En esta morgue ocurre ‘Los que habitan el abismo’, la novela de Diego Petersen basada en hechos reales

Los que habitan el abismo es una novela de Diego Petersen Farah basada en hechos reales. Cuenta la historia de una investigación por fraude que comienza cuando el ataúd de una conocida viuda es exhumado y se descubre que su cadáver no está allí.

La foto que está abajo nos muestra la verdadera morgue donde ocurrieron los hechos de esta novela, misma que se encuentra en la lista de los libros más vendidos del momento.

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El cadáver seguía ahí, como debía, en la cajuela del coche donde lo había dejado. Se sintió ridículo verificando  que el muerto no se hubiera movido del lugar, pero el impulso de comprobar que efectivamente estuviera ahí fue superior a sus fuerzas. “Un cadáver sin cabeza no puede pensar y una cabeza sin lengua no puede gritar”, pensó Beto mientras cerraba la cajuela. Era casi medianoche, había sido un día eterno y todavía tenía que ir a entregar el cuerpo a la morgue. Sin embargo estaba satisfecho, había sido un día productivo; sabía que las fotos que traía del muerto de Ahualulco valían la pena y que el caso de la Viuda Negra iba a dar para mucho.

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Llegó al Semefo con las campanadas del reloj de El Retiro. Era una noche tranquila y había un silencio sepulcral. El olor le trajo recuerdos de su padre: la morgue huele a una extraña mezcla entre hospital y carnicería. No era raro pues a fin de cuentas eso era, la última etapa de un proceso hospitalario y la primera del rastro humano; el espacio intermedio entre la muerte médica y la carroña burocrática. El Servicio Médico Forense, Semefo era su nombre de batalla, estaba justo entre el Hospital Civil y el Panteón de Belén; la barda amarilla, que se caía a chachos como si tuviera lepra, corría desde la calle Hospital hasta la puerta de un falso estilo gótico del viejo cementerio. De hecho la morgue era parte del edificio del hospital pero los policías judiciales se encargaban de darle al ambiente un toque distinto, hosco, seco, sucio. La primera vez que entró a la morgue lo hizo de la mano de su padre, a los nueve años de edad: la enorme pintura de la Virgen Dolorosa de la entrada había logrado infundirle miedo, tanto, que los cadáveres le resultaron mucho menos grotescos. Desde entonces aquel recinto, que tantos horrores provocaba en el común de los mortales, para Beto era parte de su vida. Reconocía el olor, y no es que le gustara, pero le traía buenos recuerdos.

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Los que habitan el abismo, de Diego Petersen Farah, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Planeta.

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