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¿Quién carajos es Michel Foucault?

Cuando apareció la Historia de la locura, algunos historiadores franceses, de los mejor predispuestos (entre ellos, el autor de estas líneas) no advirtieron de entrada la trascendencia del libro. Foucault solamente mostraba -creí yo- que el proyecto que nos hemos formado de la locura ha variado mucho a través de los siglos. No nos decía nada nuevo; en definitiva, ya lo sabíamos: las realidades humanas revelan una contingencia radical (es la ya conocida «arbitrariedad cultural») o cuando menos son diversas y variables. No hay ni constantes históricas, ni esencias, ni objetos naturales. Nuestros antepasados tenían ideas muy extrañas acerca de la locura, la sexualidad, el castigo o el poder. Pero era como si admitiésemos calladamente que esos tiempos del error habían quedado atrás, que nosotros lo hacíamos mejor que nuestros abuelos y que conocíamos la verdad alrededor de la cual ellos habían estado dando vueltas. «Este texto griego habla del amor según la concepción que se tenía de él en la época», decíamos; pero ¿valía nuestra idea del amor más que la suya? No nos atreveríamos a asegurarlo, si hoy se nos plantease esa pregunta ociosa e inactual; pero ¿pensamos en ellos seriamente, intelectualmente? Foucault se detuvo a pensar seriamente en la cuestión.

Yo no entendí que Foucault estaba participando sin decirlo en un gran debate del pensamiento moderno: ¿la verdad es o no adecuación a su objeto, se parece o no a lo que enuncio, tal y como el sentido común supone? A decir verdad, cuesta ver por dónde acertaríamos a saber si es parecida, puesto que no tenemos otra fuente de información que nos permita confirmarlo, pero pasemos. Para Foucault, al igual que para Nietzsche, William James, Austin, Wittgenstein, Ian Hacking y muchos otros, cada uno con sus puntos de vista, el conocimiento no puede ser el espejo fiel de la realidad; al igual que Richard Rorty, Foucault no cree en ese espejo, en esa idea «especular» del saber; según él, el objeto en su materialidad no puede separarse de los marcos formales a través de los cuales lo conocemos y que Foucault, con una palabra mal elegida, llama «discurso». Todo está ahí.

Mal entendida, esta noción de la verdad como no correspondencia con lo real ha llevado a creer que, según Foucault, los locos no estaban locos y que hablar de locura era ideología; incluso Raymond Aron interpretaba así la Historia de la locura y me lo dijo sin ambages. La locura es demasiado real, basta ver un loco para saberlo, protestaba, y tenía razón: el propio Foucault profesaba que la locura, a pesar de no ser lo que su discurso dijo, ha dicho y dirá de ella, tampoco «no era nada».

¿Qué es entonces lo que Foucault entiende por discurso? Algo muy sencillo: es la descripción más precisa, más exacta de una formación histórica en su desnudez, es la puesta al día de su última diferencia individual.

Si quieres saber más sobre la figura y obra de Michel Foucault, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, entonces no dejes de leer Foucault: Pensamiento y vida, de Paul Veyne.

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Foucault: Pensamiento y vida, de Paul Veyne, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Paidós.

Procomún colaborativo: el sistema económico que llegó para derrocar al capitalismo

En la escena mundial está apareciendo un sistema económico nuevo: el procomún colaborativo. Es el primer paradigma económico que ha arraigado desde la llegada del capitalismo y el socialismo, a principios del siglo XIX. El procomún colaborativo está transformando nuestra manera de organizar la vida económica y ofrece la posibilidad de reducir las diferencias en ingresos, de democratizar la economía mundial y de crear una sociedad más sostenible desde el punto de vista ecológico.

Ya estamos presenciando la aparición de una economía híbrida, en parte mercado capitalista y en parte procomún colaborativo, dos sistemas económicos que suelen actuar conjuntamente y que, a veces, compiten entre sí. Se benefician de las sinergias que surgen a lo largo de sus perímetros respectivos y, al mismo tiempo, se añaden valor mutuamente. En otras ocasiones se oponen con fuerza y cada uno intenta absorber o sustituir al otro.

La pugna entre estos dos paradigmas económicos rivales será prolongada y muy reñida. Pero incluso en esta etapa tan temprana, está quedando cada vez más claro que el sistema capitalista, que ha ofrecido una narración convincente de la naturaleza humana y un marco organizativo general para la vida cotidiana comercial, social y política de la sociedad durante más de diez generaciones, ya ha alcanzado su apogeo y ha iniciado su lento declive. Sospecho que el capitalismo seguirá formando parte del panorama social, pero dudo que siga siendo el paradigma económico dominante de la segunda mitad del siglo XXI.

