Austeridad: historia de una idea peligrosa

La austeridad es una forma de deflación voluntaria por la cual la economía entra en un proceso de ajuste basado en la reducción de los salarios, el descenso de los precios y un menor gasto público (todo enfocado a una meta: la de lograr la recuperación de los índices de competitividad, algo cuya mejor y más pronta consecución exige, supuestamente, el recorte de los presupuestos del estado y la disminución de la deuda y el déficit). Según creen quienes abogan por esa terapia, la adopción de este paquete de medidas sabrá generar una mayor “confianza empresarial”, dado que el gobierno habrá dejado tanto de “copar” el mercado inversor al absorber todo el capital disponible mediante la emisión de deuda como de incrementar la deuda nacional, ya “excesivamente grande” de por sí.

Como ha señalado el defensor de la tesis de la austeridad, John Cochrane, de la Universidad de Chicago, “Cada dólar que se destine a ampliar los gastos del gobierno implica necesariamente detraer esa misma cantidad del impulso inversor privado. Los puestos de trabajo creados al calor de los estímulos vinculados con el aumento del gasto de la administración quedan contrarrestados por los empleos que se pierden como consecuencia del descenso de la inversión privada. Podemos dedicarnos a construir carreteras en lugar de fábricas, pero es imposible que los incentivos fiscales contribuyan a posibilitar el incremento de ambos empeños”. La única pega es que esta forma de exponer los acontecimientos adolece de un pequeño problema: es completa y absolutamente equivocada, y en la mayoría de las ocasiones las políticas de austeridad son de hecho el error en el que es preciso no incurrir, debido justamente a que no vienen a generar sino los mismos resultados que se pretendían evitar.

Extracto de Austeridad: historia de una idea peligrosa, de Mark Blyth.

Austeridad portada

Austeridad: historia de una idea peligrosa, de Mark Blyth, está disponible en librerías y tiendas en línea bajo el sello Crítica.

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