El curioso surgimiento de los Rayos X

Los esqueletos que penden de forma tan prominente en las salas de anatomía antiguas y modernas, en los rincones médicos de las librerías universitarias y, si a eso vamos, del patíbulo, imploran ser admirados como pura estructura. Cuando planteamos los huesos mondos de un razonamiento queremos decir que explicaremos sus aspectos escenciales. Nuestros huesos mondos representan algo esencial de nosotros. Son, también, una maravilla estética y de ingeniería.

La gente se precipitó a ver huesos vivos cuando surgió por primera vez la oportunidad, con la aparición de los rayos X en 1896. La Neue Freie Presse de Viena anunció el descubrimiento de Wilhelm Röntgen el 5 de enero en un artículo ilustrado con una radiografía de la mano izquierda de frau Röntgen. Sólo eran visibles sus huesos y su anillo de boda; la carne se había vuelto transparente. A los pocos días, los entusiastas fabricaban dispositivos de rayos X para su propia diversión así como para la diagnosis médica, la aplicación que Röntgen había identificado desde el principio. Tan importante fue la aceptación por parte de los aficionados que los médicos les pedían a sus pacientes que les llevaran las radiografías que habían efectuado ellos mismos en casa… una práctica que produjo unas feas quemaduras de radiación debido a los prolongados tiempos de exposición que necesitaban.

Extracto de Anatomías: El cuerpo humano, sus partes y las historias que cuentan, de Hugh Aldersey-Williams.

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Anatomías: El cuerpo humano, sus partes y las historias que cuentan, de Hugh Aldersey-Williams, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel de Paidós.

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