Aunque los indicadores de la gran transición a un sistema económico nuevo aún son endebles y en gran medida anecdóticos, el procomún colaborativo está en alza y es probable que hacia 2050 se establezca como el árbitro principal de la vida económica en la mayor parte del mundo. El capitalismo habrá dejado de reinar, pero seguirá prosperando una forma de capitalismo más racionalizado y práctico que hallará suficientes vulnerabilidades que explotar, sobre todo como agregador de servicios y soluciones en red, lo cual le permitirá desempeñar un papel importante en la nueva era económica. Estamos entrando en un mundo que, en parte, se encuentra más allá de los mercados, un mundo en el que aprendemos a convivir en un procomún colaborativo mundial cada vez más interdependiente.

Comprendo que esto sea inconcebible para la mayoría de la gente porque estamos condicionados para creer que el capitalismo es tan indispensable para nuestro bienestar como el aire que respiramos. Sin embargo, a pesar de los intentos de filósofos y economistas que durante siglos han afirmado que sus supuestos operativos reflejan las leyes que rigen la naturaleza, los paradigmas económicos no son fenómenos naturales, sino simples constructos humanos.

Como paradigma económico, el capitalismo ha tenido mucho éxito. Aunque su trayectoria ha sido relativamente breve en comparación con otros paradigmas económicos de la historia, es de justicia reconocer que su impacto tanto positivo como negativo en la aventura humana quizá haya sido más profundo y más amplio que el de ninguna otra era económica, con la excepción de la transición de la caza-recolección a la agricultura.

Lo irónico es que el declive del capitalismo no se debe a ninguna fuerza hostil. Frente al edificio capitalista no se agolpan hordas dispuestas a echar sus puertas abajo. Todo lo contrario. Lo que está socavando el sistema capitalista es el éxito enorme de los supuestos operativos que lo rigen. En el núcleo del capitalismo, en el mecanismo que lo impulsa, anida una contradicción que lo ha elevado hasta lo más alto y que ahora lo aboca a su fin.

Si quieres saber de qué estamos hablando, entonces no puedes perderte La sociedad de costo marginal cero: el internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, de Jeremy Rifkin.

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La sociedad de costo marginal cero: el internet de las cosas, el procomún colaborativo y el eclipse del capitalismo, de Jeremy Rifkin, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Paidós.

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Jeremy Rifkin, el analista de tendencias económicas más importante de nuestro tiempo, nos acompaña en un viaje hacia un futuro que va más allá del sistema capitalista

‘El invierno del lobo’, la nueva historia de suspenso de John Connolly

El lobo era un macho joven, solo y dolorido. Le sobresalían las costillas bajo el pelaje de color pardo herrumbre, y se aproximaba al pueblo cojeando. Aquel invierno, su manada había sido aniquilada a orillas del río San Lorenzo, pero para entonces ya se había adueñado de él el impulso de vagar, y cuando llegaron los cazadores, acababa de iniciar la marcha hacia el sur. La suya no era una manada muy numerosa: una docena de animales en total, guiados por la hembra alfa, que era su madre. Ahora todos habían muerto. Para eludir la matanza, él había atravesado el río por encima del hielo invernal, encogiéndose al oír las detonaciones. Cuando se acercaba a la línea divisorio de Maine, se cruzó con un segundo grupo de hombres, menor que el anterior, y recibió el impacto de bala de un cazador en la pata delantera izquierda. Había mantenido la herida limpia, y no se le había infectado, pero tenía dañado algún nervio y ya nunca sería tan fuerte o rápido como antes. Tarde o temprano esa herida le causaría la muerte. Le obligaba a ir más despacio, y al final los animales lentos siempre se convertían en presas. De hecho, era asombroso que hubiese llegado tan lejos, pero algo -una especie de locura- lo había impulsado a seguir hacia el sur, hacia el sur.

Se acercaba ya la primavera y pronto se iniciaría el lento deshielo. Si conseguía sobrevivir lo que quedaba de invierno, el alimento empezaría a ser más abundante. Por ahora se veía reducido a la condición de carroñero. Estaba al borde de la inanición, pero esa tarde había detectado el olor de un ciervo joven, y su rastro lo había llevado hasta las afueras del pueblo.

Olía el miedo y la confusión del otro animal. Era vulnerable. Si lograba acercarse lo suficiente a él, quizá le quedaran aún las fuerzas y la velocidad necesarias para abatirlo.

El lobo husmeó el aire y captó un movimiento entre los árboles a su derecha. El ciervo permanecía inmóvil entre unas matas, con la cola en alto en señal de alarma y angustia, pero el lobo intuyó que no era él la causa de ese malestar. Volvió a olfatear el aire. Metió el rabo entre las patas y retrocedió con las orejas pegadas a la cabeza. Se le dilataron las pupilas y enseñó los dientes.

El miedo unió por un momento a los dos animales, el depredador y la presa. A continuación se separaron: el lobo se dirigió hacia el este, el ciervo hacia el oeste. El lobo no pensaba ya en el hambre ni en la comida. Únicamente sentía la necesidad de correr.

Pero estaba herido y cansado, y el invierno aún pesaba sobre él.

Extracto de El invierno del lobo,  un caso más para el detective Charlie Parker, escrito por John Connolly.

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El invierno del lobo, de John Connolly, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Tusquets.

El neoextractivistmo: un modelo económico que está acabando con los recursos naturales y la paz social

Un boom de los commodities incentivado por la demanda de energía, minerales y metales industriales, productos agroalimentarios y otros recursos naturales por parte de la industria y de la creciente clase media asiática (especialmente de China), combinado con la especulación financiera sobre los mercados de commodities, ha provocado que los precios de las exportaciones de materias primas a lo largo de la última década se disparen, generando ganancias extraordinarias para el capital extractivo en todo el mundo, incluyendo los países latinoamericanos supuestamente progresistas. Los elevados precios de los commodities mantienen una tendencia de crecimiento continuo de las exportaciones, al tiempo que las oportunidades de tener mayores ganancias están llevando a las inversiones de carácter global a la exploración y extracción (perforación, minería, procesamiento intensivo, cosecha, etc.) de minerales, metales, combustibles fósiles (petroleo y gas), productos agroalimentarios, biogás y combustibles. Debido al implacable afán de lucro, estas actividades -dirigidas por las empresas multinacionales en esos países-han expandido y extendido la frontera extractiva hacia áreas remotas donde aún quedan enormes reservas sin explotar de minerales, fuentes de energía y productos agroalimentarios. Como resultado, Latinoamérica se ha convertido en  escenario de importantes conflictos sociales por los derechos territoriales de la tierra, el agua y los recursos naturales. Los territorios y comunidades indígenas se encuentran en el borde tanto de la frontera del capital extractivo como de los conflictos sociales relacionados.

Estos conflictos -y las presiones y luchas asociadas a ellos- enfrentan a los movimientos indígenas y campesinos con los agentes del capital global y, muy a menudo, con los estados-nación en los que se localizan las actividades extractivas y las comunidades indígenas. Ante esta situación, las comunidades indígenas y campesinas que se encuentran en las zonas donde se ubican los tan condiciados recursos y donde estos son extraídos se enfrentan a las fuerzas y a las condiciones que llevan al despojo de sus tierras, a la pérdida de su sustento, al robo y el saqueo de los recursos del subsuelo, a la degradación del medio ambiente y de su hábitat y, también, a la privatización, comercialización y contaminación del agua, de la cual dependen no solo su sustento, su salud y su bienestar, sino también su vida misma. Al mismo tiempo, mientras las compañías mineras obtienen ganancias caídas del cielo gracias a que se han montado en la ola de los precios crecientes asociados al boom de los commodities, los gobiernos han llegado a depender cada vez más de la inversión extranjera directa (IED) para la extracción de la riqueza de recursos naturales de sus países, así como de los ingresos públicos recaudados en el proceso derivado de las rentas procedentes de los recursos.

