‘Diario del Búnker de Kevin Brooks’

Pensé que era ciego. Fue así como me engañó. Aún no puedo creer que cayera en la trampa. Una y otra vez revivo mentalmente todo lo que ocurrió con la esperanza d poder cambiar algo, pero el desenlace siempre es el mismo.

Era un domingo a primera hora de la mañana. Ayer por la mañana. Yo no hacía nada fuera de lo normal, solo daba vueltas por la explanada que está frente a la estación de ferrocarriles de Liverpool Street y me esforzaba por no pasar frío. Buscaba despojos del sábado por la noche. Iba con las manos en los bolsillos, la guitarra colgada a la espalda y los ojos mirando al suelo. La mañana del domingo es un buen momento para encontrar material. Mucha gente se emborracha el sábado por la noche. Tienen que correr para no perder el último tren. Se les cae de todo. Dinero, tarjetas, sombreros, guantes, cigarros. El personal de limpieza se lleva casi todo lo que pueda tener algún valor, pero a veces se les escapa algo. Una vez encontré un Rolex falso. Lo vendí por un billete de diez. Así que siempre merece la pena echar una ojeada. Pero la mañana de ayer tan solo encontré un paraguas roto y una cajetilla de Marlboro medio vacía. Dejé el paraguas, pero me llevé los cigarros. No fumo, pero siempre viene bien tener cigarros.

Así que estaba allí e iba de un lado para otro, en mi rollo, y entonces vi que dos trabajadores de la estación salían por una puerta lateral y se me acercaban. Uno de ellos era buena onda, un joven negro llamado Buddy que normalmente no me complica la vida, pero al otro no lo conocía. Era un tipo corpulento, con gorra de visera y punteras de acero en las botas, y tenía aspecto de querer buscarme problemas. Seguramente no era esa su intención, y de todos modos no creo que me hubieran hecho nada, pero siempre es mejor no correr riesgos, así que bajé la cabeza, me cubrí con la capucha y me marché hacia el sitio de taxis.

Y fue entonces cuando lo vi. Al ciego. Impermeable, sombrero, lentes de sol, bastón blanco. Estaba de pie tras una camioneta de color oscuro. Creo que era una Transit. Las puertas estaban abiertas y había una maleta de aspecto pesado en el suelo. El ciego pugnaba por meter la maleta en la parte de atrás del vehículo. No lo conseguía. Le pasaba algo en el brazo. Lo llevaba en cabestrillo.

Debía de ser muy temprano y la estación estaba desierta. Oí que los dos empleados sacaban sus manojos de llaves y se reían de algo, y por el golpeteo de las punteras de metal de tipo corpulento noté que se alejaban de mí, en dirección a la escalera mecánica por la que se sube al McDonald’s. esperé un rato para estar seguro de que no regresaban y volví a prestar atención al ciego. Aparte de la camioneta Transit, el sitio de taxis estaba vacío. Ni esos taxis de color negro ni nadie que esperara. Sólo estábamos el ciego y yo. Un ciego con el brazo en el cabestrillo.

Tuve un momento de duda.

Me dije: “Podrías marcharte, si así lo quieres. No tienes por qué ayudarlo. Podrías alejarte sin hacer ruido. Está ciego, no se va a enterar, ¿verdad que no?”.

Pero no me alejé.

Extracto de Diario del Búnker de Kevin Brooks

BUNKER

SINOPSIS Linus es un joven que vive entre las calles de Londres hasta que un día despierta en un búnker. Ha sido secuestrado. Unos días después baja una niña de nueve años y cuatro personas más. ¿En dónde están? ¿Les van a hacer algo? ¿Qué es lo que quiere el secuestrador de ellos?

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