“El Club de los Perdedores” la nueva novela de Lorena Amkie

¿QUIÉN ELEGIRÍA PERTENECER, POR SU PROPIA VOLUNTAD, A El CLUB DE LOS PERDEDORES?

Los adultos están locos. He escuchado a muchos de ellos contar historias de cuando eran «jóvenes» y se les escapan sonrisitas traviesas y suspiran: «Ah, esos años de la secundaria…». Digo yo: o están locos o no tienen memoria. Esta es la verdad: la secundaria es una porquería. Daría lo que fuera por poder adelantarme unos diez años y dejar todo esto atrás. Y pensar que cuando iba en primaria creía que esta sería la mejor época de mi vida… Creí que todo cambiaría, no sé por qué, que yo cambiaría y también la manera en que todos me ven, que la madurez, las bubs, la bajada, la ropa, el Face, no sé, que o algo pasaría después del verano entre el final de sexto y el primer día de primero de secundaria, y un día despertaría y sería otra: Alexa reinventada. Pero nadie puede reinventarse. Nadie cambia. Somos lo que somos y esa es la peor condena. ¿Y quién soy yo? Una niña un poco extrañaa. No debería decir «niña», porque ya tengo catorce años, pero supongo que me sigo sintiendo más chica que las demás. Para empezar, siempre he sido la primera de la fila (sí, todavía nos hacen formarnos y hacer estúpidas rutinas seudomilitares). Hasta hace un año, Mariana y yo alternábamos: a veces yo era un poco más alta, a veces ella, pero en las últimas vacaciones se estiró y parece que seré la más chaparra para siempre. No hay muchas esperanzas: mi mamá es chiquitita y mi papá también. Luego: últimamente todas decidieron hacerse el fleco lacio y de lado y a mí no se me queda, por más que me paso horas y horas con la maldita secadora, el fleco se engrifa todo y se regresa. Dice mi mamá que es porque tengo un «remolino». Whatever. No es el remolino: tengo pelo de escoba y la única manera en que se queda quieto es en una cola de caballo apretadísima y con mucho gel. Cola de caballo… Peinado de niña chiquita. Por si eso fuera poco, soy pelirroja, y no como Mary Jane de Spiderman, no ese tono sexy, de modelo; más bien un rojo oscuro y feo, y vengo con el paquete de las pelirrojas: pecas en toda la cara. Las odio. LAS ODIO. Un día me las tapé con el maquillaje de mi mamá y cuando llegó casi se desmaya: me había acabado todo el bote y por lo visto era una cosa muy cara. Igual, las pecas tercas se transparentaban a través de la plasta beige, así que no gané nada. «Todo el mundo sabe que las pelirrojas son las más especiales», me dijo mi mamá en la noche, cuando se le pasó el coraje. «Especiales»… Es la palabra que mis papás usan Para decir que soy rara. «Especial». Como cuando un bebé es feo y en vez de decir: «ahh, está hermoso», dices: «ah… iqué chistoso!». También soy eso: chistosa. Soy el bufón de mi casa, la que hace reír a todos con sus imitaciones de cantantes y sus tonterías, pero en la escuela nadie podría adivinar eso, porque casi no abro la boca. Uno pensaría que quedarse callado es la mejor manera de no llamar la atención, pero «uno» estaría equivocado. En mi generación te pueden molestar por las cosas más tontas: a mí me dicen «Fósforo» por mi pelo rojo (qué estupidez, ¿no?), a otra niña le dicen «Ingenua». ¿Por qué? Porque los idiotas creen que «ingenua» significa «tonta». No saben nada, pero igual le gritan: «ingenua, ingenua» y la otra se la pasa llorando. A Ruth le dicen «Jirafa», ya saben por qué. Están «el Negro» (por la piel), «Garfio» (por la nariz), «Lennon» (porque usa lentes…), «Bieber» (porque está en el coro), y una larga lista de apodos. Y claro, los que inventan estos apodos son la gente más estúpida de la clase (i¿quién le pondría Lennon de apodo a alguien para molestar?!) pero a ellos nadie los molesta. Son intocables. Se saludan de beso, se pasan las tareas, se ponen blusas de colores abajo del uniforme. Son los populares. Y se llaman «La Sociedad». Original, ¿no? Uf.

Loren Amkie club de los perdedores

Extracto de “El Club de los Perdedores” de Lorena Amkie. Puedes adquirirlo en versión digital e impresa.

 

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