El punto en cuestión en estos acontecimientos -el neoextractivismo, según el término que se utiliza en latinoamérica- es la dinámica de un sistema en crisis. Esta dinámica de desarrollo capitalista -la cual se basa en una frontera extractiva en expansión con conflictos sociales cada vez más intensos por los derechos territoriales, la tierra, el agua y los recursos naturales asociados- puede verse a través del cristal de la lucha de clases, los conflictos políticos y las guerras por los recursos que han acompañado al proceso de extracción. El proceso de acumulación de capital y el proyecto de desarrollo asociado a él se han alejado del énfasis en la explotación de un «suministro ilimitado de plustrabajo» generado por el desarrollo capitalista de la agricultura (la extracción de plusvalor) y se han dirigido hacia la extracción y explotación de los recursos naturales. Esta es una forma de ver y comprender la dinámica política del conflicto y las fuerzas rivales desencadenadas  por el mecanismo de funcionamiento del capital extractivo y el capitalismo rentista contra el telón de fondo de un sistema en crisis: como un proceso de desarrollo de las fuerzas de producción al interior de un sistema capitalista y de su marco institucional y político. Otra forma de ver este proceso consiste en centrarse en la dinámica de lo que podríamos llamar el Estado imperial -el Estado capitalista que se encuentra en el núcleo del sistema y que activamente al capital extractivo-, que despeja el camino para la operación del capital extractivo y respalda estas operaciones con el poder que tiene a su disposición; un proyecto que, generalmente, se ha descrito y entendido apropiadamente como imperialismo.

Si quieres entender cómo el neoextractivismo está acabando con los recursos naturales y provocando numerosos conflictos sociales, no dejes de leer El Neoextractivismo, de Henry Veltmeyer y James Petras.

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El Neoextractivismo, de Henry Veltmeyer y James Petras, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Crítica.

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James Petras | Henry Veltmeyer

¿Un modelo posneoliberal de desarrollo o el imperialismo del siglo XXI?

Segunda lección para ser influyente: enseña a la gente cómo tratarte

El mundo antiguo entendió muy bien que cada quien le enseña al otro cómo tratarnos. El decoro en el mundo romano servía para dar el estilo correcto a la ocasión. Pero en la actualidad, en la vida moderna, también importa. Si caminas en una habitación con confianza y una autoridad calmada, te tratarán con respeto. Si te escabulles de manera nerviosa, no debería sorprenderte que obtengas una respuesta menos positiva. Depende de ti.

Debes ser como un piloto de avión. Necesitamos saber que estamos seguros en tus manos. Hace 20 años, uno de mis clientes estaba en el aeropuerto de Gatwick, Inglaterra, escuchando a los pilotos comunicándose con la torre de control de tráfico aéreo. Dos décadas después todavía puede recordar la voz calmada, grave y resonante del piloto del vuelo de American Airlines con destino a Chicago. La sensación de seguridad y confianza que la voz transmitía es algo que recuerda hasta el día de hoy. Una voz que decía: «estás seguro en mis manos».

Lo que hizo al piloto tan memorable fue su habilidad de comunicar, sólo con la voz, el balance entre su credibilidad, su estatus como piloto experto y el cuidado y conexión que tenía con sus pasajeros.

Ese equilibrio es que quiero que explores. ¿Qué les transmite tu estilo a los demás? ¿Eres un piloto de avión en la vida, creíble y con autoridad? O ¿eres la aeromoza, amigable y servicial?

En particular, lo que debes entender es que puedes cambiar entre la habilidad de status (piloto de avión) y de conexión (sobrecargo amigable). Éstas son herramientas directas que todos podemos alcanzar. Son prácticas y te ayudarán a mejorar de inmediato tu gravitas y tu poder de forma amigable.

La gravitas no es una constante. Es líquida, fluida y menguante. El sociólogo Max Weber dijo sobre el carisma, la audiencia te otorga tu gravitas momento a momento. Cuando entiendes la dinámica del decoro puedes cambiar y dirigir de forma sutil la atención de tu público.

Si quieres lograr el equilibrio adecuado entre credibilidad y aproximación puedes aprender mucho de los buenos presentadores de noticias. Ellos deben hacer el balance perfecto entre «tómame en serio» y «soy un ser humano compasivo y amigable». Todas las noches. Tienen un término para eso: pasión creíble. La pasión creíble (o compasión creíble si prefieres) es la ecuación gravitas en acción, es decir, tu conocimiento y tu pasión combinadas.

Si quieres aprender a desarrollar tu pasión creíble y obtener una mayor influencia sobre los demás, entonces no dejes de leer El método gravitas: los siete pasos para comunicarte con confianza, influencia y autoridad, de Caroline Goyder.

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El método gravitas: los siete pasos para comunicarte con confianza, influencia y autoridad, de Caroline Goyder, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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Caroline Goyder

Los siete pasos para comunicarte con confianza, influencia y autoridad

El hijo de Sam, el asesino serial más sanguinario de Nueva York

Después de una adolescencia problemática, atormentada, en la que destacó por sus incontables incendios y ataques contra la propiedad, David Berkowitz llegó a la veintena sin alcanzar la paz. Al revés. No dudaba en disparar contra los perros del vecindario (su obsesión con los perros era obvia) y enviar cartas anónimas con amenazas.

En 1975, su comportamiento agresivo se agudizó. En noviembre decidió encerrarse en su habitación, tapando las ventanas para que no entrase la luz, para llevar una vida de ermitaño. Sólo salía para comprar comida. Metido en su apartamento, aislado, su mente empezó a llenarse de ira y agresividad. Pintaba en la pared mensajes crípticos que lo incitaban todavía más a la violencia, y su única distracción consistía en masturbarse y comer.

El 28 de julio de 1976 salió de caza con su revólver escondido dentro de una bolsa de plástico. Empezaba así una historia de terror en Nueva York, ciudad de la que Berkowitz iba a convertirse en su asesino más célebre.

Era la una de la madrugada, y las amigas Jody Valenti, estudiante de enfermería, y Donna Lauria, enfermera, charlaban dentro de un coche en el Bronx, Nueva York. Berkowitz las vio y aparcó su automóvil. Luego caminó hacia donde estaban las dos chicas y disparó cinco veces. Las ventanillas saltaron en pedazos. El cargador estaba ya vacío, pero él, fascinado, seguía apretando el gatillo de forma maquinal. Donna Lauria murió por un disparo en el cuello. Su amiga Jody logró sobrevivir. Una bala le atravesó el muslo. David confesaría más tarde que sentía verdadero amor por su primera víctima, que le esperaría en el cielo.

Berkowitz tardó otros tres meses en sentir el ansia de matar, cuando de nuevo volvió a «oír las voces demoníacas» que, según él, le impelían a hacerlo.

Si quieres leer la historia completa de El hijo de Sam, el asesino serial más famoso de Nueva York, entonces no te puedes perder Perfiles criminales: un acercamiento a los asesinos en serie más famosos de la historia, de Vicente Garrido Genovés.

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Perfiles criminales: un acercamiento a los asesinos en serie más famosos de la historia, de Vicente Garrido Genovés, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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Los libros de Garrido, aparte de ser rigurosos, fascinan por su lenguaje divulgativo y por incluir siempre ejemplos reales.

¿Qué es el éxito? ¿Realmente vale la pena alcanzarlo?

Desde 1968, cuando estallaron las revueltas estudiantiles y las protestas de una contracultura occidental, cundieron las predicciones críticas  con la civilización sobre el «final del crecimiento» y surgió un movimiento ecologista políticamente cada vez más exitoso, el propio capitalismo de posguerra había caído en contradicciones crecientes.

A partir de mediados de la década de 1970, nada menos que los conservadores comenzaron a condenar el materialismo con múltiples alusiones a la física cuántica y la teoría de la información y en nombre del inmaterialismo, aunque con propósitos muy distintos de los de la izquierda.

El poder establecido había constatado con espanto cómo el movimiento de protesta de los años sesenta había logrado penetrar rápidamente en los sistemas del poder. Veinte años después, muchos de ellos no solo habían cambiado de bando y hallado en la revista Wired una plataforma, sino que a partir de ahora las nuevas tecnologías de las tecnologías de la información infectaban como un virus informático los códigos del ambiente antisistema. De esas nuevas tecnologías surgieron al cabo de pocos años la «nueva economía» y el «neoliberalismo».

El empresario estadounidense George Gilder, archiconservador y asesor del presidente de su país, quien le había hablado de la «economía del espíritu» (y escrito el prólogo de su libro), pronunció exactamente diez años después del discurso de Reagan en el corazón del comunismo una conferencia en el Vaticano.

En ese espacio de tiempo, la revolución digital había avanzado a velocidad vertiginosa, es más, había convertido los muros en redes. Gilder tituló su discurso «El alma del silicio», y era un sermón sobre la nueva economía del espíritu. «Ya no hay nada duro o físicamente determinado en la teoría actual del átomo», exclamó. «La raíz de todos los cambios económicos de nuestra época es la superación de la sustancia material».

Gilder atacó con desdén los «temores enfermizos» de los nuevos movimientos sociales sobre «las energías no renovables, las reservas finitas y los límites del crecimiento». Esta gente, según él, apostaba por la carne y la materia e ignoraba la buena nueva de la ciencia y la vieja de la religión: «El mundo no está preso, el ser humano no es finito y el espíritu del hombre no está encerrado en la cabeza».

Lo que valía para la globalización también valía para cada individuo.

Por lo visto, al público ante el que habló no le llamó la atención que ahora lo inmaterial, el alma misma, se convertiría en mercado. Gilder, que entonces era uno de los precursores más influyentes de la nueva economía y autor bien visto en Wired, no dejó lugar a dudas de que el «destino» en este nuevo mundo sin límites es lo que hace cada uno con su vida. Ni las limitaciones materiales ni -un factor todavía más decisivo- las casualidades imprevisibles podían frenarle, o, si las cosas iban mal, justificarle.

Lo que siguió fue un espectacular experimento en tiempo real que solo puede compararse con el desaparecido laboratorio socialista: el retorno del pensamiento mágico de la mano de la ciencia al mundo del siglo XXI.

Reagan todavía no había hablado como lo haría el servicio de pedidos del universo de frigoríficos que por mor de pura fantasía se encuentran en nuestras cocinas (del mismo modo que después, en la crisis inmobiliaria, incluso se construyeron casas enteras por pura fantasía), pero estaba claro quién era responsable si no estaban en la cocina: uno mismo.

En 1998, con motivo del quinto aniversario de la revista estadounidense Wired, que unió como ninguna otra el aura de la contracultura con la nueva economía, Gilder pudo proclamar el fin de la «tiranía de la materia», y la redacción le secundó en un editorial titulado «La situación del planeta», una alusión directa a los informes de tinte pesimista del Club de Roma:

«En este sistema económico, nuestra capacidad para crear riqueza ya no está constreñida por límites físicos, sino únicamente por nuestra capacidad para desarrollar nuevas ideas; en otras palabras, es ilimitada».

El periodista Kevin Kelly, quien había sido hippie y procedía del movimiento Whole Earth antes de convertirse en redactor jefe de Wired, profetizó por la misma época que el «mundo hecho» sería penetrado por la fuerza pura del «espíritu global».

El dominio del espíritu sobre la materia no es en absoluto una idea nueva. Es el dogma de la industria publicitaria, que a lo largo del siglo había perfeccionado continuamente la manipulación del alma. Ahora se convertiría en el modelo de negocio no solo para los ciberprofetas, sino también para el vendedor de automóviles de ocasión de la esquina.

En el libro más influyente de la era, New Rules for the New Economy, Kelly escribió que los principios que rigen el mundo de los programas informáticos, los medios de comunicación y los servicios «regirán pronto en el mundo de las máquinas, en el mundo de la realidad, de los átomos, de los objetos, de acero y el aceite, y en el del duro trabajo con el sudor de la frente.

Siempre ha existido una ética que responsabiliza al individuo de sus éxitos y sus derrotas. Quien tiene éxito lo tiene, según postula The Secret, porque lo ha atraído. Del mismo modo que a un amigo o amiga en la red social.

«Un único individuo con un ordenador de sobremesa», había dicho Ronald Reagan, «puede comandar más recursos que cualquier gobierno hace algunos años». Esto lo habían interpretado solo literalmente The Secret y otros tratados similares. Puedes tenerlo todo significa: tu bicicleta, tu nevera, tu televisor, tu puesto de trabajo y tu alma ya no sirven y sigues esperando a que te inviten a la televisión porque tú mismo ya no sirves y hay que renovarte.

En 2006, dos años antes de la bancarrota de Lehman Brothers, el Time Magazine resumió el ambiente de grandes expectativas en un reportaje de portada: «Quiere Dios que seas rico?». La respuesta fue: sí quiere.

Lo que supone dudar de la voluntad divina lo tuvo que experimentar en propia carne, ese mismo año, un hombre llamado Mike Gelband, responsable del departamento inmobiliario de Lehman Brothers. En su alocución  dijo inesperada y visiblemente alarmado: «Tenemos que replantear nuestro modelo de negocio», y fue despedido.

Si quieres saber más sobre el éxito y su relación con el ego y el capitalismo, no dejes de leer Ego: las trampas del juego capitalista, de Frank Schirrmacher.

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Ego: las trampas del juego capitalista, de Frank Schirrmacher, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

4 anarquistas modernos que debes conocer

El anarquismo sobresale por encima del resto de ideologías por una razón clara: no existe como tal si la práctica no va unida a la teoría. Una persona anarquista, cooperativa, mutualista, individualista, naturista, atea, neomalthisiana o humanitarista puede siempre comportarse como tal en la vida pública y privada, en cualquier entorno cotidiano. Baste con que desafíe poderosamente a la autoridad y a la desigualdad.

A continuación, te contamos sobre tres representantes actuales del anarquismo, a las que vale la pena seguirles la pista.

Uri Gordon (1976)

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Es sin duda uno de los referentes del anarquismo antiglobalizador actual. Trabaja codo con codo con Indymedia, Acción Global de los Pueblos, o Anarquistas contra el Muro. Parte de sus escritos aparecen en Anarchy Alive! y en varios artículos donde investiga la propia historia del movimiento. Los Anarquistas contra el Muro (AAW) son un grupo autónomo israelí que se niega a la construcción del muro de Gaza que separa a los palestinos. Este grupo, caracterizado por sus métodos de acción directa, toma a veces el nombre de «Judíos contra los Ghettos» y se coordina con activistas anarquistas palestinos. Sus primeras acciones se produjeron en diciembre de 2003, cuando el activista Gil Na’amati fue herido por el ejército de Israel. Una acción que fue difundida en video a todo el mundo. Los judíos tienen tras de sí una importante tradición de lucha dentro del anarquismo que depasa el presente volumen. El hecho de constituir una población sin Estado y con una larga trayectoria de emigraciones les hace aceptar las ideas anarquistas e incluso editar varias publicaciones en yiddish como las que editan Rudolf Rocker o Josef Issil en el siglo XX. La idea comunalista de los Kibutz después de los asentamientos posteriores a la Shoah debe mucho también las ideas federalistas y descentralizadoras que provienen de los judíos rusos impregnados de Kropotkin o Tolstoi o del Martí Buber.

Stéphane Hessel (1917-2013)

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Dio nombre a los indignados a raíz de la publicación de un opúsculo que no pasó desapercibido en octubre de 2010. Se editaron legalmente unos cinco millones de copias. Se le considera el inspirador del movimiento de los indignados españoles, del movimiento americano de los okupantes de Wall Street y de varios más. Los indignados no son en sí mismos un colectivo anarquista, aunque su toma de decisiones en asamblea y la revocabilidad de los cargos o delegaciones tiene mucho de principio federativo y de apoyo mutuo. La ocupación de calles y plazas es un fenómeno todavía muy nuevo y tendremos que esperar para realizar un análisis desapasionado del mismo.

David Graeber (1961)

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Antropólogo y en la estela de Pierre Clastres, es uno de los autores que actualmente escriben sobre anarquismo. En su libro Acción Directa: Una Etnografía (2008) explica que los anarquistas estadounidenses pueden ser descritos como «anarquistas sin adjetivos», es decir, pocos pueden ser considerados estrictamente anarquistas. Sus posiciones sobre la ecología social, herederas del pensamiento prionero de Murray Bookchin que defiende el activismo social y organizado en la lucha ecológica, le han llevado al activismo social y a ser detenido en diversas ocasiones. En 2002 fue detenido en las protestas contra el Foro Económico Mundial en Nueva York. En sus obras investiga sobre las relaciones del dinero y la deuda en la historia de la humanidad y sobre otras formas de dones y cooperación. Sus escritos, realmente provocadores, atacan por igual al capitalismo o a la propia institución académica de la que ha sido expulsado.

Peter Gelderloos

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Hace su aportación al tema en Cómo la No-Violencia protege al Estado (2007) y aboga por una posición cercana a los clásicos, en especial a los geógrafos anarquistas Kropotkin y Reclus. Gelderloos propone no esquilmar el planeta en sus combustibles fósiles y volver al cultivo responsable en las comunidades locales como forma de salvar la Tierra. Naturalmente propone la abolición del capitalismo y la horizontalidad en las relaciones entre aldeas y regiones. Una de sus obras más divulgadas es Una solución anarquista al calentamiento global. Detenido en Barcelona en 2007, es un activista crítico del veganismo del que realiza una denuncia como consumismo en la sociedad capitalina. Es un activista del movimiento Comida, No Bombas.

Si quieres saber más sobre la anarquía, sus fundamentos y representantes a través de la historia, no te pierdas Anarquismo, de Dolors Marin.

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Anarquismo, de Dolors Marin, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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«En la Humanidad hay dos tipos de personas: las que obedecen y aspiran a ser obedecidos, y las que desafían la autoridad: ni obedecen, ni quieren ser obedecidos. Su máxima es la Libertad».

