El Teniente Sturm por Ernst Jünger

Durante la Primera Guerra Mundial, durante las lodosas pausas del combate, el joven teniente Sturm aprovecha para anotar las observaciones de la vida en el frente. Siendo previo al conflicto un estudioso y lector, Sturm, el alter ego de Jünger, redacta una novela que algunos de sus amigos devoran en la precariedad del campamento  militar.

Aquí un extracto:

Apenas había terminado Sturm su última frase cuando un terrible estruendo sacudió la comarca. Era como si una serie de atronadores estallidos se sucedieran en un esfuerzo furioso por superarse unos a otros. Los impactos rugían en cadena con tal rapidez que la conciencia los reducía a un solo fenómeno, único y atroz. Se tambaleó la bóveda del sótano, se formaron grietas en el techo, el aire se llenó de polvo de ladrillos y se hizo irrespirable. La ventana, por el pozo de luz de la pared, fue lanzada sobre la mesa; fuertes y sofocantes ráfagas de aire penetraron en el recinto y apagaron la llama de la lámpara de carburo. Al mismo tiempo, mordientes humareda bajaban por la escalera y por el pozo de luz. Los nervios temblaban al percibir el conocido olor de la explosión, que traía a la memoria el impacto de innumerables proyectiles.

Se oyó una voz excitada:

-¡Ataque, ataque, todos fuera!

Entre medias:

-¡Kettler, mi máscara de gas! ¡Menuda canallada, venga esas granadas de mano!

Luego salieron en tromba todos los ocupantes del sótano.

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