‘El jardín de la señora Murakami’, de Mario Bellatín

El jardín de la señora Murakami Izu iba a ser desmantelado en los días siguientes: removidas las grandes piedras blancas y negras que lo habían integrado hasta entonces. Secarían además los senderos acuáticos y el lago central, donde siempre fue posible apreciar las carpas doradas. La señora Murakami solía sentarse frente a ese lago para contemplar durante varias horas seguidas los reflejos de las escamas y las colas. Abandonó aquel entretenimiento sólo cuando enviudó. Durante esa temporada la casa se mantuvo cerrada. Las ventanas no se abrieron. Sin embargo, el jardín siguió manteniendo su mismo esplendor. La vivienda continuó al cuidado de Shikibu, la vieja sirvienta. Del jardín se encargó un anciano con mucha experiencia que había sido contratado por la señora Murakami para que lo visitara dos veces por semana.

Al final de algunas tardes, cuando las sombras hacen difusos los contornos de los objetos, la señora Murakami cree ver la silueta de su marido en la otra orilla del estanque. Hay ocasiones en que percibe cómo le hace señas con las manos. La señora Murakami suele sentarse entonces en una piedra situada en la explanada mayor y entrecierra los ojos para ver mejor el espectáculo que se le presenta al fondo del jardín. Aquellas apariciones se presentan cuando las condiciones de la atmósfera son las apropiadas. Cierta vez vio cómo el fantasma iba hundiéndose de pie en uno de los senderos acuáticos.

La muerte del marido fue un trance penoso. Pasó los últimos días en un delirio constante en el cual pidió a gritos la presencia nada menos que de Etsuko, la antigua “saikokú” de su mujer. El esposo quería ver nuevamente sus pechos. Al principio la señora Murakami pretendió no entender aquellos reclamos. Hacía oídos sordos a sus palabras y buscó siempre mantener una actitud serena al lado de la cama del moribundo. Únicamente Shikibu advirtió el pálido rubor de sus mejillas, que aparecía sobre todo cuando el marido hablaba de Etsuko delante del médico.

Extracto de El jardín de la señora Murakami, de Mario Bellatín.

El jardín de la señora murakami portada

El jardín de la señora Murakami, de Mario Bellatín, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets,

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