Mijaíl Bakunin

Primera lección para ser influyente: conócete a ti mismo

Hay una inscripción en el Oráculo de Delfos que se conoce en español como «Conócete a ti mismo». Es el mejor lugar para empezar cuando se trata de gravitas. Conocerse a sí mismo significa desarrollar la conciencia para los pensamientos y sentimientos cuando pasan. Te da fuerza interior y aumenta tu confianza, decisión y gracia bajo presión.

Tal vez pienses que conocerse a sí mismo será fácil. Después de todo, como dice el refrán, «a donde quiera que vayas, ahí estás». Este principio es sencillo de entender, pero difícil de practicar. En especial en un mundo que de manera constante nos convence de que la próxima gran cosa es la respuesta a nuestros sueños y susurra de forma insidiosa a nuestro oído que lo que tenemos no es suficiente. Ten cuidado con esta voz. Es profundamente antigravitas. A menudo lo que nos detiene de ser conscientes de nosotros mismos es la ansiedad y la preocupación sobre si estamos a la altura, si encajamos.  En vez de volver a lo que somos, nos obsesionamos con lo que no somos.  Todo el tiempo estamos cazando un ideal, lo que nos hace súper inestables, siempre buscando la siguiente gran cosa afuera en vez de adentro. La solución es simple. Detente. Presta atención a tus posibilidades interiores. Date cuenta de lo valioso que ya eres. Planta raíces en ti mismo. Eso te dará estabilidad, clave para la gravitas.

En física, el equilibrio se define como «estado en el que un cuerpo tiende a volver a su posición original después de ser perturbado». Este lastre emocional interior es fundamental para gravitas. La palabra sánscrita «gurú» significa «pesado», es decir, implica que ese alguien no puede ser derribado con gran facilidad. Esa estabilidad emocional, psicológica y física es esencial para tu gravitas.

Aprendí más acerca de este principio de un instructor llamado Yoda (su nombre se debe a que emanaba sabiduría) que transforma a la gente con la que trabaja. Logra que las personas con voces o rostros erráticos y reacciones instintivas por tratar de enfrentar cargas de trabajo insostenibles y exigencias estresantes, asuman una presencia más centrada y fundada. Parecen más sabios, más hábiles. Y obtienen resultados, a lo grande.

Obviamente, le pregunté a Yoda cuál era su secreto. Me aclaró que enseñaba a sus clientes a ser conscientes y capaces de guiarse a sí mismos, antes de poder dirigir con eficacia a los demás. Piensa en el implacable tono de calma de un líder que enfrenta un gran desafío o en el piloto que habla a los pasajeros con serenidad y tranquilidad cuando los golpea una turbulencia. Todo piloto sabe que debes ponerte el chaleco salvavidas antes de ayudar a otros. Los romanos entendían muy bien que la habilidad para manejarte a ti mismo es el reflejo de tu liderazgo en un ámbito más amplio. Si se puede confiar en que te mantendrás firme bajo presión, se puede intuir que tal vez eres capaz de dirigir a otros.

Yoda me contó la historia de un joven líder a nivel de Director de Proyecto (DP). Era concentrado y ambicioso, y empezó a hacer el ejercicio de atención que Yoda le había sugerido. Todas las mañanas pasaba 10 minutos en calma y centrado. 

Dio resultado. Un día se enfrentó en vivo con el presidente de la compañía en una reunión de la Junta Directiva. Yoda observó cómo en tres ocasiones el presidente atacó las ideas del joven DP. Todas las veces el DP se mantuvo firme, con calma y confianza, llevando la discusión a su punto de vista. El presidente, desarmado por la calma, el enfoque y las respuestas del DP, empezó a escuchar. Estuvo de acuerdo con sus recomendaciones.

Horas después, ese mismo día, el DP recibió una llamada del CEO de la compañía quien había visto lo que pasó, el intercambio de puntos de vista en la reunión, y le dijo: «Hay 10 vacantes nuevas en la reestructuración de la dirección, ¿cuál quieres?».

Si quieres aprender más sobre cómo comunicarte con confianza, influencia y autoridad, entonces lee El método gravitas, de Caroline Goyder.

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El método gravitas, de Caroline Goyder, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Ariel.

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Caroline Goyder

Los siete pasos para comunicarte con confianza, influencia y autoridad