezadas con borlas rojas y margaritas en un intento por rebajar la amenaza del oscuro mar de noviembre. Pero no confío en que un manojo de pétalos pueda salvarle la vida a nadie: el año pasado, un caballo marino adornado con flores y cascabeles le arrancó de cuajo medio brazo a un hombre.

Extracto de Las carreras de escorpio, de Maggie Stiefvater.

las-carreras-de-escorpio

Las carreras de escorpio, de Maggie Stiefvater, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Destino.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *